Parashat Ki Tavo

ki tavó

Uriel Aiscovich (Templo IONA)

La Parashá

Moshé sigue instruyendo al pueblo de Israel: Cuando entres a la Tierra que Hashem te está entregando como herencia eterna y la establezcas y la cultives, trae las primeras frutas (Bicurim) de tu huerta al Sagrado Templo, y declara “ Tu gratitud por todo lo que Hashem a hecho por Ti”. Esta sección también incluye las leyes de los Diezmos dados a los Levin y a los pobres, las instrucciones detalladas de cómo proclamar las bendiciones y las maldiciones en los montes Grizim y Eival, cómo fue discutido al comienzo de la parashá Ree. Moshé recuerda a la gente que son el pueblo elegido por Hashem y que ellos a su vez han elegido a Hashem. La última parte de Ki Tavo consiste en la Tojaja ( Reprimenda). Luego de listar las bendiciones con las cuales Hashem premiará a la gente cuando ellos sigan y cumplan con las leyes de la Torá. Moshé da una larga y dura lista de cosas malas, como enfermedad, hambruna, pobreza y exilio, que ocurrirán si ellos abandonan los preceptos de Adonai. Moshé concluye diciendo al pueblo que sólo hoy, cuarenta años después de su nacimiento como pueblo, alcanzaron “ Un Corazón para saber, ojos para ver y oídos para escuchar”.

Shabat Shalom Umeboraj.

Marcelo Mann

Estudiando la Parashá

LA RECOMPENSA POR EL MANDAMIENTO – ES EL MANDAMIENTO MISMO

Por Nejama Leibowitz

Los versículos iniciales de las bendiciones y de las maldiciones son aparentemente paralelos en su fraseo aunque opuestos en su significado, y a fin que veamos que tal paralelismo es sólo en apariencia, transcribiremos ambos comienzos del siguiente modo[1]:

Bendiciones (28, 1-5) Maldiciones (28, 15-45)

1 – Y será que si escuchar 15 – Mas será,

habéis de escuchar la voz si no escuchares la

del Señor tu Dios, para voz…

poner cuidado en hacer para poner cuidado en

todos Sus mandamientos … hacer todos Sus mandamientos­

2 – Y vendrán sobre ti y te y Sus estatutos… vendrán sobre

alcanzarán todas estas ti y te alcanzarán todas

bendiciones, estas maldiciones:

cuando escuchares la voz 45 – por cuanto no habrás

del Señor, tu Dios. escuchado la voz del

4 – Bendito será el fruto de Señor …

tu seno, 18 – Maldito será el fruto de

y el fruto de tu tierra … tu seno, y el fruto de tu

y la cría de tus vacadas, tierra, y la cría de tus vacadas,

y el aumento de tus rebaños. y el aumento de tus rebaños.

5 – Benditos serán tu canasto 17 – Malditos serán tu canasto­

y tu artesa. y tu artesa.

La diferencia entre: “si escuchar habéis de escuchar” – positivo, y entre: “si no escuchares” – negativo, es sobresaliente.

Rashí explicó la repetición del verbo en otro versículo de Devarim (11, 13), citando el tratado Suká:

Si oiréis lo anterior, oiréis también lo nuevo.

Y con mayor claridad aún explicó ello al citar el comentario de la Mejilta acerca del versículo de Shemot:

“Ahora, pues, si escuchar habéis de escuchar”: Si han de aceptarlo ahora, les será más agradable en el futuro; puesto que todos los comienzos son difíciles.

Vemos pues, como el exegeta interpreta estas repeticiones tan comunes en todo el Tanaj (“Aunque andar ande … volver vol­verá con regocijo” como si se tratara de una oración condicional: “si escuchar” y su consecuencia: “¡Habéis de escuchar!”

Aún cuando esta interpretación del versículo no es la simple, ni se atiene a la sintaxis, es, sin embargo, correcto el sentido de tal interpretación desde el punto de vista de la experiencia de la vida, que nos enseña que el obrar bien se hace fácil una vez que el hombre se ha sobrepuesto a su inclinación al mal y se facilita más aún después de haber perseverado cierto tiempo en la buena senda.

Entendiendo así la aseveración de Rambam en “Hiljot Teshuvá” (Reglas de Arrepentimiento):

Esta actitud es común en todos los hombres, que una vez que es atraído dentro de las sendas de la sabiduría y de la justicia, las ansía y las desea …

Sin embargo, numerosos comentaristas encontraron otro detalle extraño en la construcción de la primera oración, y señalaron la dificultad en comprenderlos. Citaremos la pregun­ta tal cual la formuló Alshej en su comentario a la Torá:

Merece prestarse atención a lo que leemos: “Cuando escuchares la voz del Señor tu Dios”, ¿Acaso no dijo en el comienzo: “Y será que si escuchar escuchares la voz del Señor… y vendrán sobre ti y te alcanzarán todas las bendiciones”? ¿Entonces porqué, después de haber dicho que en recompensa del escuchar la voz del Señor vendrán sobre ti todas las bendiciones, volvió a repetir “cuando escuchares la voz del Señor tu Dios”?

Esta es realmente una redundancia asombrosa.

Malbim intentó contestar este interrogante, en forma original:

“Y vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas bendiciones, cuando escuchares la voz del Señor tu Dios . . .” No vayas a pensar, que si dedicarás todo el día solamente a la meditación en el temor a Dios, y no te bastare el tiempo para dedicarte a tus asuntos privados, salvo en lo muy imprescindible, en tu casa y en tu campo (pero no en lo superfluo). Entonces, ¿cómo cuidarás de tu posición frente a los pueblos que te rodean? Planearían alguna depravación contra ti y ni siquiera te percatarás de ello. Por ello nos dice: “Y vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas bendiciones, cuando escuchares la voz del Señor tu Dios”, como si diría: a pesar de que ocupes toda tu vida en poner cuidado de obedecer la voz del Señor, se cumplirán en ti todas las bendiciones, por cuanto te perseguirán y te alcanzarán.

Malbim nos enseña pues, que no desperdicie el hombre sus fuerzas y su tiempo – en una palabra: su vida – en satisfacer exclusivamente las necesidades corporales; no ha de olvidar que ello no es sino un medio, y no ha de convertir un medio en un fin supremo. Evidentemente es ésta una gran verdad para su tiempo y para todos los tiempos, pero, desde el punto de vista idiomático se puede objetar fácilmente su comentario. Dado que interpreta: “cuando escuchares” como si diría: “a pesar”, tal como lo afirma en su comentario: “a pesar de que ocupes toda tu vida en poner cuidado de obedecer la voz del Señor”. Es difícil aceptar esto, ya que, a pesar de que el vocablo “ki” tiene varias acepciones,[2] no encontramos ningún caso que se pueda interpretar “a pesar” o “aunque”.

¡ Por esa razón, parece más acertada la interpretación del autor del “Haktav Ve-hakabalá”, quién también se encontró con la misma dificultad en la construcción del versículo que comienza condicionando: “Y será que si escuchar escuchares”, prosigue con su consecuencia la recompensa: “y vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas bendiciones”, y finaliza volviendo a la misma condición con la cual comenzó: “cuando obedecieres la voz del Señor tu Dios”.

Siendo la respuesta de acuerdo a su opinión:

La función gramatical del vocablo “ki” es la misma que del vo­cablo “asher” [3]: copula una oración que es la causa, con otra, que es su consecuencia, verbigracia: “¿Quién soy yo, para que vaya al Faraón…?”. Nos anuncia con ello el objetivo que persiguen estas bendiciones; que por medio de ellas el hombre estará despreocupado para poner cuidado en el cum­plimiento de la Torá, puesto que cuando el individuo está enfermo, hambriento o en estado similar, su mente no está despejada para que se pueda dedicar de lleno al debido cumplimiento de los mandamientos. Por eso, nos asegura, que cuando ha de cumplir con todos los preceptos, se le allanarán todos los obstáculos, El hará afluir sobre él toda la gracia que le fortalecerá en el cum­plimiento de la Torá. Las bondades emanadas de todas estas ben­diciones, no son en recompensa de los mandamientos cumplidos – ya que la recompensa de los mandamientos no se paga en este mundo – sino que son factores causantes de la vida en el mundo venidero.[4]

Resulta entonces que la palabra “cuando” del final del ver­sículo 2, no indica una condición, sino un objetivo: a fin que puedas obedecer la voz del Señor tu Dios. Es decir: La recom­pensa por el cumplimiento de los mandamientos, es el mandamiento mismo.

“La serie de bendiciones que el Señor derramará sobre ti, comienza con “Bendito serás en la ciudad . . .”, y termina con una oración-resumen:

Bendito serás en tu entrar, y bendito serás en tu salir. 

Nuevamente se extrañaron los comentaristas ante tal formulación: es sabido que el salir precede al entrar, ya que el hombre se encuentra originalmente en su casa, en su región, en su país[5]. Asimismo leemos en la Canción de las Subidas (Tehilim 121, 8): “El Señor guardará tu salida y tu entrada”.

El Talmud nos trae la respuesta que dio Rabí Yojanán a este interrogante, en el tratado Bavá Metziá 107a:

“Bendito serás en tu entrar, y bendito serás en tu salir”. Que tu salida del mundo sea igual a tu entrada al mundo. Así como tu entrada al mundo fue libre de pecados, así también tu salida del mundo sea libre de pecados.

Tratándose de la entrada al mundo (nacimiento) y de la salida del mundo (muerte), resulta ya más comprensible el orden de las bendiciones, y con mucha razón ha antepuesto el versículo la entrada a la salida.

Pero en un detalle no satisface la respuesta de Rabí Yojanán. Puesto que aparentemente no se dirige el versículo al individuo sino al pueblo, por eso hemos de explicarlo como una bendición al pueblo en general. Aún considerando esta observación, Rabí Anselmo Astruc, justifica la anteposición de la entrada a la sa­lida, en su libro “Midrashei Ha-Torá”:

Leemos con referencia a David (Tehilim 121, 8): “El Señor guar­dará tu salida y tu entrada”, ¿por qué entonces, la Torá antepone la entrada a la salida, como leemos: “Bendito serás en tu entrar, y bendito serás en tu salir”?

Hemos de decir, que el Señor de los Profetas, les aseguraba y ben­decía la llegada al país, y les aseguró que estarían protegidos por la Providencia, a su llegada; y luego les dijo: “Y bendito serás en tu salir”, que aún en el lamentable caso de que pequen y se vean obligados a abandonar el país, lo harán bajo la protección de la Providencia, y con el fin de que se corrijan; de la misma manera como castiga el padre a su hijo, con la sola intención de su bienestar; y en el exilio les evitará su destrucción, y no anulará Su pacto con ellos. A eso se refiere cuando leemos (Vayikrá 26, 44): “Mas ni aún por todo esto, estando ellos en la tierra de sus enemigos, los habré desechado, ni los habré detestado . . .” Pero, el Cantor Melodioso, el rey David, luego que ellos ya se encon­traban allí, les advirtió, que a causa de sus pecados saldrán al exilio, y que entonces, se los cuidará del exterminio; anunciándoles su vuelta y entrada al país hasta la eternidad. Por eso finaliza allí diciendo el versículo: “Desde ahora y para siempre”.

No obstante, de acuerdo a la relación de los versículos, que tratan todos de la riqueza y del patrimonio, de la casa y de la vid, del establo y del campo, parece más correcta la interpreta­ción que ofrecen los Sabios en el Midrash Rabá, Devarim:

En tu llegada a tus negocios, y en tu salida de tus negocios.

Amplió esto el autor del “Haamek Davar”:

Con toda seguridad, no se trata exclusivamente de los negocios, la prueba está, que aquí se refiere más bien a los asuntos de la casa y del campo. Debemos explicar pues: En tu entrada a tus inte­reses y en tu salida de tus intereses. Siendo así, es correcto el orden.

¿Qué nos enseña? Que la mayor de las bendiciones, es que todos los asuntos mundanos, el trabajo y la búsqueda de la mantención diaria, no te embrutezcan, y que la bendición del Señor te guarde y te de las fuerzas necesarias para triunfar en todas las pruebas. Es decir: La recompensa de un mandamiento, es el mandamiento mismo.

Ese mismo pensamiento nota el autor de “Haamek Davar” en el versículo 9 de nuestro capítulo:

El Señor te establecerá por pueblo santo Suyo, como te tiene jurado, cuando guardares los mandamientos del Señor tu Dios, y anduvieres en Sus caminos. 28,9

Haamek Davar:

“Cuando guardares los mandamientos”: De manera, que cuando alguien quiera conducirse con santidad y con devoción, quisiera abandonar la práctica de los mandamientos, que a veces impiden la devoción; nos advierte, que es imprescindible el cumplimiento práctico de los preceptos; de aquellos que corresponden al servicio divino, y de aquellos que pertenecen a las relaciones con el pró­jimo. Ese es el significado de “Y anduvieres en Sus caminos”, se­gún el comentario de nuestros Sabios: “Así como El es misericor­dioso, también lo serás tú, etc.”.

Nos parece más acertado considerar que “cuando guardares” no es una condición, puesto que la condición ya encabezó este capítulo, sino, que es una bendición, que establece que alcanzarás la santidad y la comunión con el Señor, aún cuando cumplas con la práctica de los preceptos divinos…

Existen diversos mandamientos, imposibles de llevar a cabo en estado de éxtasis en especial el “y anduvieres en Sus caminos” que regla las relaciones humanas, y por ende distrae la atención de la santidad y del éxtasis; no obstante: “El Señor te establecerá por pueblo santo Suyo”, e inmediatamente después de poner en práctica los preceptos, alcanzarás la unión en éxtasis y la santi­dad, tal como te lo propusisteis al principio: ello se deberá a la ayuda divina y a Su bendición, como está escrito acerca de Ab­raham nuestro Patriarca (Bereshit 18) que al recibir a los invita­dos, se santificaba y unía a Dios, al cumplir con el precepto de la hospitalidad.

En forma asombrosa distingue el autor del “Haamek Davar” entre la práctica de los preceptos y los grados de comunión y santidad. Debido a que la realización del precepto introduce al individuo en la vida práctica, más aun, en la vida profana, y quizás en lo profano de lo profano – el trato y relaciones entre los hombres – y aparentemente lo aleja de los asuntos de la san­tidad y la devoción.

Y dado que el cumplimiento de los preceptos está unido en gran medida con la vida mundana, existe el peligro que distraiga su atención de los valores eternos.

Según la opinión del autor del “Haamek Davar”, ésta es la más grande de las bendiciones; que si guardarás los mandamientos divinos, el resultado será que no te apartarás de la santidad en tu vida mundana, en tu trato con los demás y en tu labor cotidiana, ni tu vida mundana te separará del Señor, a Quién serás devoto también entonces. Es decir: La recompensa de un precepto – es el precepto mismo.

Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 págs. . 286-293.

[1] La traducción de los versículos en esta lección es literal a fin de hacer comprensibles los comentarios que se han de citar. [2] El vocablo “ki” tiene cuatro acepciones: 1) si, cuando; 2) quizás, tal vez; 3) sino, por el contrario; 4) que, ya que, de que, por cuanto, para que (N. del T.) [3] El vocablo “asher” puede bien interpretarse como la cuarta acepción del vocablo “ki”. Ver Nota 2 (N. del T.). [4] Rabí Yakob Tzví Meklenburg, autor de “Haktav Ve-Hakabalá”, sigue en su comentario a Rambam, que ve la recompensa que la Torá promete a los cumplidores de sus preceptos en las condiciones óptimas que el Señor otorgará para permitir el fiel cumplimiento de los mandamientos. Dice así Rambam en su prólogo al comentario del capítulo Jelek, del tratado Sanhedrín del Talmud: “Te explicaré el sentido de las bendiciones y de los castigos escritos en la Torá. Te dice: si cum­plirás los mandamientos, te ayudaré en su realización y en su perfeccionamiento y te allanaré todos los inconvenientes y obstáculos; puesto, que es imposible al hombre cumplir con los preceptos cuando está enfermo, hambriento o sediento, ni tampoco durante la guerra, por eso declaró que allanará todos estos inconvenientes y serán sanos y sosegados, hasta que perfeccionen su saber y merezcan la vida del mundo venidero. Es obvio, que la recompensa al cumplimiento de los preceptos de la Torá no puede consistir en todas estas cosas.

De la misma manera: si han violado el cumplimiento de los preceptos de la Torá, su castigo consistirá en que les sobrevendrán todas esas calamidades, hasta no poder cumplir los mandamientos; como lo advierte el versículo (Devarim 28, 47-48): “Por cuanto no serviste al Señor tu Dios con alegría y con regocijo de corazón cuando abundaba todo, por lo mismo, a tus enemigos, que el Señor enviará contra ti, los servirás en hambre, y en sed, y en desnudez, y en necesidad de todo . . .” Cuando medites debidamente, caerás en la cuenta que es como si te diría: Si has realizado parte de los mandamientos con amor y diligencia, te ayudaré a cumplirlos todos, allanando de tu camino todos los obstáculos; pero, si dejarás de cumplir despectivamente con algún precepto, llenaré tus sendas de todas clases de obstrucciones que te impedirán cumplir precepto alguno; no podrás llegar a la perfección y no merecerás la vida en el mundo venidero. Ese es el sentido de lo que afirmaron nuestros Sabios: “La recompensa por el mandamiento – es el mandamiento mismo”.

[5] Consultar: Bamidbar 27, 16-17: “. . . un hombre que esté sobre la congregación, que salga delante de ellos, y que entre delante de ellos . . .”; Devarim 31, 2: “. . . no podrá ya salir ni entrar más . . “ ; en las palabras de Kalev: “. . . cual era mi fuerza entonces, así es mi fuerza ahora para la guerra, tanto para salir como para entrar” (Yehoshúa 14, 11). Y en la profecía de Zejariá (8, 10): “ni tampoco había paz, a causa del adversario, para quién salía o entraba”.

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