El piloto logró maniobrar sobre la pista mal señalizada y casi invadida por malezas. Se percibía un silencio tenso, pero cuando la puerta se abrió, la tripulación divisó al equipo que se acercaba.
Dentro del avión, el personal médico y sus asistentes estaban expectantes: sabían que decenas, quizás cientos de etíopes esperaban agazapados en la oscuridad. Habían caminado meses para llegar a ese momento, habían dejado sus muertos en el camino, tenían la piel curtida por el dolor, la humillación y el exilio interminable.
Cuando se les indicó, caminaron rápidamente hacia el avión, algunos cargando en brazos a sus bebes y niños hambrientos, y otros, unas pocas pertenencias en bolsas.… Leer más

