Afganistán nos revela el detrás de la puja global y la importancia de los Recursos Naturales Estratégicos

Por el Prof. Luis Fuensalida

El profesor Michael T. Klare, experto en Seguridad Internacional y Director del Hampshire College, Massachusetts, USA, en el 2003 escribió un interesante libro, “Guerras por los Recursos”, donde analiza como el petróleo, el gas, el agua y los minerales son la causa de conflictos armados protagonizados por facciones u organizaciones terroristas o sectarias, pero del que no se pueden excluir actores estatales interesados en el control de esos recursos naturales, en particular aquellos de rango estratégico.

Terminada la Guerra Fría y tras el breve período de un EE.UU. hegemón global, a la vez que se iba consolidando China como la 2da. potencia mundial, la puja entre ambos actores estatales se hizo más que sensible en el campo económico a través de una verdadera Guerra Comercial, pero ésta en realidad es sólo la punta del iceberg, pues la real competencia por el liderazgo internacional se da en el campo de la ciencia y la tecnología, enmarcado en la 4ta. etapa de la Revolución Industrial y donde ciertos recursos naturales, en particular minerales, y considerados estratégicos, son el objetivo geopolítico y geoeconómico de ambas superpotencias.

En ese sentido, Afganistán me servirá para demostrarles que más allá de la caótica retirada de los EE.UU. y sus aliados, de la rápida toma del poder del Talibán, de los focos de resistencia armada y las protestas de ciertos colectivos, en particular el femenino, en defensa de sus derechos, hay otra guerra que se está librando en aquel país de Asia Central, es la guerra por el control de los recursos naturales y depósitos de minerales que posee el rico subsuelo afgano.

Ya durante la ocupación soviética en el Siglo pasado, Moscú realizó un relevamiento confirmando la abundancia de minerales, algo que fue ratificado décadas después, a principios del presente año, por el Servicio Geológico de los EE.UU., pero que considerados a la luz del actual desarrollo y proyección de la ciencia y la tecnología de punta, es decir, en plena transición energética condicionada por el cuidado climático, las reservas y depósitos de minerales tales como la bauxita, el cobre, el hierro y en especial, el litio y las tierras raras, les confiere a éstos un importantísimo valor estratégico, pues lo que se intenta es prescindir de los combustibles fósiles –gas/petróleo-, y entonces aquellos minerales  son cada vez más codiciados, por ejemplo el cobre, que es primordial para la fabricación de conductores eléctricos batió el récord en los mercados a nivel global, cotizando a más de u$s 10.000 la tonelada.

Con respecto al cobre, en mis columnas anteriores sobre la crisis afgana, señalé que ya en el 2008, China había obtenido la concesión para la explotación del gran yacimiento de Aynak, y que en el 2015, Beijing inició las conversaciones con el ahora gobierno depuesto, para obtener los permisos para continuar con esa actividad que había sido bloqueada por intereses non santos, y que ahora con el respaldo a nivel internacional que le daría China al régimen Talibán, se reeditaría la inversión del gigante asiático.

El interés de Beijing, fue advertido en su momento el Gral. David Petraeus, Jefe de la Coalición liderada por EE.UU. que puso pie en Afganistán tras los atentados del 9/11, al señalar que China siempre estuvo interesado en entrar en Afganistán y extraer y controlar la importante riqueza en minerales, que según recuerda el militar estadounidense, una ONG estimó en más de 2 billones de dólares, incluido el litio y la tierras raras, que son ambicionados con agresividad por el gobierno chino.

Veamos, el litio es un elemento esencial para la transición energética, y Afganistán posee una enorme reserva sin explotar que incluso igualarían según los cálculos previos, a las de Bolivia que hasta el presente tiene la mayor a nivel global, un recurso que de acuerdo a un informe del año 2013 de la Agencia Internacional de Energía, su demanda se multiplicaría por 40 de hoy al 2040, más teniendo en cuenta su utilización para el almacenamiento de energía en baterías y en parques eólicos y solares, algo que coincide con un informe del 2020 de la U.E. que lo incluyó en la lista de los 30 recursos naturales considerados críticos, junto a otros como el cobalto, el tantalio, el grafito  y el silicio, un tema que para quienes le interese, esta muy bien analizado en la obra de Guillaume Pitron “La guerre des métaux rares” o La guerra de los metales raros.

Ahora, me referiré a las llamadas “Tierras Raras”, son 17 minerales críticos, son óxidos metálicos, tan importantes que gracias a ellos funcionan desde un teléfono celular, una resonancia magnética y hasta un misil, que para quienes recuerden la Tabla Periódica de Elementos, son el itrio, el escandio y los 15 del grupo de los lantánidos, que se caracterizan por sus propiedades magnéticas, conductoras e incluso luminiscentes, y que se hayan presentes en el subsuelo afgano, y son recurso críticos porque no tienen sustitutos, y de los que China produce más del 70% de tierras raras a nivel global, pues anualmente se producen unas 170.000 Tn., de las cuales 120 mil las extrae China, 20 mil Australia y 15 mil los EE.UU., que importa del gigante asiático, aproximadamente el 80% de tierras raras que necesita para sus tecnologías, incluido el campo militar, pues se aplican en los misiles cruceros y en aviones de combate y representan un coste de más de u$s 160 millones anualmente, y es aquí donde entra a tallar la llamada Guerra por las Tierras Raras.

En este sentido, de la mano de Xi Jimping, China ha decidido enfrentar con agresividad la puja cuando amenazó a los EE.UU. con interrumpir el suministro de tierras raras por el veto de Washington a la empresa Huawei, y tal como lo señaló el Global Times, “…si China cierra el grifo de esos materiales críticos, sería como rebobinar la industria tecnológica varias décadas…”, algo que si recordamos ya ocurrió, cuando se suscitó una grave crisis con el Japón por el litigio de un archipiélago, y China adoptó la posición de cerrar la exportación de estas tierras raras, lo que provocó que se dispararán los precios y las empresas tecnológicas se vieron seriamente apremiadas, debiendo recurrir al mercado negro.

China a diferencia del Reino Saudita que depende del petróleo y las rentas emergentes, el gigante asiático domina la cadena de producción de las tierras raras, desde la extracción, refinamiento del óxido y cierra el circuito con el producto ya terminado, desde una batería a un escudo térmico, lo que demuestra que la guerra por las tierras raras es una de las facetas de la competencia a nivel global por el control de los recursos naturales, en particular los estratégicos, y sino veamos algunos ejemplos, las empresas chinas se diseminan globalmente, en el Congo, que posee la mitad del cobalto del mundo, prácticamente controla esa extracción, lo mismo que el Coltan, que es uno de los 32 materiales estratégicos reconocidos por Washington, o tenemos el caso del litio de Australia y Chile, donde las empresas Ganfeng y Tianqui, le compiten a las inversiones de compañías estadounidenses y europeas, lo mismo el liderazgo de China de otros materiales como el magnesio que posee el 60% a nivel mundial o el 40% del grafito, en síntesis, China controla prácticamente la mitad de las materias primas del mundo, y como si esto fuera poco, recientemente Beijing ha colocado una zonda en la Luna con el objetivo de explotar los recursos del helio-3, elemento requerido para el proceso de la fusión nuclear como combustible, que resolvería las necesidades energéticas a nivel global por cerca de 10 mil años, tal como lo afirmó Ouyang Ziyuan, director del programa lunar chino, a la BBC.

Por lo dicho, creo que no es disparatado hablar de una nueva Guerra Fría, que ha diferencia de la vivida en el Siglo XX, la actual no pasa precisa y necesariamente por el poder militar, sino por el poder científico y tecnológico de punta, como el campo de la Inteligencia Artificial y el 5G, y donde China cuenta con empresas del sector, búsqueda, comercio electrónico o redes sociales, que compiten cabeza a cabeza con las estadounidenses, por ejemplo, Baidú vs. Google, Alibaba vs. Amazon o Tencent vs. Facebook, sin olvidar que el mayor tenedor de Bonos del Tesoro de los EE.UU. es justamente China, y que si decidiera en algún momento venderlos obligaría a la Reserva Nacional a subir las tasas de interés, con efectos recesivos en la economía mundial, que desataría una nueva crisis global.

Finalmente, sirva la crisis de Afganistán a modo de portaobjeto para analizar una realidad que subyace al conflicto en si, que es la lucha por el liderazgo mundial entre las dos principales y grandes potencias, EE.UU. y China, a mi entender el gran ganador de la desastrosa retirada de Washington y sus aliados, pues a Beijing, y tal como lo señalé en columnas anteriores, no le interesa quién detenta el poder el Afganistán, ni como lo hace, sino que sus objetivos son, en lo regional el CECP o Corredor Económico China Pakistán y con efectos globales, el control de los recursos naturales estratégicos que posee el subsuelo afgano, y esta ha sido mi intensión al abordar la Guerra por las Tierras Raras, pues si hacemos memoria y nos ayudamos de la Historia, comprenderemos mejor esto, tal como lo afirma el Dr. Ricardo Prego, del Dpto. de Geología de la Universidad de Santiago de Compostela, España, “,,,la Edad de las Tierras Raras es un período histórico único, pero no es algo novedoso, sucedió algo parecido en la Edad de Bronce con otros metales, el cobre y el estaño, pues ambos fueron críticos para la agricultura y estratégicos respecto de las armas, antes fue Chipre la isla de donde salía el cobre que permitió la fabricación de nuevos arados y espadas, hoy es China la que produce el 70% de las Tierras Raras…”, en fin, mientras tanto Afganistán sufre la llamada Maldición de las Riquezas Naturales, como otros países en vías de desarrollo, que pese a ese gran potencial, viven con un alto índice de pobreza, con recurrentes conflictos armados protagonizados por grupos sectarios patrocinados o financiados por actores estatales que buscan satisfacer sus propios objetivos, sean geopolíticos o geoeconómicos, y no olvidemos a lo que en 1816, Napoleón Bonaparte dijo, “…China es un gigante dormido, dejadlo dormir, porque cuando despierte, el mundo se sacudirá…”.

GMAR JATIMÁ TOVAH!!!

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