COLONIA MAURICIO

La colonia Mauricio, cuyo nombre rendía homenaje al Barón Mauricio de Hirsch, fue la primera colonia establecida en el país por la Jewish Colonization A Association Su aparición data de la segunda mitad del año 1891, cuando numerosas familias reclutadas por la JCA y arribadas al país en los vapores Tioko, Lissabon y Petrópolis, llegaron a las inmediaciones de la futura ciudad de Carlos Casares, ubicada en el centro-oeste de la provincia de Buenos Aires y conocida a la sazón como Pueblo Antonio Maya.

Varias dificultades organizativas y climáticas atentaron contra el desarrollo temprano de esta colonia, provocando la salida de un significativo número de sus habitantes originales, no obstante haber sido establecida en una zona promisoria de la fértil pampa húmeda, que ya para esa época contaba con tendidos ferroviarios.

Hacia la primera década del siglo XX, la situación comenzó a mejorar bajo el impulso del cultivo de forrajes y el engorde de ganado, las principales actividades emprendidas en la zona, donde también se cosechaban cereales y oleaginosas, en especial el girasol, que fue introducido en el país por los colonos judíos de Mauricio. Consecuentemente, a partir de entonces la población comenzó a crecer, llegando a alcanzar para 1908 la cifra de dos mil trescientas veinticuatro almas, divididas en doscientas cuarenta familias de colonos y otras ciento setenta de inmigrantes que brindaban diversos servicios productivos y comerciales, o bien se establecían como obreros y peones.

Sin embargo, durante la década de 1910 tuvieron lugar varios juicios entablados por los colonos contra la JCA, que llevaron a la compañía a aceptar la compra anticipada de los lotes, lo que luego redundó en la rápida venta de esas tierras, cuyo valor de mercado era en ese momento muy alto. Los detalles y pormenores de este complejo y duradero conflicto, que tuvo episodios en otras colonias de la JCA pero alcanzó su clímax en Mauricio –de donde la compañía retiraría su administración en 1922–, han sido narrados con maestría por Mordejai (Marcos) Alpersohn, uno de los pioneros mauritanos, quien a raíz de la publicación de sus memorias se convertiría en el escritor idishista más importante de Latinoamérica (foto).

Aparecidos entre 1922 y 1928, los tres volúmenes de Treinta años en la Argentina: memorias de un colono judío son la contracara del también magistral Los gauchos judíos –el clásico publicado por Alberto Gerchunoff en 1910– y constituyen el testimonio sobre la colonización judeo-argentina más largamente consultado y comentado hasta la fecha. Otro importante testimonio sobre aquellos años fundacionales de Mauricio ha sido aportado por Boris Garfunkel, autor de Narro mi vida (1960). Estas fuentes de consulta se complementan con las revistas Di Iugnt (La juventud), un mensuario publicado en ídish desde 1911, y Der Fateidiguer (Defensores de los derechos de Israel), mensuario aparecido también en ídish, desde 1912.

Algunos de los grupos de lotes de esta colonia eran La Alice, Moscú, Los Herejes, Los Mejores, Los Rebeldes, Esperanza y Séptimo, mientras que Algarrobo, Moctezuma, Santo Tomás, Smith y Mauricio Hirsch fueron sus pueblos rurales más populosos. La ciudad lindera de Carlos Casares constituyó su núcleo urbano más importante, y, en la actualidad, tanto su Sociedad Israelita como el cementerio judío se mantienen activos.

Cabe destacar que el símbolo que identifica a esta importante localidad bonaerense, cabecera del partido homónimo, es un monumento que homenajea a sus tres colectividades fundadoras, representadas por sus respectivas banderas: la española, la italiana y la israelí, que además son izadas en todos los acontecimientos festivos de la ciudad


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