Parashat Nasó

Parashat Naso

La Parasha:

En esta ocasión encontraremos la parashá más extensa de todo el año. Contiene 176 versículos que es precisamente la misma cantidad de versículos que contiene la parasha más larga de Naj ( profetas y Hagiografos) y 176 es también la cantidad de páginas que contiene el tratado más largo del Talmud de Babilonia, Bava Batra.

Parashá Nasó es tema de un vasto número de midrashim y en el Zohar aparece explicada en gran detalle, más que cualquier otra parashá. A qué se debe toda esta grandeza?
Parashaá Nasó casi siempre cae después del Shabat que viene con posteridad a la fiesta de Shavuot que es el momento de la entrega de la Tora por eso en la semana que le sigue a la entrega de la Tora, nuestros sabios corporizaron todo ese enorme entusiasmo y amor por la Torá agrandando y ampliando la parashá que llega tras su entrega. También nos relata la cuenta de los Levitas de entre 30 y 50 años con un total de 8.580 hombres que transportarán el tabernáculo.

También nos relata que Hashem le enseña a Moshe las leyes de la Sota, una esposa sospechada de haber sido infiel a su marido.

También es dada la ley del Nazir que promete no beber vino, deja su cabello crecer y tiene prohibido impurificarse ritualmente con la impureza de un cadaver.

Aarón y sus descendientes los Cohanim son instruidos sobre cómo bendecir al pueblo de Israel.

Los lideres de las doce tribus de Israel traen sus ofrendas para la inauguración del altar. A pesar de sus ofrendas son idénticas cada uno es traída en un día diferente y es individualmente descrita en la Torá.


Shabat Shalom Umeboraj

Marcelo Mann

LA BENDICION DE LOS SACERDOTES
Por Nejama Leibowitz

Estos versículos son conocidos no sólo por los estudiosos, sino también, por todos aquellos que concurren a las Sinagogas, ya que se ven agraciados por estas bendiciones, de boca de los ko­hanim, hasta el día de hoy. De ahí, que debido al gran conoci­miento de estos versículos, lleguemos a olvidar su verdadero con­tenido, o a obviar sus dificultades. La senda por la cual la per­sona transita, hollada por sus pies día tras día, aún cuando estu­viese empedrada con mármol y piedras preciosas, dejará de despertar en él admiración. Y aún cuando estuviese sembrada de escollos y tropiezos, no advertirá, aquella persona, las dificul­tades que ocasiona el transitar por ella.
Muchas son las dificultades en la comprensión de estos versí­culos.

El autor del libro Akédat Yitzjak, formula en la siguiente forma la cuestión principal:
¿Qué beneficio persigue este mandamiento, según el cual los kohanim recitan al pueblo estas bendiciones, puesto que es El, ensalzado sea, quien bendice? ¿Qué es lo que se agrega y suma, al bendecir los kohanim al pueblo, o al dejar de hacerlo? ¿Acaso ellos han de ayudar al Señor?
Esta fundamental cuestión está ya incluida en las palabras que los versículos usan. Comienzan con “de esta manera habéis de bendecir”, palabras éstas dirigidas a los sacerdotes, y terminan con las palabras del Señor “Y Yo los bendeciré”.
Sin embargo existe una solución muy simple para esta situa­ción. Si se afirma que el pronombre “los” no denota a los hijos de Israel bendecidos por los kohanim, sino a los propios kohanim que bendicen al pueblo. En esta forma se expresa en el Talmud, Rabí Yishmael:
Hemos aprendido la bendición a Israel pero no hemos aprendido la bendición a los propios kohanim. Más cuando el versículo dice “Y Yo los bendeciré” debemos interpretar: los kohanim bendicen a Israel y el Todopoderoso bendice a los kohanim.
Sin embargo, la mayoría de los comentaristas, no aceptaron esta solución. Y así encontramos a Rashbam que dice (en el comentario al hemistiquio “De esta manera habéis de bendecir”.):
Esto significa: no bendeciréis vuestra propia bendición, como una persona que dice “que le alcance a aquel, ésto o aquello”, mas rezaréis a Mi para que Yo los bendiga, como leemos expresa­mente: “El Señor te bendiga”. Y Yo escucharé vuestras palabras y bendeciré a Israel, como leemos: “Así ellos pondrán Mi nombre sobre los hijos de Israel” – al bendecir los kohanim en Mi nom­bre y no en el de ellos – “Y los bendeciré” a Israel; tal como los sacerdotes rogaron: “El Señor te bendiga . . “
De este mismo modo explicaron el versículo los Sabios del Talmud. Y éstas son sus palabras en el Midrash Tanjuma:
Dijo la Congregación de Israel, (Kneset Yisrael), ante el Todopo­deroso: “Señor de los Cielos ¿Ordenas a los kohanim que nos bendigan? Tenemos menester sólo de Tu propia bendición, `Mira desde Tu santa morada, desde el cielo, y bendice a Tu pueblo Israel’.” Respondióles el Todopoderoso: “A pesar que ordené a los kohanim que os bendigan ¡Yo estaré con ellos y os bendeciré!”
Vemos en los conceptos de los Sabios, que el papel desem­peñado por los kohanim es sólo secundario, y en modo alguno decisivo.
Más esta idea se ve expresada con mucho mayor vigor y cla­ridad en los siguientes fragmentos, donde la importancia de los kohanim se ve más aún disminuida, y el poder de emitir bendi­ciones por su propia autoridad les es negado completamente:
Sifrí:
¿De dónde aprendimos que los hijos de Israel no deben decir: “Nosotros bendeciremos a Israel”? Pues leemos “y Yo los bende­ciré”.
Sifrí Zuta:
Podríamos pensar que si los kohanim aceptan bendecir a Israel – serán benditos, y si no – no lo serán. Por ello está escrito: “Y Yo los bendeciré”. Quieran los kohanim, o no hacerlo, “Yo los bendeciré”, desde los cielos.
Todos estos fragmentos de los Sabios, tratan de desarraigar de nosotros toda posible interpretación mágica. Mas, aún no hemos encontrado en ellos respuesta a la pregunta que pusieron en boca de la Congregación de Israel.
“¿Ordenas a los kohanirn que nos bendigan? Tenemos menester sólo de Tu bendición”.
Para solucionar este problema, debemos investigar la correcta acepción del verbo “barej” = bendecir, que aparece aquí dos veces, la primera vez como acción de los sacerdotes, y la segunda del Señor, “habéis de bendecir” y “Yo los bendeciré”. Quizás el Texto Sagrado use esta palabra en dos acepciones distintas, y la “bendición” en boca de los sacerdotes, no es equivalente a la “bendición” del Señor.
Precisamente en esta forma explica Abravanel el concepto “Bendición”.
El vocablo “Berajá” = bendición es homófono, puesto que expresa el prodigar el bienestar, como leemos: “Y el Señor habrá bendeci­do a Abraham en todo” (Bereshit 24, 1).
Pero también corresponde a la expresada por las criaturas al Señor. Esta es alabanza y loa, como leemos: “Luego David ben­dijo al Señor” (Divré Hayamim 1, 29, 10). Y existen además bendiciones de las criaturas entre ellas. No es la concesión de bienestar como la del Señor, ni alabanza o loa como la de las criaturas al Señor, sino oración y pedido de misericordia, para que el Señor conceda el bienestar al bendecido. Este es el sentido de los versículos “Habla a Aharón y a sus hijos, y diles: De esta manera habéis de bendecir diciéndoles . . .”
Ellos sólo ruegan por la bendición. Este es el sentido de las palabras “diciéndoles . . .”, el contenido de sus palabras debe ser sólo oración y plegaria … Nada más.
La bendición, como cesión de bienestar al bendecido se ve re­flejada sólo en el final de las últimas oraciones: “Y Yo los ben­deciré”, como también al principio de la primera: “¡El Señor te bendiga!”. Sólo cuando el sujeto gramatical es el Señor expresa la real entrega y prodigación del bien. (Sentido éste que ya R. Abraham Ibn-Ezra reconoció en su comentario al versículo en el que el Creador bendice al séptimo día [Bereshit 2, 3]. La berajá es para él, “aumento de bondad”). En la otra acepción del vo­cablo, cuando el sujeto es hombre – ella no es sino oración y plegaria, más no entrega. Continuando esta idea, hace R. Shim­shon Rafael Hirsch varias observaciones, para corregir a todos aquellos que erróneamente tratan de buscar aquí asociaciones o reminiscencias de clericalismo, como institución religiosa, en ma­nos de cuyos funcionarios se encuentran las llaves de las bendi­ciones, y que poseen el poder de abrir o cerrar los manantiales del bienestar. Así se expresa Rav Hirsch:
“De esta manera habéis de bendecir a los hijos de Israel”: El sacerdote que bendice no es sino un instrumento, que expresa la bendición. La muerte de los hijos de Aharón (Vayikrá 10) los primeros novicios en el sacerdocio, determinó como ley inflexible que sólo el ritual “que el Señor mandó” es considerado ritual, y un ritual “que no les había mandado”, producto del hombre y de su inventiva – es abyecto y contrario al servicio aceptable del Señor.
Esta ley es aplicable a la bendición de los kohanirn “De esta ma­nera habéis de bendecir . . .”. Exactamente, de esta manera, sin ninguna modificación, ésta es la ley … De acuerdo a ésto, los kohanim y sus bendiciones son sólo instrumentos pasivos, sólo luego de haber sido invitados por la congregación, dicen la ben­dición que el representante de la grey les dicta. De esta forma por boca de los kohanim, la comunidad bendícese a sí misma con la bendición que el Señor les prescribió.
Más con todo ésto, aún no nos hemos apaciguado. Si ésto es así, ¿para qué necesitamos al Kohen que bendice? Esta asociación entre el hombre y Dios, esta “ayuda” que Dios nos ha prescripto que le otorguemos, la encontramos repetidas veces en la Torá y en los Profetas en la forma de versículos paralelos que exigen alguna acción humana y luego prometen que esta misma acción será realizada por el Todopoderoso.
Un versículo exige de nosotros:
Devarim 10, 16: Circuncidad, pues, vuestros corazones.
Y otro nos promete:
ibid. 30, 6: Y el Señor, tu Dios, circundará tu corazón.
De la misma manera:
Yejesquél 18, 31: Y hacéos un corazón nuevo y un nuevo espíritu.
ibid 36, 26: También os daré un nuevo corazón y pondré un espíritu nuevo en medio de vosotros.
Esta cooperación encuentra vigorosa y certera expresión en el tratado Shabat (89b) del Talmud que dice en un lenguaje sím­bolo-metafórico:
Cuando Moshé subió a las alturas, encontró al Todopoderoso colocando ornamentos a las letras de la Torá. Preguntóle (el Todopoderoso) : “¿Moshé, no hay shalom en tu ciudad?”. Dijo ante El (Moshé) : “Señor del Universo, ¿Puede acaso el esclavo saludar a su amo?” Díjole: “¡De todos modos, debiste haberme ayudado!”
Estas críticas y raras palabras fueron explicadas por uno de los comentaristas, Rabí Jaim Yosef Polak.
“Preguntóle el Señor: ¿Haz tratado tú también como conductor de tu pueblo, buscar la paz (shalom) de la sociedad en la que te encuentras, y su existencia y perfección moral a través de una correcta dirección y guía espiritual? Más Moshé creyó que el hombre no es suficientemente capaz para conseguirlo (de dar shalom = paz a su ciudad), ya que la disolución y la corrupción son ya inherentes a la naturaleza humana hasta tal punto que aún cuando logre la sociedad corregir su senda y mejorar sus acciones, no logrará con ello subsistir más tiempo de lo que Dios, Creador, Conductor y Preservador del universo, ha puesto para el hombre y la sociedad según la naturaleza. A ésto respondió: “¿Puede acaso el siervo saludar a su amo?”. Por ello es que el Señor le indicó: Es cierto que todo depende de El y su Voluntad, más a pesar de todo, es deber del hombre purificarse a sí mismo y a la sociedad humana en la cual mora por medio de sus vir­tudes, ya que solamente de esta forma estarán adecuadamente pre­parados para recibir la influencia divina, al igual que la parcela de tierra que mientras no sea arada y sembrada, ni la lluvia y el rocío podrán volcar en ella su acción benéfica. Esto es lo que el Señor le contestó: “¡De todos modos, debiste haberme ayudado!”
Esta ayuda es el significado del “De esta manera habéis de bendecir . . .”, y se halla expresamente incluida en el mandamien­to “Así ellos pondrán Mi nombre” – que significa abrir los corazones de Israel ante el Padre Celestial, al igual que el arado y la siembra abren la tierra para recibir la bendición de las lluvias.
Esta bendición no es formulada por los sacerdotes mismos, no sale de sus bocas o sus corazones, la formulación fue dada por la Torá, y los sacerdotes sólo cumplirán el “de esta manera habéis de bendecir . . .”. La bendición que es tríada, encontramos en cada una de ellas dos verbos, entre los cuales se encuentra el Nombre de Dios.
La primera: “¡El Señor te bendiga, y te guarde!”
Dos verbos aparentemente sinónimos, pero que no lo son.
Rashí. (sobre “te bendiga”):
Que se bendigan tus propiedades.
Rashí: (sobre “Y te guarde”):
Que no caigan sobre ti asaltantes a quitar tu dinero. Aquel que otorga un presente a su siervo, no puede guardarlo de los hom­bres, y si caen sobre él bandoleros, y le quitan el presente, ¿qué provecho tiene de él? más, no así el Todopoderoso, El otorga, y El guarda.
Haamek Davar (sobre “te bendiga”):
Se incluye aquí a toda persona que será bendecida de acuerdo a lo que le es apropiado. Al estudioso de la Torá – en su estudio, al que se dedica a los negocios – en sus negocios, a cada uno un acrecentamiento de lo que posee.
Haamek Davar (sobre “Y te guarde”):
Ya que la bendición necesita de la vigilancia, para que no se vuelva contraproducente, líbrenos Dios. El estudioso necesita cui­dado del orgullo, y de la profanación del Sacro Nombre, etc., y en el concepto llano, del olvido. El propietario debe estar cuidado, no sea que las riquezas se vuelvan contra él, como el caso de Koraj y el de Navot, y en el concepto llano de pérdidas y robo.
De cualquiera de las dos formas que expliquemos, el conte­nido de la primera bendición es material.
La Segunda: “¡Haga el Señor resplandecer Su rostro sobre ti, y tenga de ti compasión!”
El resplandecer de Su rostro es explicado en Bamidbar Rabá (11, 6):
En la luminaria de la Torá, como leemos “Los mandamientos son luminarias, y la Torá es luz”.
Podemos unir a ésto el segundo verbo “Y tenga de ti com­pasión”, es decir simpatía y merced a los ojos de todos. De esa simpatía que emana de la luz de la Torá, como lo expresa Resh Lakish: “Todo aquel que se dedica al estudio de la Torá de noche, el Todopoderoso le otorga una fibra de simpatía durante día”. Vemos así, como la segunda de las bendiciones se encuentra íntegramente en el mundo del alma y del espíritu
En el primer hemistiquio de la tercera bendición, ve Rabí Shimshon Rafael Hirsch el punto culminante de todas ellas: “¡Alce el Señor Su rostro sobre ti! . . .”
Los bienes terrenos y espirituales son solamente medios, mien­tras que la tercera bendición no está dedicada a la adquisición de medios materiales o espirituales. La vida entera con su exu­berancia y su bullicio, con su riqueza material y logros espiri­tuales, no es sino un medio para acercarnos al servicio del Señor.
La tercera bendición habla de la meta misma, del bien supremo por encima del cual nada hay ya, como dice el salmista:
Pero yo hallo mi bien en acercarme a Dios. Tehilim 73, 28
El segundo hemistiquio de la tercera bendición, debe ser comprendido de acuerdo a lo que los Sabios dijeron en Sifrá Bejuko­tai 7, (sobre el verso: “Y comeréis vuestro pan … y Yo estableceré la paz en el país”.):
Diréis quizás: Hemos aquí la comida, la bebida, más si no reina la paz, ¡de nada vale! Por ello está escrito: “Y Yo estableceré la paz en el país”. De allí deducimos que la paz equivale a todo.
Es realmente ésta una perfecta conclusión, que concuerda con todas las otras bendiciones. Puesto que “no hay un recipiente que contenga más bendiciones, que la paz”.
Si observamos ahora la forma exterior de las tres bendiciones, veremos que hasta en este aspecto nos encontramos frente a una progresión creciente, que surge y crece cual manantial vivo:

¡El Señor te bendiga y te guarde!

¡Haga el Señor resplandecer Su rostro sobre ti
y tenga de ti compasión!

¡Alce el Señor Su rostro sobre ti
y te conceda la paz!

De tres palabras llegamos a cinco, y a siete (en el original hebreo).
Cada bendición, en su contenido y en su forma – que no es sino expresión de su idea interna – se eleva, en poder y alcance, por sobre la que la precede.

Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 págs. 198-204

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