Por Gallia Lindenstrauss
El anuncio del Pentágono, el 18 de abril, sobre la reducción de aproximadamente la mitad de las fuerzas estadounidenses estacionadas en Siria durante casi una década indica un desarrollo continuo, más que una decisión definitiva, sobre la futura presencia estadounidense allí.
El anuncio en sí no fue sorprendente, especialmente considerando que durante el primer mandato de Trump en 2019, estuvo a punto de retirar las fuerzas estadounidenses y solo revirtió la decisión en el último momento.
El objetivo principal de la presencia estadounidense en Siria ha sido prevenir el resurgimiento del Estado Islámico (ISIS) tras su derrota en 2019.
Cabe señalar que el número de fuerzas estadounidenses en Siria ha fluctuado a lo largo de los años.
De hecho, la reducción actual restablece el número de tropas a los niveles previos a la caída del régimen de Bashar al Assad en diciembre de 2024.
El actor que presiona a Estados Unidos para que retire sus fuerzas de Siria es Turquía, que considera que la cooperación entre las fuerzas estadounidenses y las fuerzas lideradas por los kurdos en Siria —que desempeñaron un papel clave en la derrota de ISIS— contribuye al terrorismo kurdo contra Turquía.
Para lograr una retirada total de Estados Unidos, Turquía deberá convencer a Washington de que puede asumir la responsabilidad de prevenir el resurgimiento de ISIS.
Sin embargo, en el pasado, Turquía se mostró reticente a comprometerse plenamente en la lucha contra ISIS y no desplegó todas sus capacidades para tal fin.
Además, Turquía deberá garantizar a Estados Unidos que no atacará a la minoría kurda en el noreste de Siria.
En general, las conversaciones entre Washington y Ankara sobre Siria son más exhaustivas e incluyen también los esfuerzos de Turquía por presentar al nuevo presidente sirio, Ahmed al Sharaa, como un socio legítimo, a pesar de su pasado yihadista y el de algunos de sus allegados.
Israel ha presionado a Estados Unidos para que mantenga sus fuerzas en Siria, argumentando que la retirada estadounidense solo incrementará el dominio turco en Siria en la era post-Assad.
Israel también teme que dicha medida permita a Turquía debilitar la entidad autónoma liderada por los kurdos en el noreste de Siria.
Desde la perspectiva israelí, una retirada total de las fuerzas estadounidenses representaría una ganancia para Turquía y un revés para Israel.
Sin embargo, si Estados Unidos condiciona la retirada de sus fuerzas a concesiones turcas —como la reducción de la presencia militar turca en Siria, así como la promesa de otorgar derechos a los kurdos en Siria bajo el liderazgo de al Sharaa— esto podría ayudar a mitigar la amenaza que representa la nueva Siria para Israel.
Fuente: INSS – The Institute for National Security Studies
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