ENCIERROS, JABON, MASCARILLAS Y PACIENCIA

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Si te encuentras en España, Perú, Italia o Estados Unidos tal vez estés trabajando desde casa. Desde el fin de semana distintos países en América Latina han cerrado sus fronteras, entre ellos Costa Rica, Chile, Ecuador, Perú y Honduras. Y en muchos otros, la restricción va más allá e impide que la mayoría de las personas salgan de casa, una medida que divide y asusta.
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Pero en vastas regiones del continente, millones de personas siguen estornudando en atestados vagones del metro o apretujándose en festivales musicales, como sucedió en México hace un par de días. La propagación del virus es invisible pero sus efectos en el cuerpo pueden ser tan devastadores como desconcertantes: basta leer la historia de dos mujeres de 29 años en Wuhan que contrajeron COVID-19 con muy distintos desenlaces.
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Las cifras de nuevas infecciones en todo el mundo siguen creciendo (173.800 hasta anoche) y los gobiernos van implementando medidas de emergencia. Pero, puertas adentro, los pequeños actos de millones de personas resultan poderosos, como lavarse las manos o comprar víveres con inteligencia o, claro, quedarse algunos días sin salir.
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Diego Fonseca, colaborador de Opinión, escribe desde su encierro en Igualada, en Cataluña: “Si nos cuidamos, cada individuo sano o con una enfermedad leve —ambos recluidos en casa— quita presión sobre el sistema de salud. Un individuo puede cambiar por sí mismo y, en la distancia corta, ser influencer familiar y de sus amigos”.
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— Elda Cantú
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Desde la redacción
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En el episodio del viernes de nuestro pódcast, The Daily, Donald G. McNeil Jr., reportero de ciencia, nos explica cómo funcionó el aislamiento doméstico en China:
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| “Entre 75 y 80 por ciento de todas las infecciones en China sucedieron entre grupos de familias. Así que sabían que si los sacabas de la familia antes de que infectaran a todos los demás familiares podrías reducir los casos”. |

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En otro segmento, el anfitrión Michael Barbaro le pregunta si las recomendaciones también valen para los jóvenes. McNeil responde que solo no te conciernen “si eres egoísta”. Y agrega:
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| ¿Tienes padres? ¿Algún abuelo? ¿Quieres ser el vector que les lleve la enfermedad? ¿Conoces y quieres a alguien que es mayor y podría ser frágil? No quieres que tu último recuerdo de esa persona sea que tú les contagiaste el virus que los mató. |

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Para pasar el tiempo hay quienes resuelven crucigramas, bailan, aprenden otro idioma, cocinan, tejen, saltan en paracaídas o se pegan a un videojuego. Y quienes se convierten en decoradores de interiores…a escala.

El Times
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