SE VIENE EL TSUNAMI PLATEADO

Susana Finquelievich

La prolongación de la vida humana tiene efectos importantes sobre la economía y el mundo del trabajo. Gracias a diversas tecnologías (médicas, biológicas, terapias genéticas, reemplazo de órganos por órganos impresos en 3 D, etc.) podríamos vivir más de 100 años.

En 2018, por primera vez en la historia, las personas de 65 años o más superaron en número a los niños menores de cinco años en todo el mundo. Se estima que el número de personas de 80 años o más se triplicará, de 143 millones en 2019 a 426 millones en 2050.
Pero esta longevidad, esta ola plateada, no parece ser motivo de alegría.

Christine Lagarde, ex Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional se hizo tristemente famosa por su comentario: “Los ancianos viven demasiado y es un riesgo para la economía global, hay que hacer algo ya”. Reclamaba que se recorten las prestaciones y se retrase la edad de jubilación ante “el riesgo de que la gente viva más de lo esperado”.

Los adultos mayores son vistos como enormes bocas que consumen recursos a costa de los jóvenes.

Estamos al borde de la declaración de una nueva Guerra del Cerdo. Pero los adultos mayores también son, fundamentalmente, dadores. Dadores de cuidados familiares, de transmisión de la cultura familiar y comunitaria, de valores, de experiencia laboral, de capital de conocimiento, de formación permanente para los trabajadores jóvenes en las empresas. Y en muchos casos, de aportes económicos importantes para sus familias. Participan activamente en la vida comunitaria. Trabajan en ocupaciones post-jubilatorias. Generan nuevas fuentes de ingresos.

Sugerimos algunas estrategias para potenciar esta nueva longevidad:
Flexibilidad en la edad jubilatoria.

No se trata ya de “x años para los hombres” y “x años para las mujeres”. Es necesario que los mismos trabajadores puedan elegir entre menús de retiro variados. La flexibilidad incluiría una suerte de jubilación personalizada, a la carta, de acuerdo al tipo de trabajo realizado y la voluntad y capacidad de los futuros/as jubilados para continuar trabajando, utilizando su experticia, o adquiriendo nuevas habilidades.

Implementación de periodos de transición entre la vida activa a tiempo completo y la jubilación: reducción progresiva del tiempo de trabajo en la última etapa de vida laboral activa, mediante acuerdos entre trabajadores y empleadores. Otra alternativa es la combinación de trabajo presencial y de trabajo virtual (teletrabajo desde el hogar o desde espacios de coworking)
Aprendizaje permanente de los trabajadores, en actividad o no, sobre todo en lo concerniente al uso de las evoluciones tecnológicas. Esto no sólo posibilitará su inserción laboral post jubilación, sino que ejercitará sus capacidades cognitivas.

Implementación y desarrollo de plataformas redes virtuales para socialización, intercambio de informaciones, propuestas de trabajo, etc. para evitar el frecuente aislamiento que aqueja a los jubilados. 

|

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *