Parashat Pinjas

Pinjas

La Parashá

En este Shabat leeremos parasha Pinjas que nos cuenta que el nieto de Aarón , Pinjas es premiado por su acto de celosía al matar al príncipe de la tribu de Simón Zimri junto a la princesa midianita Cazbi. Hashem le otorga un pacto de paz y la kehona ( sacerdocio).
Un censo del pueblo cuenta 601.730 hombres entre 20 y 60 años. Moshe es instruido sobre cómo dividir la tierra entre las tribus y las familias de Israel a través de una lotería. Las cinco hijas de Tzlafjad ( descendientes de Iosef) piden a Moshe que les conceda la porción de Tierra que le pertenece a su padre, quien fallece sin haber tenido hijos varones. D’s acepta sus pedidos y lo incorpora dentro de las leyes de herencia de la Tora.


No es casualidad que cuando las tribus de Reuben y Gad piden a Moshe tomar sus partes del otro lado del Río Jordan, Moshe agregue media tribu de Menashe. El sabía que mientras esa media tribu estuviera unida a las otras dos, el vínculo de estas con la tierra de Israel se mantendría fuerte.
En este Shabat leemos la primera de las tres Haftarot de reproche, previas a Tisha Beav, en las que el profeta Jeremías predice la destruccion de Jerusalem y su Templo. Pero a partir del Shabat siguiente a Tisha Beav se lee las siete Haftarot de consuelo. Vemos que la medida del consuelo es superior a la de reproche. Muchas veces nos sentimos abrumados por situaciones que nos agobian, en esas ocaciones debemos pensar que es más grande el consuelo que seguirá a ese reproche.
Moshe lega el poder en manos de Josue para que lo suceda e introduzca al pueblo a la Tierra Prometida. La sección termina con una detallada lista de ofrendas diarias, las ofrendas adicionales traídas en Shabat, Rosh Jodesh, festividades de Pesaj, Rosh Hasana, Iom Kipur, Sucot y Shmini Atzeret.

Shabat Shalom Umeboraj

Marcelo Mann

Estudiando la Parashá

POR CUANTO ARDIO EN CELO POR MI CAUSA
Por Nejama Leibowitz

El comienzo de nuestra sidrá está relacionado directamente con los últimos versículos de la precedente (Cap. 25, 1-9), que rela­tan la puesta en práctica del pérfido consejo de Bilam: Emplear contra Israel el arma más poderosa que existe — la desmoralización. Nuestros Sabios enseñaron, Sanhedrin 106a;
Díjole Bilam: “El Dios de Israel odia la inmoralidad. Ellos, por otra parte, ansían poseer vestimentas de lino”. He aquí lo que le aconsejó: “Hazles tiendas … y pon allí prostitutas que les vendan vestimentas de lino … y cuando el israelita se haya hartado de comida, saciado de bebida y se halle alegre disponiéndose a reco­rrer el mundo, ella le dirá: “Pero si eres como de la familia, siéntate y elige algo”. Ella tendrá consigo odres de vino amonita. Le preguntará: “¿Quieres tomar un vaso de vino?”
Después de tomar el vino arderá el israelita en deseo; ella sacará el ídolo que portará en su seno y le dirá: “¡Adóralo!” Mas él responderá: “¡Pero si soy judío!” “¡Qué te importa!”, le replica­rá; “no sólo ésto, sino que no te dejaré en paz hasta que renie­gues de la enseñanza de Moshé tu maestro”. Esta es la interpre­tación de lo escrito (Oshea 9, 10): “. . . Mas ellos acudieron a Baal-Peor, y se apartaron para la vergüenza; y se hicieron asque­rosos como aquello que amaban”.

El final de la sidrá precedente nos mostró a Pinjas, poseído por un celo ardiente por el honor del Eterno; interviniendo para apla­car la cólera divina sin que fuera precedido por pronunciamiento alguno de un tribunal ni por el procedimiento prescripto por la Torá, de inquirir, averiguar e investigar; procedimiento que im­posibilita en la práctica la pena de muerte; realizó un acto pro­pio de un celote, ejemplo de los más peligrosos desde el punto de vista social y moral.
¿Qué leemos en nuestra parashá respecto a Pinjas y a su actuación?
Entonces el Señor habló a Mosteé diciendo: 25, 10
“Pinjas, hijo de Elazar, hijo del sacerdote Aharón, ha hecho volver Mi ardiente indignación de sobre los hijos de Israel, por cuanto ardió en cielo por Mi causa en medio de ellos, de manera que Yo no acabe con los hijos de Israel, (en el ardor) de Mis celos”. 25, 11
Puede parecer curioso que un acto así fuera seguido por tal premio.
Vemos en efecto que los Sabios del Talmud Yerushalmi opinan que Pinjas actuó sin el consentimiento de los jueces del tribunal de Moshé. Rabí Yehudá ben Pazi supone que lo hubieran exco­mulgado de no haber sido por la Divinidad, que, adelantándose a su decisión, les hizo saber:
“El cual será para él, y para sus descendientes después de él, pacto de sacerdocio perdurable: por cuanto él fue celoso por su Dios. 25, 3
Rabí Baruj Epstein, en su comentario al Pentateuco “Torá Temimá”, explica la opinión de Rabí Yehudá ben Pazi:
Un acto de tal naturaleza debe estar inspirado por un celo autén­tico a Dios, pues sino, ¿cómo podemos estar seguros de la pureza absoluta de sus móviles? ¿cómo podemos saber si el celote no obra impulsado por algún interés egoísta mientras dice que actúa en honor de Dios y mientras tanto quite la vida a alguien injusta­mente? Esta es la intención de los Sabios cuando dicen que los jueces de la época de Moshé quisieron excomulgarlo de no haber sido por Dios que se les adelantó y dijo: “El cual será para él, y para sus descendientes después de él, pacto de sacerdocio per­durable . . .”, y atestiguó de esa manera que sus celos fueron pu­ros, por lo que lo absolvieron.
Consideraciones del mismo orden inspiraron el comentario del Rabino Kuk al párrafo de la Shemoné Esré concerniente a los delatores y a los traidores, que comienza con las palabras: “Que los calumniadores no tengan esperanza”. Esta oración fue redactada por el Sabio Shemuel Hakatán famoso por su amor a la humanidad y que según el testimonio del Tratado de los Padres (4, 14) solía repetir con predilección la siguiente sentencia del libro de los Proverbios: (Mishlé 24, 17): “Cuando cae tu enemigo, no te alegres; cuando tropieza, no se regocije tu corazón”.

Dijo el Rabino Kuk:
No cabe duda que las bendiciones de la Shemoné Esré no pudie­ron haber sido redactadas sino por hombres de un elevado nivel espiritual. Pero esta bendición, que encierra odio y rencor, sólo pudo ser redactada por alguien íntegramente puro y consagrado al Señor, en cuyo corazón no anidaba en absoluto la cualidad del odio natural, que existe en todo hombre, por ser tal, contra sus enemigos mortales y contra los perseguidores de su pueblo. Por tal motivo Shemuel Hakatán se ofreció a redactarla. Sólo él, que logró apartar de su corazón todo sentimiento de odio incluso con­tra sus enemigos pudo haber redactado el párrafo referente a los traidores, con pureza de sentimientos, teniendo presente sólo el verdadero bien común.

Puede ser que lo expuesto hasta ahora nos ayude a comprender mejor la relación entre el acto de Pinjas, terrible en sí, y la re­compensa que el Eterno le prometió diciendo: “He aquí que Yo le doy a él, Mi pacto de paz” (vers. 12). No interpretaremos el precioso don de esta alianza como lo hizo Abravanel, que la vio corno una suerte de garantía otorgada a Pinjas para pro­tegerlo de sus enemigos, de la venganza que no dejarían de eje­cutar los principales, familiares de la víctima, ya que Zimri era príncipe y patriarca de la tribu de Shimeón. No se trata de una garantía de seguridad otorgada contra sus enemigos. Así lo com­prendió Rabí Tzví Yehuda Berlín. En su obra ” Haamek Davar” dice que el “pacto de paz” no fue una defensa contra un peligro exterior, sino contra un peligro interno que podría prender en su alma de celote; fue una seguridad otorgada contra la mácula que podría mancillar su alma como consecuencia del acto de ejecutar a un hombre sin que medie el fallo formal de un tribunal. He aquí las reflexiones del Natziv:

Para compensarlo por haber aplacado Su indignación, el Santo, bendito Sea, lo bendijo con la cualidad de la paz interior, que no se convierta en un irascible ni en un colérico, pues la naturaleza del acto que cometió Pinjas, el matar a un hombre con sus propias manos podía haber dejado en él una profunda impresión para siempre, pero, porque actuó por el honor de Dios, recibió la ben­dición que siempre sea calmo y agraciado con la cualidad de la paz interior; y que no tenga escrúpulos de conciencia por ese asunto.

Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 págs. 234-236)

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