Parashá Itró

Itro
La Parashá
(relato los hechos antes del estudio posterior)

En esta parashá la Torá nos relata que el suegro de Moshé, Itró, oye sobre grandes milagros que Hashém hizo al Pueblo de Israel y viene desde Midian hasta el campamento israelita trayendo consigo a la mujer de Moshé y a sus dos hijos.

Itró aconseja a Moshé nombrar una jerarquía de magistrados y jueces para ayudarlo en la tarea de gobernar y administrar justicia a la gente.

Los hijos de Israel acampan frente al Monte Sinaí, donde son informados que Hashém los ha elegido como su “ Nación de Sacerdotes “ y “ Nación Santa”.

Las personas responden proclamando “ Todo lo que Hashém dijo, lo Haremos”.

En el sexto día del tercer mes ( Siván) siete semanas luego de comenzado el éxodo, toda La Nación de Israel se reúne al pie del Monte Sinaí.

Hashém desciende sobre la montaña en medio de truenos, rayos, humo y los sonidos del Shofar y manda a Moshé a ascender la montaña.

D”s proclama Los Diez Mandamientos mandando al pueblo de Israel a creer en D”s, no adorar a ídolos o mencionar el nombre de D’s en vano, observar el Shabat, honrar al padre y a la madre, no matar, no cometer adulterio, no robar, no dar falso testimonio, ni desear la propiedad del prójimo.

La gente dice a Moshé que la revelación es demasiado fuerte para soportarla, rogándole que reciba la Torá de D’s y luego la trasmita a ellos.

Cada vez que la Torá menciona las ocaciones en que el pueblo judío acampó, se expresa en plural. “ Los Hijos de Israel acampan “ “ El pueblo arribó “. Pero en nuestro versículo se expresa en singular. “ Israel acampó “.

Rashi explica que mientras en las otras etapas los campamentos estaban plagados de discusiones y divisionismos, en esta ocasión lo hicieron con un solo corazón y una sola intención, recibir la Toá.

Muchas veces se ha dicho que lo ocurrido con nuestros antepasados es un indicio para nosotros. Si en esa ocasión el pueblo de Israel al acampar con un solo corazón y una sola intención mereció la revelación suprema en el Monte Sinaí y recibió la Torá,  nosotros aquí en nuestros tiempos  podríamos lograr acampar (metafóricamente hablando) con un solo corazón y una sóla intención.

Shabat Shalom Umeboraj

Marcelo Mann

Estudiando la Parashá

Prof. Nejama Leibovitz
(La elegimos para nuestros estudios porque toma fragmentos de muchos comentaristas y los compara, de esa forma nos permite tener variedad de interpretaciones)

“El día Sábado!”

Acuérdate del día Sábado para santificarlo. 
Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra; el mar y todo cuanto en ellos hay, y descansó en el séptimo día; por tanto, el Señor bendijo el día del Sábado y lo santificó. 

El vocablo “acuérdate”, empleado en el cuarto mandamiento se presta a diversas interpretaciones.

Rashí:
“Acuérdate …” Ten siempre presente el día del Sábado, que si encuentras un objeto hermoso, guárdalo para gozarlo en el día del Sábado.

Rashbam:
“Acuérdate del día Sábado”: el verbo recordar se refiere siempre a tiempos pasados, por ejemplo: “Recuerda los días de la antigüedad”: “Acordaos de este día, en el cual salisteis de Egipto”: “Acuérdate, no te olvides, de cómo provocásteis la ira del Señor tu Dios, en el desierto” – lo mismo aquí “Acuérdate del día Sábado” de la Creación, tal cual explica más adelante: “Porqué en seis días hizo el Señor …”: por tal razón está escrito aquí “acuérdate”, a fin de santificarlo interrumpiendo las labores.

R. Ovadia Sforno:
“Acuérdate”. Recuerda constantemente el día Sábado en tus ocupaciones durante los días de la semana; del mismo modo como: “Acuérdate de lo que hizo Amalek contigo”. Así será el procedimiento para santificarlo: previno ordenar las ocupaciones mundanales de tal manera que pueda desentenderse por completo de ellas durante el día Sábado.

Según Rashí y Sforno, la recordación está dirigida al porvenir, al Shabat por venir. Debemos ver en el día de Sábado la culminación y la meta de la semana. Lo que se adquiere de valioso durante la semana debe ser guardado, según Rashí, para gozarlo en el día Sábado.

Según Sforno, los asuntos de la semana deben ser organizados de modo que no interfieran con el descanso sabático. El acto de recordar, según Rashí, es activo; debe consistir en preparativos para honrar el Sábado. La recordación de Sforno, en cambio, es pasiva; consiste en disponer todo de modo que no sea turbada la santidad del Sábado.

Rashbam concibe el acto de recordar como orientado hacia el pasado; hacia el primer sábado, el que siguió a la creación. Este parece ser el significado directo del texto, pues la obligación de guardar el Shabat está motivada explícitamente con referencia al Sábado de la creación. La mayor parte de nuestros comentaristas se inclinan por la opinión de Rashbam, aunque sin su argumentación linguística. Rambam agrega un motivo adicional, tal como lo expresa en la Guía de los Descarriados:

En cuanto a la institución del Shabat, su motivo es demasiado conocido para que haya necesidad de explicarlo. Se sabe que por un lado, es el reposo. Se ha querido que la séptima parte de la vida del hombre transcurra placenteramente y que repose de la fatiga y de las cargas, a las cuales nadie, ni pequeño ni grande, puede escapar. Por otro lado, ayuda a perpetuar, a traves de las generaciones, la conciencia de una doctrina muy importante: la de la novedad del mundo.

Parece que Maimónides quiso proveer aquí de una explicación simple, accesible al común de la gente, en adición a la razón profunda, de la creación del mundo ex-nihilo.

Rambán acentúa precisamente este último motivo:

“Acuérdate del día Sábado para santificarlo”: …y cuando explicaron este versículo en su sentido llano, dijeron, que su intención es que tengamos presente el día del Sábado cada día, para que no lo confundamos con algún otro día de la semana. Pues al tenerlo siempre presente recordaremos también la Creación del mundo en todo momento, y expresaremos también nuestro agradecimiento por el hecho que el mundo tiene un Creador que nos ha ordenado guardar este signo, tal como está escrito: “Entre Mí y los hijos de Israel ésta será la señal perpetua”.

Es éste un fundamento importante de la fe en el Señor. La intención de “santificarlo” es, que lo recordemos siempre en su calidad de santo, tal como está escrito: “Y llamarás al Sábado ‘delicia’, al día santo del Señor ‘honorable’ para que sepamos que la interrupción del trabajo se debe a la santidad del día, en el que debemos desocuparnos de todas la meditaciones en las vanidades del mundo, y complacer a nuestras almas en la senda del Señor, yendo a visitar a los maestros y a los oradores que transmiten la palabra de Dios, tal como leemos: “¿Porqué va a verle hoy? No es novilunio, ni es Sábado”, lo cual explicaron los Sabios: porque es usual ir en Rosh Jodesh o en Shabat a visitar a los Maestros. Esta es también la razón del mandamiento de dar descanzo a la bestia, de modo que nuestras mentes no se ocupen con ella. Por tal motivo dijeron nuestros Sabios: El Shabat es equivalente a la totalidad de las mitzvot, pues por intermedio de la observancia del día del Sábado damos testimonio de todos los principios de la fe: La creación del mundo ex-nihilo, la providencia y la profecía.

Rambán aborda aquí un motivo que no fué enunciado en el Decálogo sino más adelante, en Ki Tisá, donde el día del Sábado es denominado “señal”. Al final de Bó explicó Rambán que la finalidad de las festividades es la recordación periódica de los principios de nuestra fe:
Desde el advenimiento de la idolatría en la generación de Enosh, desvirtuáronse las ideas acerca de los principios de la fe. Algunos niegan que existe la Divinidad y afirman que el Universo es eterno: “Han renegado al Señor, y han dicho: No es El”.

Otros niegan Su omnisapiensia, como leemos en Tehilim: “¿Cómo es posible que lo sepa Dios? y, ¿podrá haber conocimiento (de ésto) para con el Altísimo?” Otros en cambio admiten que el Señor es omnisapiente, pero niegan Su providencia porque dicen que el Señor hizo “al género humano como los peces del mar …” pues no presta atención a Su existencia, ni hay recompensa ni castigo a los actos del hombre, porque dicen que “El Señor ha abandonado la tierra”.

Lo infundado de estas opiniones se manifiesta cuando el Todopoderoso lleva a cabo un milagro cambiando el orden de la naturaleza en beneficio de un individuo o de una comunidad, lo que demuestra que el mundo tiene una Divinidad que lo ha creado de la nada, providente y omnisapiente. Y cuando tal milagro es anunciado previamente por un profeta, ello es también testimonio de la autenticidad de la profecía: Que el Señor habla al hombre y revela Sus designios a los profetas, y a través de ésto es confirmada toda la Torá.

Por tal razón, cada vez que se habla en la Torá de un milagro leemos declaraciones como la siguiente: “A fin de que sepas que Yo soy el Eterno en medio de la tierra”, para enseñarnos la existencia de la providencia divina, que El no los ha olvidado ni dejado abandonados a la suerte ciega según se imaginan. También leemos: “Para que sepas que del Eterno es la tierra”, lo que nos enseña que el mundo es nuevo, que es Suyo y que lo creó de la nada. También está escrito “Para que sepas que no hay como Yo en toda la tierra”, lo que nos enseña Su Omnipotencia con la que rige sobre todo y que nadie puede impedirLe realizar sus designios.

Hasta aquí explicó Rambán la importancia de los milagros desde el punto de vista del fortalecimiento de la fe en las dos doctrinas de nuestra creencia.

Concluye diciendo:
Los grandes signos y milagros son testimonio fehaciente en pro de la fe, en el Creador y en toda la Torá.

A continuación explica la intención de muchos de los preceptos y la razón de la santificación de determinados tiempos en general y de las festividades en particular – Sábados y fiestas – destinados también, a fortalecer nuestra fe en los fundamentos de la Torá:

Dado que el Santo, alabado sea, no llevará a cabo milagros en cada generación, para convencer a todo malvado o ateo, nos ordenó que reconstruyamos continuamente lo que vieron nuestros ojos y lo repitamos a nuestros hijos y ellos a los suyos, hasta la última generación.

Exigió que inscribamos todos los milagros sobre nuestras manos y entre nuestros ojos – los tefilín – y que recordemos ésto con nuestra boca por la mañana y por la noche … y que construyamos una Suká (cabaña) cada año. Del mismo modo hay muchos preceptos que recuerdan el Exodo, para testimoniar en todas las generaciones los principios de la fe, para que no sean olvidados y no puedan argüir los ateos y negar la fe en Dios.

Según esto, las festividades y las fechas no son sólo un recuerdo que atestigüan la existencia del Creador y de Su Providencia, sino que ellos mismos son la renovación continuada de la vivencia de los que estuvieron presentes en el milagro. El observar las festividades y el santificar determinados momentos de la vida, hace revivir en nosotros la fe en los principios de la Torá. El día Sábado, con todos sus preceptos y preparativos nos recuerda la Creación Divina. ¿Cuál es la importancia cardinal de la fe en la Creación divina del mundo? ¿Porqué debemos considerarla como fundamento de toda nuestra fe? Veamos la breve respuesta de Yitzjak Gutman, en su libro Religión y Ciencia:

¿Cuál es en realidad el contenido religioso de la fe en la creación divina del mundo? ¿Acaso el relato de la creación pretende enseñarnos la historia del advenimiento del mundo? No, pues la religión no está interesada en enseñarnos lo que ocurrió, sino que pretende mostrar al hombre el significado de su propia existencia, aquí y ahora. El significado religioso del relato de la creación es mostrarnos que ahora y aquí el mundo está en manos de Dios: Que el mundo es Su creación y que yo soy un ser creado por Dios.

La obligación de obedecer a Dios, de sujetar mi voluntad a la Suya, de usar este mundo y todo lo que en el mismo existe de acuerdo con Su voluntad, se deriva del hecho que el mundo, que yo mismo en él, que todo mi poder y fortaleza tienen un Creador. El día Sábado, que vuelve al cabo de cada samana, da testimonio de todas las doctrinas de la fe, tal como la formulara Rambán: En la novedad del mundo, en la Providencia y en la fe.

Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 págs. 96 – 100.

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