Rivlin saludó la “edad de oro de la exploración espacial israelí”, subrayando la importancia de la ciencia, la medicina y la investigación en una época de pandemia. “Nos dimos cuenta de cuánto más tenemos que aprender, no sólo en planetas distantes y galaxias enormes, sino aquí en nuestra pequeña Tierra”, dijo.
El proyecto incluye la construcción de tres naves espaciales diferentes: Un orbitador y dos vehículos de aterrizaje. La mitad de los costos de la misión – estimados en unos 100 millones de dólares – serán financiados por acuerdos de cooperación internacional, mientras que la otra mitad será cubierta por donaciones y patrocinios.
El año pasado, después de entrar en órbita, la nave espacial Bereshit original perdió su motor principal y entró en un descenso descontrolado antes de estrellarse.
La nave espacial israelí tuvo que hacer frente a uno de los mayores retos de su viaje Lunar: la maniobra de aterrizaje, cuya última etapa fue controlada únicamente por la computadora de la nave espacial.
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