Stiuso, los cuatro mensajes del espía que vuelve con la sangre en el ojo

Lo último que supimos de Antonio Stiuso fue que se negó a apelar una resolución en su contra por un juicio que él le había hecho al gobierno de Cristina Kirchner, en junio de 2021.

No desistió porque estuviera conforme con el revés judicial, sino porque pensaba que era inútil.

Que con Cristina fuerte en el Gobierno, cualquier intento suyo por insistir con la querella (acusaba a Cristina de espiarlo y perseguirlo a él y a su familia) sería en vano.

Mensaje número uno: el espía que más conoce a los Kirchner cree que con ellos en el poder los fallos judiciales les han resultado, en gran medida, benévolos.

No lawfare, sino lawfriend.

Stiuso sabe perfectamente de qué habla: cuando el ex juez Oyarbide sobreseyó a Néstor y Cristina por enriquecimiento ilícito, en 2009, lo hizo tras recibir instrucciones del contador de los Kirchner adentro de una oficina de la SIDE. Lo contó el propio contador, Víctor Manzanares.

Sin embargo, ahora Stiuso (le dicen Jaime por James, de James Bond) -ex hombre fuerte de la SIDE de Néstor Kirchner- decide salir de las sombras de nuevo y pide declarar, por cuarta vez, en la causa que investiga la muerte del fiscal Alberto Nisman, considerada en el expediente como un asesinato.

Mensaje número dos: el espía que más conoce a los Kirchner cree que ahora cambió el viento, que la coalición de Gobierno que integra Cristina puede perder, que podrían venirse algunos fallos no tan benévolos y que decir algo que sabe y no dijo hasta ahora en el caso de la muerte de Nisman podría tener posibilidades de prosperar.

Acertados o no, son cálculos que aprendió a hacer durante sus 34 años como agente secreto.

Extrañamente (aunque no por casualidad) la sorpresiva reaparición de Stiuso sacó también de sus sombras al ex jefe del Ejército Cesar Milani.

Éste reaparece con un largo hilo de tuits diciendo que “se acerca el 18 de enero -aunque aún faltan dos meses y medio con un Mundial de fútbol en el camino del interés nacional- y otra vez planean desenterrar a Nisman”.

Y denuncia algo así como maniobras para “intentar volver a implicarme en intrigas de inteligencia ilegal y en la muerte del fiscal”.

Curioso y sugestivo. Milani sale a bailar antes de que lo saquen.

Para él y para el kirchnerismo en pleno, sólo mencionar a Nisman es elucubrar planes conspirativos o hacer maniobras.

Es un inconveniente que la causa siga abierta. Si investigar es maniobrar (en el sentido de sumar testimonios al expediente), lo que molesta es que se siga investigando.

¿Cuál es el problema, si todos están seguros de no tener nada que ver con la muerte de Nisman?

Reportando directamente a Cristina, Milani manejaba la inteligencia paralela del Ejército cuando Nisman fue hallado muerto. Según fuentes judiciales y políticas, también centralizaba los datos de la SIDE cuando Parrilli quedó al frente del organismo.

Milani nunca fue llamado a declarar en el caso Nisman, al que llama “suicidio”.

Mensaje número tres: Milani teme que Stiuso -a quien llama “servil” en sus tuits- cuente algo que lo ponga en la lista de los próximos citados.

¿Y de qué hablará Stiuso, convocado para el 29 de noviembre?

En su carta para ampliar su testimonial (algo que cualquier persona puede hacer en cualquier momento del proceso) sólo anticipó que se referirá a “trascendidos periodísticos” sobre cuestiones que no se conocían cuando él declaró.

Por ejemplo, el ex espía de la SIDE que en una entrevista con Clarín aseguró que él y un compañero habían sido enviados por el gobierno de Cristina a espiar la fiscalía de Fein apenas ésta comenzó a investigar la muerte de Nisman, algo que ahora se tramita en una causa aparte.

Otra revelación de este diario fue el incendio en la Casa Rosada que hubo la tarde anterior a la muerte del fiscal y que borró para siempre 130.000 registros de entradas y salidas a la sede del gobierno argentino mientras se negociaba el Pacto con Irán.

El jefe de la Casa Militar -encargado de la seguridad en el edificio, quien dependía en ese momento de Aníbal Fernández- era un salteño llamado Agustín Rodríguez, formado en el área de Inteligencia del Ejército.

Es decir, un hombre de Milani.

Antes de ser jefe de la Casa Militar, Rodríguez trabajó cinco años en la Inteligencia Militar de Jujuy, un año en la Central de Inteligencia Militar en Buenos Aires y cinco años más en la Compañía de Inteligencia Militar N° 11 de Río Gallegos, donde conoció a Néstor y Cristina Kirchner.

Mensaje número cuatro: Stiuso podría abrir nuevas e inesperadas ventanas en una causa que siempre es una piedra en el zapato para el kirchnerismo.

El espía que más conoció a los Kirchner sabe que Cristina sabe lo que él sabe.

Y hace su juego, que nunca pasa desapercibido.

El enigma de siempre es hasta dónde está dispuesto a contar y qué se seguirá guardando como salvoconducto para futuras apariciones.

“Dejar atrás el pasado no es olvidar”, escribió Stiuso cuando desistió de apelar aquella decisión en su contra, en 2021.

El negocio de los espías es no dejar atrás el pasado nunca.

Fuente: Clarín