Los palestinos deben madurar o madurar

Hay una nueva realidad en el Medio Oriente. Si bien las relaciones entre Israel y algunos países del Golfo ya se venían forjando entre bambalinas, los vínculos están comenzando a oficializarse paulatinamente. Después de Egipto, en 1979, y de Jordania, en 1994, Emiratos Árabes Unidos fue el primer país árabe en tomar el mismo camino, y menos de un mes después lo hizo Baréin. Aparentemente, Arabia Saudita podría ser el próximo en la lista, y el efecto dominó podría llevar a que también Omán se uniera. ¿Catar? ¿Kuwait? Parece que, por el momento, no; pero si todo esto continúa de este modo, ¿quién sabe?

Los acercamientos no se están produciendo solo con países del Golfo, también con otros países del mundo islámico. De hecho, Netanyahu se reunió a principios de año con el Abdel Fatah Abdelrahmán Burhán, presidente del Consejo Soberano de Sudán, y también hubo acercamientos con Marruecos, a pesar de que el Gobierno de este Estado africano por el momento se niegue a normalizar las relaciones con Jerusalén. Además, a principios de septiembre Kosovo e Israel se reconocieron mutuamente, y el país europeo anunció que será el primero con una población predominantemente musulmana en abrir una embajada en la capital israelí. Si bien Kosovo aún no tiene pleno reconocimiento internacional, y ni siquiera la ONU lo ha aceptado aún como Estado miembro, el tratado significa un gran avance para ambas partes.

Ahora bien, no seamos inocentes. Los acercamientos entre Israel y el mundo islámico, los países del Golfo, están relacionados con los intereses de ambas partes. Al fin y al cabo, se trata de política internacional, no de una novela romántica. 

El motivo más importante de los acuerdos alcanzados y los que están en proceso es la necesidad de enfrentar la amenaza iraní, preocupación que comparten varios países del Golfo y Jerusalén. Pero esa no es la única razón. A pesar de las hostilidades pasadas, las naciones árabes comprendieron que el Estado judío ya no podrá ser borrado del mapa y está allí para quedarse. Derrotarlo ha dejado de ser una opción viable. Y si Israel está allí, ¿por qué no aprovecharlo? Después de todo, se trata de un país avanzado en muchos ámbitos, como la tecnología, la ciencia, la agricultura y la medicina. En el Golfo hay dinero, mucho, y pueden beneficiarse de todo lo que el Estado judío tiene para ofrecer.

Los avances en la región también pueden estar relacionados con las nuevas generaciones y los cambios sociales positivos que se están registrando en algunos países islámicos aliados de Occidente. Es cierto, aún tienen un camino muy largo por recorrer en términos de libertades individuales, pero la situación ha mejorado.

Podríamos afirmar que la líder israelí Golda Meir (1898-1978) tenía razón cuando dijo: “La paz llegará cuando los árabes amen a sus hijos más de lo que nos odian”. Y eso es efectivamente lo que está sucediendo ahora en el Medio Oriente. Los árabes comenzaron a preocuparse más por su bienestar que por su odio. Claro, no me olvido, su bienestar también depende del debilitamiento de Irán, que si bien se encuentra bastante aislado, aún cuenta con los importantes apoyos de Rusia y China.

Los palestinos fueron utilizados en el pasado como excusa por los países árabes para oponerse a Israel. No hay que ser ningún erudito en los asuntos del Medio Oriente para saberlo. Pero la política internacional no es estática, sino que está en permanente cambio. Algunos conflictos se acaban y comienzan otros; algunos enemigos se tornan aliados y viceversa. Pero esta utilización cínica de los palestinos ha comenzado a llegar a su fin. Por lo tanto, los palestinos tienen algunas decisiones importantes que tomar.

¿Continuará el liderazgo palestino comportándose como un niño caprichoso que busca obtener placeres transitorios por medio de berrinches o entenderá que ahora deberá madurar para mejorar la situación de sus gobernados, si es que les interesa, aunque sea para mantenerse en el poder? El mismo grupo terrorista Hamás reconoce que lanza misiles contra Israel para obtener ciertos beneficios, como los millones de dólares cataríes y más visas israelíes de trabajo para los gazatíes. Por su parte, la Autoridad Palestina no se despega de su papel de víctima para seguir recibiendo dinero del mundo, incluso de Israel, y financiando a los terroristas y a sus familias. 

Los líderes palestinos deberían aceptar lo que muchos países árabes ya entendieron y buscar el bien de sus gobernados alcanzando un acuerdo con Israel (o al menos intentarlo) y otorgándoles libertad de una vez por todas, abandonando así el camino del terrorismo y de un victimismo cada vez menos creíble, incluso en el mundo islámico.

El infantilismo de los líderes palestinos cansó, hartó y aburrió. Muchas personas a las que entrevisté (palestinos e israelíes), que tienen contacto no oficial con civiles palestinos, también me comentaron que son muchos los que en Cisjordania y Gaza ya no soportan a los corruptos y totalitarios que los gobiernan, y ansían la paz. Sin embargo, temen hablar por temor a ser detenidos y torturados (en el mejor de los casos), o bien asesinados.

Israel ha demostrado y sigue demostrando que busca la paz, que está dispuesto a ceder y normalizar las relaciones con cualquiera que esté dispuesto a alcanzar un acuerdo para mejorar la realidad del Medio Oriente. Sí, incluso con aquellos que sólo clamaron por su destrucción durante años y años.

¿Qué lado van a elegir los palestinos? ¿El lado de la paz y la prosperidad que se está formando en el Medio Oriente o el de la pobreza, la guerra y la desestabilización, liderado por Teherán? Israel está preparado para ambos. Los caprichos ya no cuentan; es hora de que maduren de una buena vez. 

Leandro Fleischer

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