EL ACUERDO DEL SIGLO SE PONE EN MARCHA

Si anteayer parecía que la presentación del “Plan del Siglo” de Donald Trump era una farsa para correr el foco de atención del impeachment de Trump y del debate por la inmunidad o no para Netanyahu en su procesamiento por corrupción, hoy vemos que el acelerador es pisado hasta el final: no se trataría de un “Plan” sino de una decisión, a ser implementada de modo expeditivo y unilateral, con respaldo del mundo árabe, a expensas de una Autoridad Palestina a la que se le dice: tu intransigencia ya no es gratis.  Hoy se anunció en la Casa Blanca el “Plan del Siglo” de Trump para la paz entre Israel y los palestinos, llamado pomposamente “Paz para la Prosperidad”. Ya explicamos en un post anterior cómo sería. Ahora se supieron algunos detalles más, como la “no división” de Jerusalem, pero que el Estado palestino también tendría su capital en Jerusalem, donde “orgullosamente” Trump, dijo,  pondría su embajada. ¿Cómo sería eso? Es que el muro, la Cerca Separadora en Jerusalem, no pasa por el límite municipal de la ciudad, sino por el medio de la parte oriental. Tres barrios: Kafr Aked, la parte oriental de Shoafat, y especialmente Abu Dis, que están dentro del límite municipal de Jerusalem, están, sin embargo, del otro lado de la Cerca Separadora. De ese modo, los palestinos recibirían esa parte de “Jerusalem”, mientras que Israel y los judíos en el mundo no sentirían que está dividiendo nuevamente la ciudad, especialmente porque la Ciudad Vieja quedará entera bajo soberanía israelí.

Resumen actualizado de los puntos del plan: 

1) Soberanía israelí sobre todos los asentamientos israelíes en Judea y Samaria, incluidos los aislados.

2) Anexión a Israel de hasta el 30% de Cisjordania.

3) Soberanía israelí total sobre el Valle del Jordán.

4) Jerusalén permanecerá bajo soberanía israelí, incluida la Ciudad Vieja.

5) Compensación territorial a los palestinos en Jalutza, en el límite con Egipto.

6) No “derecho al retorno“ de refugiados palestinos, salvo un número simbólico de ellos.

7) Creación de un Estado palestino con capital en Abu Dis (barrio árabe de Jerusalem Oriental, pero del otro lado del muro), en el 70% restante de Cisjordania y en los territorios en compensación (punto 5). Ello sería 4 años después de iniciado el proceso, pero sólo si cumplen a rajatablas con el punto 8.

8) Reconocimiento palestino de:* Israel como Estado del pueblo judío.* Jerusalén, capital exclusiva de Israel.* Desmilitarización de Franja de Gaza.* Desarme del Hamás.

9) El Estado palestino estaría desmilitarizado, Israel continuaría siendo responsable de la seguridad, del espacio aéreo y de las fronteras. Hasta acá todo bien y suena excelente, incluso por primera vez desde el Plan Olmert de 2008, se presenta el mapa de lo que serían, por fin desde la creación de Israel, las fronteras definitivas, y que presentamos en la imagen más arriba. Entonces, ¿cuál es el problema? Los planes de paz tienen dos niveles: lo que proponen, y el principio de su implementación. En los Acuerdos de Oslo, el principio era el gradualismo; en la Hoja de Ruta, la reciprocidad. En el Plan del Siglo de Trump es la implementación expeditiva y unilateral.  En efecto, este anuncio no se está presentando ni percibiendo como un “Plan del Siglo”, una propuesta, sino como una “Decisión del Siglo”, un anuncio de lo que se hará, en lugar de ser una pregunta a los palestinos a ver si les gusta el plan o si seguimos negociando. Si les gusta bien, tendrán su Estado en cuatro años. Y si no, también, y que les vaya bien. Netanyahu, incluso, ha anunciado que ya este domingo, en la reunión de gabinete, elevará a votación la anexión expeditiva del Valle del Jordán, y que era sólo el comienzo. Y en pasillos gubernamentales han comenzado a fantasear con creativos planes de ingeniería de Estado: ¿por qué no entregarles en compensación por la anexión de los asentamientos, en lugar de los arenales de Jalutza en el límite con Egipto, el Triángulo del Valle de Ara, lindante con Cisjordania por el norte, poblado por alrededor de 150.000 árabes israelíes? Los países árabes, salvo Jordania, están aceptando el Plan, como un mensaje a los palestinos de que tienen que aceptar lo que se les da, porque el mundo árabe tiene problemas más graves que seguir preocupándose por ellos, y los están abandonando. Sus problemas tienen un nombre: Irán.Los palestinos, por su parte, se están organizando para protestar, y todavía no sabemos qué energía tienen para hacerlo, pero ya han habido manifestaciones y muchos posters de Trump y Bibi quemados en medio de gritos y amenazas ultranacionalistas y ultrarreligiosas islámicas radicales. ¿En cuatro años no habrá un Hamás armado hasta los dientes, reconocerán a Israel como Estado cuna nacional del pueblo judío y se creará entonces un Estado palestino sin Jerusalén, sin derecho al retorno de los refugiados, y acantonado dentro de Israel? Cuánto lo dudo.  Pero qué sabe uno, quizás funcione. En el Medio Oriente, tan proclive a eternizar conflictos, a veces una fuerza que viene de afuera a patear el avispero ayuda a las partes en pugna trabadas en sí mismas, a salir del pantano, o conformarse con lo que impone el más fuerte. Quizás, después de haber rechazado todos los planes de paz sin proponer nada a cambio, los palestinos tengan que atenerse a esto que están recibiendo hoy por decisión imperial, y por traición de un mundo árabe que los mandó a una intransigencia suicida en primer lugar, allá por 1947. Lo que sí digo es que, en el camino, quizás tengamos que pasar por una etapa de levantamiento, terrorismo y muertes, de un lado y del otro, que es lo que el “Plan de Paz” de Trump, queremos creer, quería evitar.

MARCELO KISILEVSKI

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