Si cae Ucrania…

Si cae Ucrania tras ella pueden venir Moldavia, Georgia e incluso Polonia y los países bálticos. Algunos europeos ignoran el peligro, mientras que otros, como Orbán y Abascal, simplemente se han convertido en los palmeros de Putin.

por Ricardo Angoso

Mientras Trump mueve sus hilos para entregar Ucrania a Putin en bandeja de plata, las fuerzas rusas siguen avanzando en los frentes de guerra y ocupando algunos territorios y pueblos de este país. El alto el fuego no es un escenario real en las actuales circunstancias. Moscú ha incrementado los ataques contra objetivos civiles, intentando colapsar la economía ucraniana y dañando sus instalaciones energéticas, y las bazas de Kiev, una vez que se puede ya decir que la ofensiva en Kursk ha fracasado, para ocupar más territorio rusos son cada vez más escasas.

Si finalmente se impone la pax americana de Trump, Ucrania deberá ceder el 20% de su territorio ocupado por Rusia, abandonar sus anhelos de integrarse en la OTAN, perderá su salida al mar Azov y sus puertos y, en definitiva, se confirmará su derrota en esta guerra impuesta. Resulta insólito que los Estados Unidos, antaño abanderados del mundo libre, hayan tomado partido por el agresor y no por el agredido, por el victimario en lugar de la víctima. Además, le reclaman a Ucrania sus materias primas y todas las centrales nucleares, que con tanto ahínco han defendido durante tres años. 

Pero las cosas no son tan sencillas y el camino hacia la paz está plagado de más riesgos que certezas, de más espinas que mieles. Putin solamente está ganando tiempo en su táctica de debilitar a su enemigo lo máximo posible antes de sentarse a negociar en un cara a cara en el que presidente norteamericano ya ha mostrado sus cartas y ha mostrado a las claras sus simpatías por Rusia y de paso, como en el juego del billar, golpear a la Unión Europea (UE), humillándola al dejarla fuera del nuevo orden internacional y de las negociaciones, para mostrar al mundo quien manda realmente. Se engaña el presidente norteamericano, porque quien realmente domina el juego, controlando el momento y viendo que la debilidad de Trump es su supina ignorancia y moviéndose como elefante en cacharrería en la Casa Blanca, es Putin.

Europa, más concretamente la UE, todavía no ha comprendido la gravedad de la situación y quizá su oportuno rearme actual llegue demasiado tarde. Decía el general MacArthur que “la Historia de los fracasos de la guerra se puede resumir en dos palabras: demasiado tarde. Demasiado tarde para comprender el letal peligro. Demasiado tarde para colocar todos los recursos disponibles para enfrentar ese peligro. Demasiado tarde para ponernos al lado de nuestros amigos”. 

Los europeos no han entendido que esta guerra no comenzó con el ataque de Putin a Ucrania, sino en el año 2014 cuando le permitimos al sátrapa ruso que se anexionara la península de Crimea infaustamente y sin  que nadie hiciera nada para evitarlo. Si en ese momento crucial, Europa, la OTAN y los Estados Unidos hubieran puesto coto a este desaguisado es más seguro que ahora no estaríamos atravesando esta coyuntura tan adversa para los ucranianos y también para los europeos, aunque algunos todavía lo ignoran o se han convertido, como vulgares bufones de corte, en los palmeros de Putin, como es el caso del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y el cipayo trumpista local, Santiago Abascal. 

En este momento realmente crítico para Europa me han parecido simplemente increíbles estas palabras del representante republicano  Don Bacon sobre Ucrania  y la administración Trump: “Si Ucrania cae la siguiente será Moldavia, seguramente Georgia y probablemente los bálticos. Esta es una lucha por el futuro de nuestro partido y ciertamente no me gusta el rumbo que está tomando respecto a Ucrania”. Palabras muy certeras y adecuadas si tenemos en cuenta que provienen de un representante del mismo partido que presentó como candidato al presidente Trump. Rusia, como ha demostrado desde la implosión de la extinta Unión Soviética en 1991, nunca abandona los territorios que conquista, como han sido los casos de Abjasia y Osetia del Sur, en Georgia, y Transnistria, en Moldavia, y no devolverá nunca lo conquistado en Ucrania. Incluso irá más allá, tiempo al tiempo. 

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