De la ignorancia histórica pasando por la ineptitud diplomática a la manifestación ideológica

La semana pasada y a raíz del conflicto armado entre el Estado de Israel y la organización terrorista palestina Hamas, la Cancillería argentina dio un comunicado en relación al mismo donde señalaba que la actuación de las fuerzas israelíes era desproporcionada y omitiendo hacer referencia del ataque con misiles al que era sometida la población civil de Israel y menos aún sobre el grupo terrorista agresor, lo que produjo desde indignación a vergüenza en gran parte de la sociedad argentina, y en el plano internacional mostraba al gobierno en disonancia con las democracias, y como dice el dicho, “el que calla otorga”, ergo al no condenar el accionar terrorista, se alinea con aquellos actores que apoyan o financian al terrorismo islamista radical.

En principio, un comunicado o declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores fija y expresa la posición del gobierno nacional, y en este caso, habría que preguntarse si es, ignorancia histórica, o bien ineptitud diplomática, o quizás peor, manifestación ideológica.

Si lo tomamos como ignorancia histórica, y sin ir muy atrás en el tiempo ni apelar a la narración bíblica, es evidente que no tienen la menor idea del origen y el desarrollo de los nacionalismos árabe y judío, de los procesos posteriores a la 1ª Guerra Mundial, desde la Declaración Balfour en 1917, del Acuerdo Weissman – Faisal de 1919, la Declaración de los Siete Árabes, el Informe de la Comisión King – Crane, ambos de 1919 también, de los Tratados de San Remo y de Sevres, de 1920, del de Lausana de 1923, de los tres Libros Blancos redactados por los británicos en 1922, 1930 y 1939, del Programa Biltmore de 1941, de la creación en 1945 de la Liga Árabe a instancia de Londres para asegurarse la continuidad del Mandato Británico en Palestina, la Declaración Bevin del mismo año y finalmente de la Resolución 181  de la recién creada ONU de noviembre de 1947, que fijaba el cese del mandato inglés y la partición de Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe.

A partir de 1948, más precisamente del 14 de mayo, mientras David Ben Gurión declaraba el Estado de Israel como Estado soberano y democrático, Egipto, Jordania, Siria, Líbano, Arabia Saudita e Irak iniciaban el primer conflicto israelí-árabe, sin la más mínima preocupación ni interés en ayudar a la población árabe palestina en establecer una entidad estatal, por el contrario, cuando para enero de 1949 Egipto solicita la firma de un armisticio, lo que hoy se conoce como Cisjordania, incluido el sector oriental de Jerusalem, quedó bajo dominio del Reino de Jordania y la Franja de Gaza, lo propio pero en manos de Egipto y del Estado Árabe Palestino, nada, y no precisamente por ocupación israelí.

Luego siguieron los conflictos armados de 1956 entre el Egipto de Gamal Abdel Nasser, la Guerra de los Siete Días en 1967, la Guerra del Iom Kipur en 1973, tras lo cual vinieron los Acuerdos de Paz de Camp Davis, firmados por Anwar al Sadat, presidente de Egipto, sucesor de Nasser y el 1er Ministro israelí Menajem Beguin, con la garantía del gobierno estadounidense de James Carter, aunque la Asamblea General de la ONU, en noviembre de ese mismo año no reconoce la validez de los Acuerdos y emite una Resolución por la que exhorta a la OLP, creada en mayo de 1964, con los auspicios de la Liga árabe, y dirigida por el egipcio Yasser Arafat, a que renunciara al terrorismo, por lo tanto podemos demostrar fácticamente que el terrorismo palestino organizado lleva algo más de medio siglo.

En los años 80 del siglo pasado, el Líbano estaba sumido en una guerra civil que había estallado en 1975 y que finalizará en 1990, y la aparición de otra organización terrorista, el Partido de Dios o Hezbollah, y tanto ésta como la OLP llevabaron a cabo ataques contra Israel, que debió actuar para neutralizar este accionar, dando lugar a la llamada Guerra del Líbano, 1982.

En aquellas décadas, los 70 y 80, tanto la OLP, el Hezbollah y la Jihad Islámica llevaron a cabo una infinidad de sangrientos atentados y secuestros de aeronaves e incluso navíos, lo sucedido en los Juegos Olímpicos de Munich en 1972, los 19 ataques que tuvo que soportar la empresa EL AL en 17 años, el secuestro del airbus A300 de Air France en 1976 que tuvo como corolario la exitosa Operación Entebbe llevada a cabo por las FDI, el derribo del vuelo 103 de PAN AM o lo sucedido con el crucero Achille Lauro en 1988, por citar algunos, hasta que a principios de la década de los 90 se iniciaron una ronda de conversaciones que resultaron en los Acuerdos de Madrid de noviembre de 1991/1992, avalados por los EE.UU. y Rusia, que se tradujeron en negociaciones bilaterales y multilaterales entre Israel, Jordania, Siria, Líbano y la OLP como representante de los intereses del pueblo árabe palestino, y  finalmente en 1994, año que también se firma el Tratado de Paz con Jordania, se firman en Oslo, Noruega, los Acuerdos entre Israel y la OLP, en lo que parecía iniciar un camino hacia la paz, pero lamentablemente el líder palestino Yasser Arafat rechazó la oferta del entonces 1er Ministro Ehud Barak, y entre el establecimiento de un Estado palestino y la Intifada, eligió esta última y desde entonces todas las iniciativas y propuestas realizadas por Israel para posibilitar la convivencia pacífica de Dos Estados, fue respondida con una 2da Intifada y atentados terroristas, ni siquiera la entrega de la Franja de Gaza en el 2005 llevada a cabo por Ariel Sharon, han servido para construir la paz, por el contrario, los ataques del HAMAS y la Jihad Islámica contra Israel se han potenciado, tal como asistimos en la actualidad, pero claro esto es Historia, algo que al menos el presidente argentino y su canciller parecen ignorar.

En cuanto a la ineptitud diplomática, partamos de la base que el actual ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Solá, no tiene ninguna formación en Relaciones Internacionales ni en Diplomacia, y que seguramente ha primado el principio de Obediencia Debida sobre el sentido común de asesorarse de aquel personal de carrera de la Cancillería que conocen la problemática de Oriente Medio, por cierto compleja, y que necesita de una mirada aguda y de acciones que no sean disonantes en el contexto internacional, por ejemplo recordar que el Artículo 51 de la Carta de la ONU que reconoce el Derecho de Legítima Defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado, que es la respuesta de Israel siempre que fue atacado, o que en 1995, en la Declaración por el Cincuentenario de la creación de la ONU, en el Capítulo “Sobre consideraciones sobre la Paz”, expresa el compromiso de “…actuar juntos para conjurar las amenazas que el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones hacen pesar sobre los Estados y las personas…”, un documento que fue ratificado por Argentina, también parece que no se reparó en los objetivos que persigue el Derecho Internacional Humanitario, entre estos la protección de la población civil y aunque parezca contradictorio “humanizar la guerra”, algo que por cierto no esta en el accionar del HAMAS pero si en los avisos previos a los ataques que lleva a cabo Israel, o me pregunto si el canciller y sus asesores inmediatos conocen el contenido de la Resolución 60/288 de la Asamblea General de la ONU, del 2006, que fija la Estrategia Global de ese Organismo Internacional respecto al Terrorismo, donde se afirma y cito, “…constituye una de las amenazas más graves para la paz y seguridad internacional…” lo que se instrumenta a través de la Oficina de Asuntos de Desarme, que es miembro del Equipo Especial sobre la Ejecución de la Lucha contra el Terrorismo de la ONU, y para no extenderme más, y mostrando la posición de las democracias frente a la organización terrorista HAMAS, el Tribunal de Justicia de la UE, rechazó en el 2019 un recurso de dicho grupo para que fuera excluido del listado de organizaciones terroristas, en el cual también figura la Jihad Islámica Palestina y el Hezbollah, lo cual explica porque los países democráticos han condenado el accionar del HAMAS y ratificado su apoyo al Estado de Israel y que ante la posición asumida por nuestro gobierno demuestra una ineptitud o miopía diplomática.

Ahora bien, si intentamos analizar el comunicado como una manifestación ideológica, vamos a comprobar como en lo histórico y en lo diplomático, encontraremos puntos interrelacionados con esta tercera posibilidad.

Cuando desarrollé la Ignorancia Histórica, dejé para este punto, como durante el período de la Guerra Fría, donde ambos bloques enfrentados, el Occidental y el Oriental, sumidos en el peligro de la Mutua Destrucción Asegurada, la lucha por el Poder a nivel mundial se instrumentó a través de  terceros actores, algunos estatales y otros no estatales, entre ellos las organizaciones terroristas, como ser la OLP, el HAMAS, el HEZBOLLAH, las Brigadas Rojas de Italia, el Grupo Baader Meinhof de Alemania, el ETA de España, y en América Latina, las FARC y el ELN de Colombia, Sendero Luminoso de Perú, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez de Chile, el Movimiento Tupamaros de Uruguay y en nuestro país, Montoneros y el Ejercito Revolucionario del Pueblo o ERP, dando lugar a una llamemos “solidaridad internacional entre organizaciones terroristas”.

En aquel contexto se dieron las relaciones entre Montoneros y la OLP a través del envío de cerca de 200 elementos terroristas argentinos a completar el entrenamiento militar durante dos meses en los campamentos de Al Fatal en la Libia de Muamar Khadafi, como así también en campos de entrenamiento ubicados en el Líbano.

La foto que ilustra la reunión entre la cúpula de Montoneros, Mario Firmenich y Fernando Vaca Narvaja con el líder de la OLP, Yasser Arafat, Beirut 1977, lo dice todo, una relación que sin embargo data de 1972 con Rodolfo Galimberti y continuada por Rodolfo Walsh, Envar el Kadri y Miguel Bonasso, según testimonios recogidos en el libro, “Montoneros y Palestina” del sociólogo Pablo Robledo.

Pues bien, ha transcurrido casi medio siglo desde aquel mundo Bipolar con sus alineamientos ideológicos, sin embargo, en el andar del presente siglo hay actores estatales y no estatales que han reseteado el discurso setentista, son los que hoy se alinean en el Socialismo del Siglo XXI y se agrupan en el Foro de San Pablo y el Grupo de Puebla, que no condenan los atropellos a los DD.HH. y los crímenes de lesa humanidad perpetrados por dictaduras como la de Nicolás Maduro en Venezuela, por autoritarismos como el de Daniel Ortega en Nicaragua, o las autocracias de Putin en Rusia o de Xi Jimping en China o de la teocracia de la República Islámica de Irán, por lo cual podemos entender que el comunicado de la Cancillería argentina, podrá pecar de ignorancia histórica, de ineptitud diplomática pero fundamentalmente de manifestación ideológica.

Finalizando mi columna de hoy, como ciudadano, como profesor universitario de Relaciones Internacionales, creo que es incomprensible que un país que ha sufrido los dos atentados terroristas más graves en América Latina, a la embajada de Israel y a la sede de la AMIA, no se condice con lo expresado por representación argentina permanente ante la ONU que afirma que el terrorismo constituye una amenaza a la vida y a la dignidad humana, a la convivencia pacífica y a la paz y a la seguridad internacional, tampoco refleja el pensar y sentir de la gran mayoría del pueblo argentino, es lisa y llanamente una aberración producto de una visión perversa y perimida ideológica, ayudada por la ignorancia histórica y miopía diplomática, y quizás ahora que la OEA en el día de ayer ha clasificado al HAMAS como organización terrorista, el gobierno argentino tenga el atino de incluirla en el RePET, el Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a Actos de Terrorismo y su Financiamiento, tal como se hizo en julio del 2019, aunque en el fondo sabemos que de hacerlo será por ser lo políticamente conveniente, pero no creo que cambie la visión ideológica de aquellos que han sido y siguen siendo a fines con el terrorismo y con quienes lo apoyan y financian, por eso como colofón cito una sabia reflexión de Nicolás Maquiavelo, dirigido a nuestro presidente,“…No son los títulos los que honran a los hombres, sino que los hombres honran a los títulos…”.

 

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