Antisemitismo une ideologías

Fue noticia hace más de una semana. Se comentó, se condenó y se opinó en América Latina, pero también en Europa e Israel. La presidenta de México Claudia Sheinbaum fue públicamente agraviada durante una enorme manifestación en contra de la gestión del gobierno que conduce. Tal como lo narraron varios medios de prensa locales, la imagen captura el instante preciso en que varios jóvenes encapuchados descargan rabia y frustración sobre la puerta principal de uno de los símbolos judiciales de México, la Suprema Corte. El aerosol blanco destaca una consigna tan cruda como descarnada: un insulto misógino y antisemita dirigido directamente a la presidenta. “Puta judía”, reza la pintada, tan explícita en su odio que deja corto todo manual de civilidad, pero también tan predecible en una coyuntura donde la protesta, el fanatismo y la desinformación bailan una danza grotesca como consecuencia de la polarización del país, que ya existe hace bastante tiempo, mucho antes que este gobierno asumiera.

Que Sheinbaum sea parte de una izquierda radical, delfín de su antecesor López Obrador, activista de una ideología cercana a Maduro, los Castro, Lula, Petro, no le resultó importante a la muchedumbre que colmó el Zócalo y sus adyacencias. Para atacarla, decidieron que debía destacarse su identidad judía y además agraviarla con una soecidad.

Protesta y fanatismo, pero además mucha desinformación. La presidenta de México está muy lejos y hace tiempo de todo lo que sea judío. Claro que sus padres y abuelos de ambas partes han sido y son judíos, pero ella ha construido su familia y su carrera política totalmente fuera de ello. De todos modos, la identidad de cada uno sea cual fuere, puede ser terca. Aunque haya ahuyentado su origen e incluso su educación básica, cuando las masas enojadas la atacan, les importa recordarle quien ellos consideran que es, aunque la presidenta pueda intentar explicarles lo contrario.

El expresidente Vicente Fox, de apariencia muy sofisticada y presuntamente hasta culto, como enemigo político de Sheinbaum y su partido, hace dos años, trató de demostrar que Sheinbaum no había nacido en México sino en Bulgaria, y aún cuando no pudo probar lo que era una mentira, igual la trató de “judía búlgara, que quiere ser presidenta siendo extranjera”.

Ante este ataque antisemita, ¿quiénes levantaron la voz? La comunidad judía de México y el gobierno de Israel. El ministro de RREE Gideon Sa´ar dijo que “Israel condena enérgicamente los insultos antisemitas y sexistas dirigidos a la presidenta de México. No hay lugar para ese tipo de ataques en el discurso político. Todas las formas de antisemitismo, en cualquier contexto, deben ser rechazadas de manera inequívoca”.

¿El gobierno mexicano? ¿La presidenta? ¿El partido de la presidenta? Nada de nada como era de esperar. Enfrentan a una sociedad irritada, reprimen la manifestación con suma violencia, pero siguen validando, hoy con silencio, el derrame de antisemitismo. El hecho de que se agreda una identidad, aunque la víctima directa crea que está celestialmente por encima de ello, merece alguna reflexión más.

Las protestas y disensos pueden ir por el camino del debate de ideas o por el de la confrontación como si se estuviera en una selva. Grafitearon un prejuicio antiguo pero muy actual hoy en todo el mundo convencidos que insultar a alguien por ser judío no requiere argumentación alguna, basta con el agravio para que los demás no les importe argumentar. Es judía y basta. El profesor israelí Ylan Eichner escribió al respecto en su blog esta semana, señalando que “Lo que me resulta más inquietante es que la agresión no roza para nada la relación de Sheinbaum con el judaísmo aún cuando sea algo muy distante o su posible involucramiento religioso o incluso comunitario. Para el que odia, esos son matices irrelevantes. Cuando hay prejuicio, la simple percepción del origen de alguien alcanza para convertirlo en un objetivo. La historia lo ha confirmado una y otra vez: el grado de asimilación o integración no importa. El prejuicio no distingue, etiqueta. judío o judía se convierte así en un insulto auto suficiente, separado de cualquier realidad personal”.

Calificar a una presidenta como prostituta es suficientemente ofensivo por sí mismo. Agregarle un componente antisemita lo hace peor, más peligroso y grave. La manifestación no se preocupó en formular objeciones a viva voz contra el gobierno; decidió que sólo el origen de la presidenta era suficiente para convertirla a ella como cabeza de la administración en un objeto de desprecio. Quienquiera use la palabra judío como un arma (lo cual ha sucedido y sucede en forma creciente desde hace dos años en todo el mundo y con mucha intensidad en gran parte de América Latina) no está demostrando ni coraje ni conocimiento político, simplemente confiesan que atacar una identidad es más que suficiente para justificar y expandir odio. El silencio de Sheinbaum le da más fuerza a los perpetradores para seguir por el camino que han comenzado y demuestra que más allá de querer no ser quien a pesar de ella sí es, su actitud demuestra hasta donde alguien que no puede mirarse al espejo puede desarrollar en esta triste América Latina tareas ejecutivas de máximo nivel dirigidas nada más ni nada menos que a 130 millones de personas.

En Europa, más precisamente en Polonia Grzegorz Braun, líder del partido de extrema derecha Confederación de la Corona Polaca, que cree en la monarquía, entre otras cosas, fue el sábado pasado 22 de noviembre con sus seguidores a las afueras de Auschwitz y dijo en un discurso algunos de sus pensamientos tales como: “los judíos quieren ser humanos por encima de los demás en Polonia pretendiendo tener un estatus mejor que el de los demás ciudadanos y la policía polaca baila al ritmo de ellos”. Empezó con esta diatriba como respuesta a una iniciativa del gobierno polaco de adoptar por ley una estrategia nacional para combatir el antisemitismo y apoyar el desarrollo de la vida judía en el país.

Braun también dijo que otras naciones tienen sus países donde vivir y los judíos también y que “promover la vida judía en Polonia es como invitar a Hannibal Lecter a ser tu vecino”. También prometió a sus partidarios que el partido que él lidera, si consigue tener poder gubernativo “va a esparcir las cenizas del Consejo Internacional de Auschwitz a los cuatro vientos”. Braun no empezó su antisemitismo esta semana. En 2021 entró al parlamento donde se exhibía una Janukiá de gran porte y apagó violentamente todas las velas diciendo que esa era una demostración antipolaca. Este año durante la conmemoración del Día Internacional de Recordación del Holocausto en enero en el parlamento europeo, donde es diputado, interrumpió un minuto de silencio en memoria de las víctimas de la Shoá gritando que el minuto de silencio debía hacerse por las víctimas en Gaza. El parlamento europeo lo suspendió por un mes.

Por lo que dijo el sábado último en la puerta de Auschwitz Braun enfrentará una causa judicial que presentará la Fiscalía central polaca. El Fiscal Waldemar Zurek dijo que no habrá impunidad para Braun, que no hay espacio para el antisemitismo en Polonia y que declaraciones así sólo causan un daño enorme a Polonia internacionalmente. Pero Braun no se va a detener tan fácilmente. Ha negado la existencia de cámaras de gas en Auschwitz, algo que de acuerdo con la legislación polaca es un delito, pero hasta ahora la Fiscalía no ha podido penarlo. Quizás ahora tampoco lo logre.

Braun no está solo ni en Polonia ni en Europa donde se mueve como miembro de su parlamento. Su antisemitismo tiene raíces muy profundas de siglos de barbaries contra los judíos incluyendo su propio país. Hoy quizás encuentre diferencias con lo que hubiera sucedido hace 80 años. Hoy cuando hace sus discursos de odio no sólo lo acompañan la extrema derecha del viejo continente sino los antisemitas de todo signo político que sienten la satisfacción de reconocer en Braun alguien que interpreta lo que esas multitudes (porque son multitudes) sintieron cuando seguían a Hitler y hoy buscan desde el apoyo incondicional a Irán y Hamas recorrer senderos similares.

América Latina no tiene raíces de antisemitismo desde hace siglos por la simple razón de su nacimiento y desarrollo. Pero lo que hemos reflexionado sobre lo que ha sucedido estos días en México es pariente cercano de todo el incremento diario de antisemitismo en los diferentes continentes. En una región que es capaz de convivir con 40% o más de pobreza dura, convirtiendo a sus víctimas en analfabetos totales porque la falta de educación y comida es pavorosa, pero de eso no se habla en la ONU, ¿cuál es la duda que el fanatismo de dictadores mesiánicos y brutales no busque chivos expiatorios como hizo y volvería a hacer Europa?

Mientras los peces grandes siguen devorando a los más pequeños, es tiempo de estar despiertos. El odio nunca durmió, quizás levitó un tiempito. ¿Hay quienes desean creer que negando la identidad van a conseguir respeto y admiración? Mírense al espejo primero, después a los costados, al norte y al sur, al este y al oeste y cuando se contesten la pregunta tengan un mínimo de honestidad y piensen al menos en sus hijos.