Si vemos un grupo de personas meciéndose concentrados frente a libros abiertos, concluiremos de inmediato que están estudiando Torá. Incluso niños que estudian versículos de la Torá ó Mishnaiot, es natural que se mezan. A pesar de que el estudio, como condición, requiere de paz mental y tranquilidad, los judíos acostumbran a moverse mientras estudian Torá.
He aquí dos explicaciones dadas por la tradición judía:
a) El Rey David escribió (Salmos 35:10) «Todos mis miembros proclamarán: Quién es como Tú…». Cuando alabamos a Di-s, lo hacemos con todo nuestro ser: La mente, el corazón y la boca expresan la plegaria a través del habla, y el resto del cuerpo lo hace moviéndose. Toda fibra de nuestro ser está involucrada en la conexión con nuestro Creador.
b) «El alma del hombre es una vela de Di-s» (Proverbios 20:27). La llama de la candela oscila constantemente y parpadea en sus intentos por liberarse de su mecha y ascender a lo alto. Nuestra alma también se esfuerza constantemente para escapar a la corporeidad de este mundo terrenal y adherirse a su fuente Divina. Tal como la vela titila sin cesar, debido a que “le tira” hacia su fuente, así también ocurre con el alma del judío: el movimiento mientras se estudia expresa la aspiración y deseo del alma de unirse con su fuente, en Di-s.
Esto es especialmente verdad en el transcurso de la plegaria, esas islas en el tiempo cuando nos concentramos y focalizamos en nuestra relación con Di-s. Nuestro cuerpo refleja este esfuerzo mientras oscila de atrás para adelante como una llama.
Cuando un judío estudia Torá, su alma percibe el infinito que hay en ella, y en el transcurso del estudio, el alma va elevándose de nivel en nivel. La expresión exterior de esto es el movimiento durante el estudio.
Estos movimientos indican también, la manera de estudiar: el estudio de la Torá no es como un fluir constante, tranquilo, inalterable. Todo lo contrario, el judío debe descubrir en la Torá todos los días nuevas facetas, profundidad adicional.
El estudio de la Torá, no sólo con el objetivo de adquirir conocimiento, sino como un medio para ligarse a Dios al y elevarse de manera continua, hasta llegar a la elevación más perfecta y completa.