Aunque separados por miles de kilómetros y realidades culturales muy distintas, Venezuela e Irán muestran respuestas casi idénticas cuando el malestar social se vuelve visible. En ambos países, las protestas se concentran muchas veces de noche, cuando el control estatal pierde eficacia y la vigilancia se debilita.
La reacción de los gobiernos es inmediata y repetida: cortes de internet, bloqueo de señales y un discurso oficial que intenta minimizar o negar los hechos. La lógica es clara: si no se ve, no existe. A esa estrategia se suma la construcción de un enemigo externo —Occidente en el caso iraní, “el imperio” en el venezolano— como forma de evitar asumir responsabilidades internas.… Leer más
