Parashat Matot – Masei

matot - masei

La Parashá

Con estas dos parashot se finaliza la lectura del cuarto libro de la Tora Bamidbar ( Números) literalmente “ En el Desierto”.
Mayor - tribus - significa en su traducción literal palos, estacas, un pedazo de madera seca, fuerte y firme que alude a la fortaleza del alma y su posibilidad de sobreponerse a las limitaciones del mundo físico, a los tiempos de exilio.
Masei- viajes- No sólo hace referencia a los viajes que acercaban cada vez al pueblo a la Tierra Prometida, sino también en su acepción espiritual que alude al refinamiento y a la elevación logrados por las personas a través del cumplimiento de Torá y Mitzvot.
Moshé enseña las leyes que gobiernan la anulación de promesas a los lideres de las Tribus de Israel. Se lucha una guerra contra Midian por su rol en la destrucción moral de Israel y la Torá da un recuento detallado del botín de la guerra y cómo fue distribuido entre la gente, los guerreros, los levitas y el Sumo Sacerdote.


Las Tribus de Reuben y Gad ( más tarde acompañados por la Tribu Menashé) piden las tierras del este del Jordan como porción de la Tierra Prometida, siendo estas tierras aptas para la cría de ganado. Moshé inicialmente se enoja con este pedido, pero más tarde concuerda con la condición de que ellos primero se unan y lideren a Israel en la conquista de las tierras al oeste del Jordán.
Los cuarenta y dos viajes y campamentos de Israel a través del desierto son listados, desde el éxodo de Egipto hasta el establecimiento en las planicies de Moab, al otro lado del rio frente a la Tierra de Canaan. Los límites de la Tierra Prometida son enumerados y las ciudades de refugio designadas como lugares de exilio para asesinos involuntarios. Las hijas de Tzlafjad se casan dentro de su propia tribu de Menashé, de manera de que las propiedades que correspondían a su padre no pasen por herencia a otra tribu.

Shabat Shalom Umeboraj

Marcelo Mann

Estudiando la Parashá

Matot

ERAN RICOS, AMABAN SU DINERO Y MORARON FUERA DE LA TIERRA DE ISRAEL
Por Nejama Leibowitz

Carrera o misión, el dilema ante el cual se encuentra ac­tualmente la primera generación de ciudadanos del Estado de Israel, se considera en nuestra parashá, en el capítulo 32. Signifi­cativas negociaciones se desarrollan entre las dos tribus y media, pertenecientes a la primera generación que llegó a la Tierra, y Moshé patriarca de los profetas, que los sacó de Egipto y los condujo en el desierto durante 40 años. Negociaciones entre quien tiene ante sus ojos solamente su provecho, vive sólo de su pan, no espera la palabra de Dios y llega a la tierra fértil, pensando sólo en su ganado, y entre quien se ve traído a la tierra prome­tida y se considera poseedor de un destino y una misión.

La Transjordania ya fue conquistada, Israel se encuentra en las estepas de Moab, y debe cruzar el Yardén para conquistar la tierra que el Señor prometió concederles como morada. Y he aquí que un nuevo obstáculo aparece. Esta vez no se trata de los espías que deberían hacer desistir al pueblo de su marcha a la tierra, ni de añoranzas que despiertan en el desierto recor­dando la tierra civilizada en la que se podía comer pescado “gratis”; nos hallamos ya después del primer encuentro con tierra civilizada, y he aquí que aparece un nuevo deseo de re­nunciar a la marcha hacia la tierra prometida, para establecerse en el lugar, comer de sus frutos y saciarse de sus bienes. Esta vez, no son reminiscencias del pasado que los seducen, sino la realidad circundante, “éste es el lugar que ansío, y aquí me esta­bleceré”, “ubi bene, ibi patria”.

Mas, inmensa muchedumbre de ganado tenían los hijos de Reubén y los hijos de Gad; y al mirar la tierra de Yazer y la tierra de Guilad, vieron que el lugar era un lugar pro­pio para ganado. 32, 1
Debemos tomar nota que este versículo al describir el mundo de los protagonistas de nuestra parashá, comienza y concluye en el original hebreo con la misma palabra: ganado.[1] E inmediatamente después se dirigen a Moshé con su solici­tud, o más exactamente, no solicitud sino solicitudes, pues eran dos.
Entonces vinieron los hijos de Gad y los hijos de Reubén y dijeron a Moshé, y al sacerdote Elazar, y a los príncipes de la congregación diciendo: 
“Atarot y Divón, y Yazer, y Nimrá… 

la tierra que atacó el Señor delante de la congregación de Israel, es tierra propicia para ganado, y tus siervos tienen ganado”. 
Dijeron pues: “Si hemos hallado gracia en tus ojos, dése esta tierra a tus siervos por posesión, y no nos hagas pasar el Yardén”. 

¿Cuál es la explicación de la repetición de este “dijeron”? Si escuchásemos con atención, los oiríamos decir sus primeras pala­bras, recalcar luego que la tierra es “tierra propicia para ganado”, y que “tus siervos tienen ganado”, los veríamos detener el torren­te de las palabras de su discurso por unos momentos, escrutar la reacción de Moshé. Es ésta una interrupción muy significativa e insinuante. Aún no formularon ninguna solicitud, no se atre­vieron hacerla, sólo dejaron constancia de un hecho: de la cali­dad de la tierra y de su riqueza económica, lo que no fue sino una evidente insinuación, invitación, una sugerencia a una propuesta que quizás venga de boca del mismo Moshé, ahorrándoles que lo tengan que formular ellos mismos. Ellos insinúan mas él no se da por aludido. Y como lo describe uno de los comentadores, está ante ellos, con hosco semblante, esperando. ¿Se atreverán a ha­blar abiertamente, a descubrir sus ansias? Y he aquí que ellos se animan y hablan claramente sin insinuaciones:
Dijeron pues: “Si hemos hallado gracia en tus ojos, dése esta tierra a tus siervos por posesión,
y no nos hagas pasar el Yardén . 

Aquí estalla Moshé con un poderoso torrente de censuras, que se extiende en los próximos 10 versículos. Son palabras de cen­sura, de comparación con los pecados pasados de los cuales nada han aprendido, de temor por el futuro del pueblo y su destino, de reprensión y reproche, y de demanda y pregunta: “¿Por ventura vuestros hermanos irán a la guerra, y vosotros permane­ceréis aquí?”

Y luego que las dos tribus deliberan aparecen con la nueva proposición que posteriormente se haría famosa, la de conver­tirse en la vanguardia del pueblo en la conquista de la tierra pro­metida, a cambio de la tierra del ganado que se daría inmedia­tamente a sus rebaños, sus hijos y sus mujeres. Moshé acepta esta proposición y la repite. Compararemos ahora estas dos for­mulaciones entre sí.
Propuesta de las tribus Respuesta de Moshé:
Entonces ellos se acercaron a Entonces les dijo Moshé:
él, y le dijeron: “Si hiciereis esto, si os arma­reis
“Edificaremos aquí rediles para marchar delante del
para nuestro ganado, Señor, a la guerra,
y ciudades para nuestras y todo hombre armado de
familias; vosotros pasare el Yardén
pero nosotros nos armaremos delante del Señor,
para marchar con diligencia hasta que El haya expulsado
al frente de los hijos de Israel, a Sus enemigos delante de Sí,
hasta que nos hayamos y la tierra esté sojuzgada
introducido en su lugar; delante del Señor,
en el entretanto habitarán entonces después de esto
nuestras familias en las podréis volver, y estaréis sin
ciudades fortificadas, a causa de culpa para con el Señor y para
los moradores del país. con Israel;
No nos volveremos a nuestras y será esta tierra posesión
casas hasta que los demás vuestra delante del Señor.
hijos de Israel tengan en Mas si no lo hiciereis así, he
posesión cada uno su propia aquí que habréis pecado con­tra el
heredad. Señor;
Porque nosotros no tendremos y tened por cierto que vues­tro
heredad con ellos de la pecado os alcanzará.
otra parte del Yardén y más Edificaos, pues, ciudades
allá, para vuestras familias
pues que nos ha tocado ya y rediles para vuestros rebaños;
nuestra heredad de esta parte y haced lo que habéis
del Yardén hacia donde nace ” el sol”. prometido.”

Todo el abismo que separa a dos concepciones se abre aquí ante nosotros. Según el criterio de las tribus, éste era un acuerdo firmado entre tribus. A cambio de su heredad en la Transjordania, deberán luchar a la vanguardia de Israel, traerlos a su lugar y darles su tierra como heredad.

Según el criterio de Moshé, es éste un compromiso ante el Señor, el Creador de todo, el Único, que expulsa pueblos y otorga heredades. Rashí se detiene sobre otro detalle, exiguo, pero que caracteriza todo. Ellos antepusieron su ganado a su niños, mas Moshé les corrigió este error.

Rashí sobre “Edificaremos aquí rediles para nuestro ganado (32, 16):
Se compadecían más de su dinero que de sus hijos e hijas, ya que antepusieron el ganado a sus niños. Díjoles Moshé: “¡No! considerad lo fundamental, fundamental; y lo secundario, secundario. Construid primero las ciudades para vuestros niños, y luego los rediles para vuestro ganado”.

Mas Moshé no les corrige discutiendo y reprimiéndolos. Sólo lo hace al repetir sus mismas palabras pero con otro tenor, como diciendo: Esto es lo que seguramente habéis querido decir, ésta fue indudablemente vuestra intención.
¿Comprendieron ellos la insinuación? ¿Comprendieron la corrección que Moshé introdujo en sus palabras? Veamos su respuesta:
Y respondieron los hijos de Gad y los hijos de Reubén a Moshé, diciendo: “Tus siervos harán del modo que nuestro señor manda. 
Nuestros niños, nuestras mujeres, nuestro ganado y todas nuestras bestias se quedarán ahí, en las ciudades de Guilad 
mas tus siervos, todos los hombres armados del ejército pasarán delante del Señor a la guerra, conforme a lo que dice nuestro señor”. 

Son de destacar las últimas palabras: “Conforme a lo que dice nuestro señor”, y no como lo hemos dicho nosotros. A su pesar, pero aceptaron. Y de la siguiente manera se refleja la imagen de estas dos tribus y media en las palabras de los Sabios, imagen que se transformó en símbolo del materialismo.

Esta es la regla (Halajá) : Tres presentes fueron creados en el mundo. Quien recibió uno de ellos recibió todos los tesoros del mundo. Quien logró sabiduría – logró todo, quien logró valen­tía – logró todo, quien logró riqueza – logró todo. ¿Cuándo es esto verdad? Cuando son regalos del Cielo y vienen por poder de la Torá, mas la valentía y la riqueza del ser humano carecen de valor. Ya lo dijo Shelomó : “Volvíme, y observé que debajo del sol (la victoria en) la carrera no es de los ligeros ni (la victoria en) la batalla de los fuertes; ni tampoco de los sabios el pan, ni de los entendidos la riqueza, ni de los inteligen­tes la gracia; sino que el tiempo y la casualidad les tocan a todos ellos”.
Asimismo dijo Yirmeyahu: “Así dice el Señor: No se gloríe el sabio en su sabiduría, ni se gloríe el poderoso en su poder, ni se gloríe el rico en su riqueza; mas el que se gloría gloríese en esto: en que Me entiende y Me conoce a Mí, que Yo soy el Señor, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque en estas cosas Me complazco, dice el Señor”.
Y estos presentes cuando no vienen de Dios, quedarán interrum­pidos.
Enseñaron nuestros Maestros:
Dos sabios hubo en el mundo, uno israelita, el otro gentil, Aji­tofel y Bilam, y los dos se perdieron. De la misma forma dos hombres fuertes hubo en el mundo, uno israelita y el otro gentil, Shimshón y Goliat, y los dos se perdieron. De la misma forma, dos hombres ricos hubo en el mundo, uno israelita y el otro gentil, Koraj y Hamán, y los dos se perdieron. ¿Por qué? Porque su presente no provenía de Dios, sino que fue arrebatado por ellos. De la misma forma hallas, que los hijos de Gad y los hijos de Reubén, que eran ricos, y tenían numeroso ganado y amaban su dinero, y moraban fuera de Eretz Israel, por ello, ellos fueron las primeras tribus en ser desterradas, como está escrito : “Y excitó el Dios de Israel el espíritu de Pul, rey de Asiria y el espíritu de Tilgat-Pilnéser rey de Asiria; y éste des­terró a los Reubenitas y a los Gaditas y a la media tribu de Menashé, llevándolos a Jalaj y a Javor . . .” ¿Quién causó todo esto? el haberse separado de los hermanos por culpa de sus propiedades. ¿De donde lo sabemos? Pues está escrito en la Torá: “Mas inmensa muchedumbre de ganado tenían los hijos de Reubén y los hijos de Gad”. Esto es lo que el versí­culo dice: “Pues ni del oriente, ni del occidente, ni del desierto, ni de las montañas, sino que Dios es el juez, a éste abate y a aquel ensalza”. ¿Cuál es el significado de la ex­presión “Pues ni del oriente ni del occidente”? La fuente de la riqueza no reside en lo que el hombre sale y se ocupa en su co­mercio, viaje de oriente a occidente. Aún cuando navegase en su barca y fuese de oriente a occidente y recorriese los desiertos y las montañas, no por ello enriquecerá. ¿Qué significa “ni del desierto, ni de las montañas”‘? Dijo Rabí Aba de Romania: Todo lugar en la Torá donde aparece el vocablo montaña, se refiere realmente a montañas, con excepción de éste que significan “ele­vaciones”, pues el hombre no se eleva de estas cosas. ¿Qué es lo que hace el Todopoderoso? ¡Toma los bienes de éste y se los da a aquel! como está escrito (ibid.) “sino que Dios es juez, a éste abate y a aquél ensalza”. Y por ello llamamos a los bienes: “neja­sim” (utiliza un juego de palabras entre “vejes” = bien patrimonial y “nijsé” = oculto) pues están ocultos de éste, pero revelados a aquel. ¿Y porqué llamamos al dinero: “zuzí”? (aquí utiliza las palabras “zuzí” = dinero y “zaz” = se mueve). Porque se mueve y se traslada de éste a aquel; ¿también llamamos “mamón”? (aquí utiliza “moné” = cuenta). Porque ¿qué es lo que cuentas?: ¡Nada!

Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 pág. 237-242.

[1] El traductor inglés en la versión del Rey James no logró expresar este hecho, y esto no fue corregido en la “Revised Versión”. Sólo Buber-Rosenzweig en su cuidadosa traducción dieron cuenta de esto, abriendo y finalizando el versículo con la palabra “ganado”.


Parashat Masei
Y TOMAREIS POSESION DE LA TIERRA Y HABITAREIS EN ELLA
Por Nejama Leibowitz

Y el Señor habló a Moshé en los llanos de Moav, junto al Yardén,
frente a Yerejó, diciendo: 
“Habla a los hijos dé Israel y diles:
Cuando hubiereis pasado el Yardén, a la tierra ele Kenaán, 
entonces arrojaréis a todos los habitantes de la tierra
de delante, de vosotros,
y destruiréis todas sus piedras pintadas;
y todas sus imágenes fundidas destruiréis;
y arruinaréis todos sus altares (de culto).
Y tomaréis posesión de la tierra y habitaréis en ella, porque a vosotros os he dado la tierra para poseerla”.

Cuanto más se acerca a su fin la lectura anual de la Torá, más se aproxima el suceso de la entrada a Eretz Israel, y son más frecuentes e inmediatos los preparativos para abordar el país, conquistarlo, repartirlo y posesionarlo. En la parashá anterior se habla de la designación de quien “salga delante de ellos, y que entre delante de ellos, y que los haga a ellos salir y entrar”, y ahora ya fueron dictadas las disposiciones y las pri­meras operaciones a realizar una vez, traspuesto el Yardén. Esa tierra a la cual penetran apenas traspuesto el Yardén, no está deshabitada, por el contrario está poblada. La habitan pueblos, que contra ellos y contra sus costumbres y hábitos la Torá advierte constantemente sin tregua. Estos pueblos fueron recor­dados por primera vez en el Pacto de los Trozos, y ya podemos leer allí algo sobre los pecados de los moradores de esa tierra: “Y a la cuarta generación ellos volverán acá; porque hasta entonces no habrá llegado a su colmo la iniquidad del Emorita”. Lo cual sirve también de prueba que se le había concedido cierto plazo para corregirse. Efectivamente Rambán agrega allí, que “de corregirse no se los exterminaría” y los judíos no los vencerían “hasta que rebosen la medida”. Otra vez fueron nombrados los habitantes de esta tierra, en una especial advertencia del texto en un lugar central:
Ni obrarereis conforme al uso de la tierra de Kenaán, adonde Yo os llevo.
Y a continuación de haber sido prohibidos las abominaciones, leemos la siguiente conclusión:
Porque todas estas abominaciones cometían los hombres de aquella tierra, los que la ocupaban antes de vosotros;
y fue contaminada la tierra;  
no sea que la tierra os vomite a vosotros, cuando la hubiereis contaminado, como vomitó a la nación que la ocupaba antes de vosotros.  
Ahora, al encontrarse ante la inminencia de atravesar el Yar­dén, fueron dictadas disposiciones detalladas respecto a las posi­ciones que se han de adoptar frente a estos pueblos, y como debe obrarse con ellos y con sus ídolos, sus estatuillas y piedras pin­tadas, sus imágenes pintadas y sus altares.
Por dos veces consecutivas se cita el vocablo homófono “ve-horashtem” = y arrojaréis, y “ve-horashtem” = y tomaréis pose­sión. Aparentemente, en primera intención, el verso 53 no es más que la repetición del verso inmediatamente anterior, pero no es así. Préstese atención:
entonces arrojaréis a todos los habitantes de la tierra  
Y tomaréis posesión de la tierra y habitaréis en ella.  
Rashí considera al segundo “ve-horashtem” como una condi­ción necesaria para el cumplimiento del “y habitaréis en ella”, pero no como un mandamiento por separado, y por ello comenta ( sobre “ve-horashtem”):
Y cuando arrojéis de ella a sus habitantes, entonces “habitaréis en ella'”, pudiendo subsistir esa tierra, pero de lo contrario, no han de perdurar allí.
Es decir: no es un mandamiento repetido, sino una condición necesaria para poder subsistir y perdurar.
Sin embargo, Rambán ha de comentar este versículo en forma completamente distinta. Citaremos dos distintos trozos, teniendo en cuenta la magnífica importancia del tema. En primer lugar su comentario a nuestro versículo:
Según mi opinión se trata de un precepto positivo, el cual nos ordena habitar el país y posesionarlo, debido a que El nos lo ha cedido, y no debemos menospreciar la posesión divina. Pero de ocurrírseles ir en conquista de Asiria u otros países, con intención de habitarlos, quebrantarían el mandamiento divino.
Debemos leer sus palabras con gran atención y meditación. No traduce como Rashí el vocablo “ve-horashtem” – y arrojaréis, si­no que lo incluye en la otra acepción del vocablo que implica herencia, heredar, tomar posesión de una sucesión. El motivo no es la necesidad de subsistencia, sino exclusivamente porque “El nos lo ha cedido” y “no debemos menospreciar la posesión divi­na”. De la misma forma como el estar con vida no es una deci­sión librada a nuestro albedrío, siendo una imposición, y aquel que renuncia a ella quitándose la vida, transgrede la voluntad de su Creador quien le ordenó la vida; de esa misma manera el lugar geográfico que ha de habitar no está librado a su elección voluntaria, le ha sido impuesta con carácter obligatorio. El ha­bitar Eretz Israel, es pues un mandamiento, y de sobrevenirles apetitos imperialistas de conquistar “Babilonia” o “Asiria”, paí­ses que no les fueron prometidos ni destinados, transgrederían con ello el mandato de su Creador.
Pero con mayor amplitud y detalle desarrolla Rambán estos conceptos en sus objeciones al “Sefer Ha-mitzvot” (Libro de los Preceptos) de Rambam. Como es bien sabido existen diferencias de opinión entre Rambán y Rambam en el cómputo de los 613 preceptos, habiendo algunos mandamientos que según Rambam no forman parte de ese cómputo, mientras que en opinión de Rambán corresponde computarlos, por lo que citaremos sus pa­labras:
Mandamientos que no fueron computados por el Rab (Ram­bam) que son computables en opinión de Rambán:
Mandamiento 4: Según el cual fuimos ordenados conquistar la tierra que cedió el Todopoderoso, enaltecido sea, a nuestros ante­pasados, Abraham, Yitzjak e Yaakov, y no hemos de abandonarla en manos de ningún pueblo, ni dejarla desamparada, como leemos: “Y tomaréis posesión de la tierra y habitaréis en ella, porque a vosotros os he dado la tierra para poseerla. Y os repartiréis la tierra . . .” Les detalló también este mandamiento indicando los límites y fronteras, como leemos: “Y marchad a la montaña de los emoritas y a todos sus lugares vecinos, situados en la Aravá, en la serranía, en la llanura, en el mediodía, y en la ribera del mar . . .” a fin de que no descuiden de ningún lugar ni paraje. Y la prueba que se trata de un man­damiento obligatorio, consiste en lo que leemos en la cuestión de los espías : “. . . sube, toma posesión, como te ha dicho el Señor, Dios de tus padres; no temas, ni te amedrentes”. También leemos: “Y cuando os envió el Señor desde Kadesh-Barnea, diciendo: “Subid, poseed la tierra que os he dado . . .”, y leemos respecto al incumplimiento de la orden (ibid.): “. . . os rebelasteis contra el mandamiento del Señor … ni escuchas­teis Su voz”. Todas expresiones que denotan mandamiento y no en tono que denote sólo promesas o destino, etc.
Y yo afirmo que el precepto que los Sabios tanto han magni­ficado – el de morar en Eretz Israel – hasta el punto de haber aseverado (Talmud, tratado Ketuvot 110b): “Quien emigra de ella (de Eretz Israel) y mora en el extranjero, considéralo un idólatra, como leemos: “…porque ellos me han expatriado el día de hoy, para que no tenga parte en la herencia del Señor, diciendo: “¡Vete, sirve a otros dioses!”; como también otras tantas magnificencias que han expresado los Sabios; todo ello ha de incluirse en el mandamiento que fuimos ordena­dos de tomar posesión de la tierra y habitarla.
Por lo tanto es un precepto positivo para todas las generaciones, que obliga a cada uno, y rige aún en la época del exilio, como puede comprobarse de los distintos dictámenes del Talmud. Vea­mos el texto del Sifrí: “Cuéntase que Rabí Yehuda ben Beteira, Rabí Matia ben Jeresh, Rabí Janina sobrino de Rabí Yeoshúa y Rabí Natán viajaban al exterior. Al llegar a Palatia (ya en el extranjero) recordaron a Eretz Israel, levantaron sus ojos y comenzaron a derramar lágrimas rasgándose sus vesti­mentas y leyeron este versículo: “…y las hu­biereis desposeído, y habitareis en su tierra”. Luego de lo cual volvieron y llegaron al lugar de origen y dictaminaron: El (pre­cepto de) morar en Eretz Israel, equivale al cumplimiento de todos los preceptos de la Torá.
Préstese pues, atención: Tal como se cumple un mandamiento al conquistar la tierra de manos de sus habitantes paganos que la impurificaron con sus actos ignominiosos, tal como está pro­hibido abandonar el país, así también está prohibido dejar la tierra desamparada y desértica, como bien lo afirma Rambán:
Y no hemos de abandonarla en manos de ninguna nación, ni dejarla desvastada.
Puesto que ya al principio de la Torá, refiriéndose a la crea­ción del mundo le fue ordenado al hombre, estableciéndose ello como su deber primordial sobre la tierra: “…llenad la tierra y sometedla”, comentando allí Rambán:
Le dio (al hombre) el poder y la fuerza para actuar de acuerdo a su voluntad, sobre la tierra … construir y extirpar lo plantado, extraer el cobre de la roca . . . etc.
Resulta entonces, que no sólo la conquista de la tierra que se encuentra en manos inapropiadas, se considera cumplimiento del mandato divino; también ha de ser considerado cumplimiento de precepto la conquista del desierto, todo acto civilizador y toda técnica que ayude a poblar el mundo.
Sin embargo deformaríamos las intenciones de toda nuestra Torá, de no destacar lo que ella recalca constantemente: De la misma manera como fueron arrojados estos habitantes cuando llegaron al colmo sus pecados, cuando rebosaban toda medida; de la misma forma como la tierra los vomitó a éstos porque la impurificaron con sus actos, tampoco fue cedida a Israel en forma incondicional en cesión absoluta, irrevocable. La unión existente entre la tierra y sus nuevos vecinos, no es de ninguna manera algo mecánico y eterno, sino que depende de la obra de los moradores, tal como leemos a la postre de todas las dis­tintas prevenciones y prohibiciones que nos fueron formuladas:
no sea que la tierra os vomite a vosotros, cuando la hu­bieres contaminado, como vomitó a la nación que la ocu­paba antes de vosotros. 
y con mayor claridad y profundidad en nuestro mismo capítulo:
No amancilléis, pues, la tierra en donde moráis . . . 
Por lo cual no contaminéis la tierra en donde moráis, en medio del cual Yo habito, porque Yo, el Señor, habito en medio de los hijos de Israel. 

Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 pág. 243-247

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