Meguilat Rut

Qué me impresionó de este relato

La historia de Meguilat Rut siempre me atrapó. En mis primeros años de baal teshuvá, me quedaba junto con una amiga toda la noche de Shavuot leyendo el libro de Meguilat Rut con las explicaciones del Meam Loez, nos quedábamos despiertas embullidas en esta fascinante historia.

¿Qué es lo que tanto me impresionaba de este relato?

Por empezar, la historia de Elimelej. Un tzadik, un ejemplo para todo el pueblo, y… de golpe, se escapa a escondidas, decepcionando a todo el que lo conocía, sin importarle ni su nombre ni el de sus hijos, todo por miedo a perder su dinero. Era una época de mucha pobreza y hambre dentro de Am Israel y el temió que le vengan a pedir ayuda. No quería compartir su riqueza. Prefirió abandonarlo todo, escapándose a  Moab, al centro de la idolatría, poniendo en peligro el futuro de sus hijos, como vemos que finalmente sucedió; sus dos hijos, Majlon y Kilión se casaron con dos mujeres que no pertenecían a Am Israel, dos princesas moabitas.

¡El dinero lo encegueció! En Eretz Israel podría haber sido un líder toda su vida, guiando a su pueblo por el camino de Hashem, creciendo y siendo mejor cada día. Y en cambio, calló en un precipicio sin salida…

Por otro lado está Rut la princesa moabita. Rut se casó con uno de los hijos de Elimelej y enviudó muy joven. Elimelej también había fallecido, y su esposa Noami, decidió volver a su tierra, Eretz Israel. Rut toma la decisión inquebrantable de seguirla ir con Noami argumentando: “Donde tu vayas yo iré, tu pueblo será mi pueblo, tu Di-s será mi Di-s… “

Vemos en este relato dos posturas completamente opuestas: Una la de Elimelej y la otra la de Rut. Vivir con la mentira, para cuidar su materialidad, o abandonar todo lo material después de haber crecido en la casa de Majlon rey de Moab, para ir en busca de la verdad y finalmente convertirse al judaéismo. Dos caras de la moneda.

Y nosotros, ¿dónde estamos parados?

¿Cuántas veces cerramos los ojos a la verdad, para no abandonar nuestra comodidad?
¿Cuántas veces negociamos con nuestro ietzer hará -nuestro mal instinto- y nos dejamos engañar aunque en realidad conocemos perfectamente la verdad?

¿Cuánto estamos dispuesto a jugarnos por nuestros ideales?

¿Cuánto estamos dispuesta a ceder de lo nuestro, para convertirnos en mejores personas?

¿Cuánto nos importa realmente el otro?

¿Somos verdaderamente consientes de lo que está en juego? ¿Tenemos idea de lo que es la vida? ¿Sabemos realmente en que “equipo” estamos jugando?

Faltan muy pocos días para Shavuot, la fiesta de la entrega de la Torá. Podemos hacernos los tontos, como Elimelej mirando para otro lado, evadir el problema escapandose de la realidad, y hacer de cuenta que aquí no pasa nada, o podemos hacer como lo hizo Rut, ¡tomando un compromiso verdadero para toda la vida!

Di-s cada año nos da una nueva oportunidad de aceptar la Torá como la guía de nuestra vida. En Shavuot, cuando recibimos la Torá todo Am Israel parados frente al Har Sinai dijimos “Naasé venishmá” –haremos y escucharemos-. Todos sentimos y palpamos la presencia de Hashem, todos temblamos ante Su grandeza, todos vibramos ante Su cercanía. Y si tu quieres y te lo propones, cada año en este día de Shavuot, puedes volver a experimentar esa sensación tan especial de placer que se tiene al sentirte tan cerquita de HaShem. 

La decisión es nuestra, de ella depende nuestro futuro, el de nuestros hijos, y el de las generaciones que continuaraán.

Que Hashem nos ayude a tomar la decisión correcta, y nuevamente aceptar ese pacto eterno con nuestro judaísmo y nuestra Torá.

 Por. Sara bat Yojeved
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