¿Dónde está Dios?




Hay una pregunta que a lo largo de los tiempos es constante para una gran parte de la humanidad y que es ¿Dios existe?, y si existe ¿por qué no evita el sufrimiento humano, las tragedias, las guerras, los genocidios?, ¿por qué existe el mal? y ¿por qué le pasan cosas malas a la gente buena?.

Si Dios realmente existe ¿por qué no le ahorra a la humanidad inmensos sufrimientos y calamidades?, ¿es Dios una construcción imaginaria de los seres humanos?. En pocas palabras, si el mundo está únicamente librado al arbitrio del ser humano, Dios no existiría porque al no intervenir en las decisiones del hombre deja al mundo a merced de las decisiones de éste. Pero aún así el ser humano se pregunta si Dios existe, ¿por qué suceden cosas espantosas, horribles y de sufrimientos inenarrables para la humanidad?. Fundamentalmente ¿dónde está Dios cuando estas cosas suceden?, ¿por qué no evita estos dolores?, ¿por qué no evita estas muertes?.

La historia de la humanidad está plagada de hechos terribles, y también de contradicciones en las conductas de las personas, a tal punto que uno se pregunta ¿por qué incluso personas que se dicen creyentes en Dios cometieron crímenes contra etnias, pueblos, culturas, religiones diferentes?, ¿es acaso el hombre lobo del hombre?.

En consecuencia, ¿Cómo seguir creyendo en Dios?

En principio, tenemos que aceptar que la mente y la razón no es todo, porque simplemente no podemos entender con instrumentos limitados de nuestro ser la infinitud del Creador. Dios no tuvo la culpa de esas matanzas porque los que provocaron esas matanzas fueron los hombres. Dios le legó a la humanidad en los 10 mandamientos y en las 7 leyes Noájidas la instrucción o mandamiento:“NO ASESINARÁS”. En consecuencia, es el hombre el que no siguió esas instrucciones que establecieron un código que debía seguir la humanidad.

Por lo tanto, la pregunta que debemos hacer es ¿dónde estuvo el hombre?, que a pesar que tenía la ley de “NO ASESINARÁS”, la desoyó, se desvió y perdió su humanidad.

La otra pregunta que debe ser formulada es ¿Dónde está el hombre que debe vivir dentro del hombre?

En el relato de la Torah (Antiguo Testamento , capítulo 4, versículo 10 del libro Génesis), cuando Caín mata a su hermano Abel y se esconde, Dios pregunta: “¿dónde está tu hermano Abel?”, y Caín responde: “No sé, ¿acaso soy yo guardián de mi hermano?”, y Dios pregunta:” ¿Qué has hecho?, la voz de las sangres de tu hermano clama a mí desde la tierra”. La palabra sangres está en plural, para significar que se refiere a la sangre de Abel y de sus no nacidos hijos que éste hubiera podido tener en el futuro. Por eso el que mata una sola persona mata a un mundo por la multitud de personas que no podrán nacer a partir del que fue asesinado.

Evidentemente, el libre albedrío que nos fue dado cuando no se ejerce adecuadamente para las mejores decisiones de la vida, se transforma en un instrumento terrible. Pero a pesar del riesgo que implica, el ser humano es libre para decidir si va a ser o no guardián de su hermano, si va a ejercer el mal o no. Esto deja una tarea de tremenda responsabilidad en la humanidad. En definitiva, somos el producto de nuestras decisiones. El dolor puede hacer que algunas personas se aparten de la fe en Dios, pero para los verdaderos creyentes apartarse del Creador es apartarse de la respuesta misma al dolor y al sufrimiento y si lo hicieran, el dolor los haría víctimas nuevamente.

El Rebe de Lubavitch distingue de manera brillante la diferencia que existe entre una vida biológica y una vida simplemente espiritual. Vivir una vida espiritual es entender que podemos elevarnos con las mejores decisiones que podemos ejercer en la vida. No estamos condenados a nada, solo a hacernos cargo de nuestro libre albedrío. Obviamente, no hay una explicación racional que justifique y explique finalmente el dolor que fue infligido a la humanidad por las matanzas a través de los tiempos. El pueblo judío es un ejemplo vivo de este dolor. Solo nos queda quizás la resignación. Pero si transformamos la resignación y el dolor en un impulso enorme para hacer el bien y pudiéramos alentar a otros a hacer lo mismo, aliviaríamos el sufrimiento de la humanidad.

El filósofo Albert Camus, decía que “uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia sino de quienes la padecen”. Pero, yo agregaría que podemos hacer algo más que solidarizarnos con quienes padecen la historia, y es ser parte de la historia. Porque nuestro espíritu no debe temer a los tiempos, tiene que enfrentarlos y estampar en ellos nuestra forma. El pueblo judío estampó a través de la historia ( y sigue haciéndolo) nuestra forma para seguir siendo una luz para todas las naciones del mundo.

La muerte , en definitiva, es la ausencia de Dios, la oscuridad es la ausencia de luz, y la apatía es la ausencia de humanidad.

En definitiva, la pregunta no es ¿Dónde está Dios?, sino ¿Dónde está el hombre?

Dr. Alberto Ruskolieker

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