Parashat Haazinu

Haazinu

La Parashá

Una gran parte de la Parashá Haazinu ( oigan) consiste en una canción de 70 líneas dicha por Moshé al pueblo de Israel en el último día de su vida.
Llamando a la tierra y al cielo como testigos, Moshé exhorta al pueblo “ Recuerdo los días de antaño / considera los años de muchas generaciones / Pregunta a tu padre y él te relatará / a tus ancianos y ellos te dirán “ “ Cómo Hashem los encontró en Tierra Desierta “, los
hizo un pueblo , los eligió para sí mismo y les legó una hermosa tierra. La canción también advierte sobre las dificultades de la abundancia: “ Ieshurum engordó y pateó / Tu has engordado / El olvido al Hashem que lo hizo / Desprecio a la Roca de su Salvación “ y las terribles calamidades que ocurrirán, que Moshé como Hashem “ ocultando su rostro “
Sin embargo, hacia el final, el promete que Hashem será vengado por la sangre de sus sirvientes y se reconciliará con su pueblo y la tierra.
La Parashá concluye con la instrucción de Hashem a Moshé de subir a la cima del Monte Nevó desde donde observará la Tierra Prometida antes de morir allí. Ahí “ Tu verás la Tierra frente a ti , pero no entrarás allí, la Tierra que yo doy a los Benei Israel”.
Shabat Shalom Umeboraj.
Jag Sameaj

Marcelo Mann

Estudiando la Parashá

“SI NO TEMIESE LA IRA DEL ENEMIGO”

Por Nejama Leibowitz

Ramban, que nos acompaña con su comentario, en casi todas nuestras lecciones, ha sido especialmente generoso en esta parashá, al darnos al final un resumen de este cántico, iluminando el sentido de su construcción y su intención.

Este cántico, que es para nosotros un verdadero y fidedigno testigo, predijo con claridad todo lo que nos ocurre.

Nos recuerda ante todo el favor que hizo con nosotros el Señor, desde el momento en que nos convirtió en Su heredad; nos recuerda cuan benevolente fue con nosotros en el desierto; al legar­nos tierras que pertenecían a pueblos grandes y poderosos; la gran bondad, riqueza y honor que nos otorgó allí y que a pesar de todas las inmensas bondades se rebelaron nuestros padres contra el Señor, rindiendo culto a las estrellas y a los astros.

Nos recuerda como se encolerizó con ellos, hasta que envió a nuestro país epidemias, hambre, bestias malignas y guerras destructoras. Luego los dispersó hacia todas las direcciones y a todos los rincones de la tierra. Es sabido que todo esto se ha cumplido.

Nos dice el cántico, que finalmente retribuirá la venganza a Sus adversarios y a Sus enemigos pagará, y la razón es, que ellos cometieron las maldades contra nosotros impulsados por su odio al Señor; puesto que no odian a los hijos de Israel por ser idólatras como ellos mismos, sino porque no se comportan como ellos y sirven al Señor, cumplen Sus mandamientos, no se emparentan con ellos, no comen de sus sacrificios y desprecian sus ídolos, extirpándolos de sus lugares; como fue dicho: “Antes, por Tu causa somos muertos todos los días”.

Entonces, movidos por su odio al Señor, nos causan todos estos males, razón por la cuál son Sus adversarios y Sus enemigos.

Es evidente, que las promesas se refieren a la redención futura; puesto que en la construcción del segundo Templo, no se regocijaron las naciones con Su pueblo, mas bien se burlaron de ellos: “¿Que están haciendo esos débiles judios?”. En esa época servían los grandes del pueblo en el palacio real de Babel y estaban todos subordinados a ese rey. En esa época no se vengó de Sus adversarios, ni tampoco perdonó a Su tierra, ni a Su pueblo.

No hay sin embargo, en este cántico, ninguna condición referente al arrepentimiento o a la sumisión, es tan sólo un testimonio que haremos las maldades y las sobrellevaremos, y que, El alabado sea, nos reprenderá encolerizado, mas no ha de extinguir nuestro recuerdo, y volverá a dolerse de nosotros, y retribuirá a los enemigos con Su espada grande, fuerte y poderosa, y perdonará nues­tros pecados en aras de Su nombre. Forzosamente hemos de explicar este cántico, como refiriéndose a la liberación futura.

Así dijeron nuestros Sabios: “Grandioso es este cántico, porque hay referencias al presente, las hay del pasado, y también las hay al futuro; referencias de este mundo y al mun­do venidero” … Y esto nos advierte el versículo cuando dice: “De manera que vino Moshé y recitó todas las palabras de este cántico a oídos del pueblo” , al decir “todas” indica que incluye todo el devenir. Y no obstante ser – el cántico – breve en vocabulario, abarca sin embargo muchos asuntos.

Aún si fuera este cántico un escrito de un astrólogo, que haya predicho el futuro, hubiera merecido nuestro crédito, puesto que se han cumplido todas sus palabras hasta ahora, sin descontar ninguna; con más razón hemos de creer y de esperar de todo corazón, que se cumplan las palabras divinas puestas en boca de Su profeta fidedigno, que no tuvo par, ni antes ni después que él, que en paz descanse.

Lo que nos dice Rambán, que el cántico nos habla del gran enfado que tuvo el Señor con nosotros, “y que El nos reprenderá encolerizado, mas no ha de extinguir nuestro recuerdo, y volverá a dolerse de nosotros, y castigará a los enemigos con Su espada poderosa por Su nombre”, este cambio del enfado y castigo que recibimos de manos de los enemigos, al castigo de esos enemigos, en aras de Su nombre, está expresado en un ver­sículo con atrevida agudeza, es el versículo 27, formulado como juicio condicional dependiente del versículo 26:

Dijera: Yo acabaré con ellos, haré cesar de entre los hombres la memoria de ellos. 

Si no temiese la ira del enemigo, no sea que lo entiendan mal sus adversarios; no sea que digan:

“Nuestra mano es poderosa. y no es el Señor quien ha hecho todo esto”. 

La expresión “si no temiese la ira del enemigo”, que el Todo­poderoso tema o se asuste de la opinión del enemigo, es muy singular, no encontrándose otra igual en la Torá.

Las palabras tranquilizadoras de R. Abraham lbn-Ezra:

El versículo nos habla con el lenguaje humano, a fin de hacerlo comprensible para sus lectores.

El Señor, Cuya voluntad es que “reconozcan y sepan todos los habitantes del mundo que ante Ti se doblará toda rodilla y jurará toda lengua”, expresa Su inquietud ante la posibilidad opuesta, de que se alejen los hombres de esa finalidad: “si no temiese la ira del enemigo, no sea que lo entiendan mal sus adversarios, no sea que digan: Nuestra mano es poderosa, y no es el Señor quien ha hecho todo esto”. Lo estrictamente justo es desplazado pues, por el recelo de que Su nombre sea profanado. La misma aprensión la expresó Moshé, nuestro maestro, en su plegaria después del pecado del becerro de oro: “¿Porqué han de hablar los egipcios, diciendo: Con mala intención los sacó para matarles en las montañas ? . . .”, esa misma ansiedad la expresa con mayor énfasis aún en su súplica posterior al pecado de los espías: “Las naciones que han oído Tu fama hablarán, diciendo: Porque el Señor no ha podido introducir a este pueblo en la tierra que les había prometido … por eso los destruyó en el desierto”, ese mismo recelo es aquí mucho más manifiesto y agudo, pues es el Señor mismo Quién habla, que “teme” la propagación de una idea errónea en el mundo y el alejamiento de la humanidad de la finalidad para la cuál fue creado el mun­do; que Le “inquieta” la posibilidad de que sea profanado Su nombre en el mundo, en lugar de concurrir a la santificación de Su nombre.

Si no temiese la ira del enemigo,

no sea que lo entiendan mal sus adversarios;

no sea que digan:

“Nuestra mano es poderosa,

y no es el Señor, Quien ha hecho todo esto”.

Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 pág. 305-307

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