Iosef Trumpeldor, el perfil de un “jalutz”

En el día de ayer, 21 de noviembre, se cumplió un nuevo aniversario del natalicio de
Iosef Trumpeldor, quien nacio en 1880 en Pyatigorsk, Rusia, y fue uno de los primeros activistas sionistas, un líder y un pionero notable por su capacidad de organizar centros agrícolas en Eretz Israel y de traer inmigrantes judíos. El curso de su vida, el heroísmo y su caída en el enfrentamiento de Tel Jai lo convirtieron en un modelo a seguir y en un héroe nacional.
Provenía de una familia que le brindó una educación liberal para la época, su padre Wulf fue secuestrado a los 13 años por los cantonistas para el servicio militar en el Imperio Ruso y sirvió como médico de combate durante muchos años, por lo cual Iosef fue educado en la lealtad al judaísmo, al zar, al ejército ruso y a su Rusia natal. El idioma que se hablaba en la familia era el ruso y no el yidish, como era habitual entre los judíos rusos en ese momento.
Si bien no pudo avanzar en sus estudios debido al ‘numerus clausus’ que limitaba el número de judíos admitidos en las escuelas rusas, de joven se enroló como voluntario en el ejército ruso para tomar parte en la guerra ruso-japonesa. A pesar de haber encontrado un fuerte antisemitismo en su unidad militar, desde el comienzo de las batallas, Trumpeldor se destacó por su compostura, resistencia y valentía.
El 20 de agosto de 1904, un proyectil le destrozó su mano izquierda, por lo cual los médicos le amputaron el brazo por encima del codo. A pesar de su grave lesión regresó al frente, por su heroísmo en dicha guerra y por su valentía recibió cuatro condecoraciones, incluyendo la Cruz de San Jorge, lo que lo convirtió en el soldado judío más condecorado de toda Rusia.
La pésima performance del ejército ruso en la guerra provocó que el 2 de enero de 1905 su unidad se rindiese al Japón. Trumpeldor fue llevado a un campo de prisioneros de guerra japonés, en el cual los soldados capturados fueron divididos en campos según su afiliación religiosa. El encuentro con otros judíos cautivos despertó fuertes sentimientos nacionales en Trumpeldor, en el campo de prisioneros de guerra creó talleres, escuelas, una biblioteca, una compañía de teatro e incluso se dedicó a organizar las necesidades religiosas, al pedirle a los japoneses que le ayudaran a hornear matzá, a obtener un rollo de la Torá y talitim para la oración e incluso preparar ‘kartisei brajá’ para la festividad de Rosh Hashaná, además publicó un semanario sionista en yiddish y ruso llamado “Der Yudisher Leben” (La Vida judía).
En 1906, una vez liberado, Trumpeldor fue ascendido al rango de oficial y recibió muchos honores y condecoraciones. Además, se le ofreció inscribirse en la academia militar y seguir una carrera militar, pero Trumpeldor, ya lejos de los asuntos del ejército ruso comenzó a prepararse para asentarse en Eretz Israel.
Previamente, completó su educación en San Petersburgo, estudió derecho en la universidad graduandose en 1912. Junto a su formación, Trumpeldor colaboró en la creación del movimiento sionista ‘He-Jalutz’. Inmediatamente después de graduarse, Trumpeldor partió con un grupo de estudiantes para tratar de establecer una colonia cooperativa en Israel. En ese entonces, Israel se encontraba bajo dominio otomano, trabajó como agricultor en el poblado de Migdal y en el kibutz Degania, recibiendo elogios por su desempeño y en destacarse por su enfoque intransigente en los debates sobre cuestiones ideológicas.
Al estallar la Primera Guerra Mundial, en 1914. Trumpeldor, que era ciudadano y oficial ruso, abandonó el yshuv y se exilió en Egipto. A diferencia de la mayoría de los miembros de Degania que aceptaron la ciudadanía del Imperio Otomano, Trumpeldor temía una victoria alemana y deseaba el triunfo de los países aliados.
Durante su exilio en Egipto, Trumpeldor se acercó a Ze’ev Jabotinsky con una propuesta de crear un batallón de voluntarios que se pondrían a disposición del gobierno británico y se unirían al esfuerzo de guerra británico y la ‘liberación’ de Israel. Los británicos rechazaron la oferta de establecer una unidad de combate judía y solo aceptaron establecer una unidad de abastecimiento logístico. Se creó así el llamado Regimiento de los Mulateros de Sión, y Trumpeldor fue el comandante de esta unidad militar durante la Batalla de Galipoli donde participó como fuerza auxiliar junto a las tropas de Australia y Nueva Zelanda.
En junio de 1917, Trumpeldor regresó a Rusia, durante el período de las revoluciones, para trabajar para el sionismo, su ambición era reclutar una fuerza judía de cien mil hombres para ser enviados a la Tierra de Israel. Comenzó a capacitar a los jóvenes de “Hejalutz” en la diáspora para el trabajo y la creación de un Estado judío. El método de capacitación establecido por Trumpeldor se constituyó en un modelo de instrucción de pioneros y en una de las fuentes más importantes de “aliá” juvenil.
En otoño de 1919 Trumpeldor volvió a Israel para continuar con su vida de agricultor, al peligrar la seguridad en el norte del país, acudió a la Galilea y se estableció en el asentamiento judío de Tel Jai. El peligro radicaba por el conflicto sucitado entre Francia y Gran Bretaña en la delimitación de la frontera de sus respectivos mandatos.
Ambas potencias diferían en los límites fijados por el tratado de Sykes-Picot durante la Gran Guerra. La delimitación no fue aceptada por los franceses en cuanto a la rica zona de la Alta Galilea (que incluía Tel Jai, Metulla, Kfar Giladi y Hamra), que fue absorbida por el Reino Unido, por lo cual, en secreto, los franceses azuzaban a comandos árabes para ocupar todas las áreas que pudieran antes de la aplicación definitiva del tratado, y así integrarlas al mandato francés.
Sin bien al principio, los árabes no dañaron los asentamientos judíos, luego la situación cambió. Se sucedieron un sinnúmero de ataques en los que beduinos y árabes asaltaban asentamientos judíos con un saldo de víctimas mortales, confiscación de armas, robo de dinero y propiedades quemadas.
El 1 de marzo de 1920 un grupo de árabes armados atacó el asentamiento de Tel Jai, Trumpeldor encabezó la defensa del lugar y rechazó a los atacantes luego de infringirles muchas bajas, pero en el transcurso de la batalla fue herido mortalmente. Según testimonios, relatan que al ser herido Trumpeldor y consultado sobre cómo se encontraba, respondió: “No es nada, vale la pena morir por nuestra patria” (“Ein davar. Tov lamut be’ad hartzeinu”). Esta declaración fue convertida en una idea y un símbolo venerado en la cultura sionista, y adoptado como un modelo de sacrificio, de la autodefensa y la lucha judía por la liberación.
Con los años, la historia del heroísmo y la muerte de Trumpeldor se convirtieron en un hito sobre el que se educaron generaciones. Iosef Trumpeldor está enterrado en el cementerio de Kfar Giladi, en una fosa junto con otros siete combatientes, hombres y mujeres, asesinados en Tel Jai. Sobre su tumba se erigió una estatua de “El león rugiente” con la inscripción “Es bueno morir por nuestro patria”.
Cuentan que en Londres, en un diálogo que mantuvo con Jabotinsky, Trumpeldor le explicó su concepción sionista con las siguientes palabras: ‘Tenemos que formar una generación de judíos sin intereses egoístas, sin hábitos, ser una simple barra de hierro. Flexible pero de hierro. Un metal al que se le pueda pedir todo lo que se necesita para la maquinaria nacional. ¿Falta una rueda para impulsar? ¡Soy una rueda! ¿Faltan clavos, tornillos? Tomadme a mí. ¿Falta cavar la tierra? Yo cavo. ¿Falta disparar? Soy un soldado. ¿Policía? ¿Médico? ¿Abogado? ¿Maestro? ¿Bombero? Por favor, yo puedo todo… Soy el concepto puro del servicio, dispuesto a todo, sin estar relacionado con nada. Sé solamente un principio: Construir”

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