En un intento por reforzar las reservas del Banco Central y cumplir compromisos asumidos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Gobierno nacional presentó esta semana el bono “Bonte 2030”, un nuevo instrumento financiero destinado a atraer capitales internacionales, con una rentabilidad cercana al 30% anual en dólares. La medida fue analizada por el economista y dirigente Miguel Ponce, quien advirtió tanto sobre sus beneficios inmediatos como sobre sus posibles consecuencias estructurales.
El “Bonte 2030” incorpora una opción de rescate anticipado en 2027 —conocida en el ámbito financiero como “put”— que le permite al tenedor del bono retirarse antes de las elecciones presidenciales de ese año, lo que reduce el riesgo político percibido por los inversores. La emisión fue bien recibida: si bien se buscaban 1.000 millones de dólares, se recibieron ofertas por 1.700 millones. Sin embargo, sólo se adjudicó el monto original.
El bono se comercializa a través del sistema Eurolight, una modalidad que habilita la adquisición de títulos desde el exterior sin necesidad de abrir una cuenta en la Argentina. Esto responde al diseño pensado para inversores no residentes, principalmente fondos internacionales. Según explicó Ponce, el instrumento también garantiza que, al vencimiento, los tenedores puedan cambiar sus bonos por pesos y adquirir dólares en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC), donde el valor es más competitivo que en otras plazas.
A pesar del entusiasmo inicial, Ponce se mostró crítico respecto del impacto que estos mecanismos pueden tener sobre la economía real. “Este tipo de emisión fomenta el ingreso de capitales especulativos, el llamado ‘hot money’, pero no incentiva inversiones productivas de largo plazo”, señaló. “Hoy los gerentes financieros ganan más que los gerentes de planta. Eso debería alarmarnos”, remarcó.
El economista también alertó sobre la sostenibilidad del modelo actual. “Estamos generando cumplimiento de metas a partir del endeudamiento y manteniendo artificialmente bajo el tipo de cambio para contener la inflación electoralmente”, sostuvo. Y concluyó: “Mientras sigamos priorizando los instrumentos financieros por sobre la producción y el desarrollo, postergamos el debate sobre el país que queremos construir”.
La emisión del Bonte 2030 pone en evidencia la tensión entre el cortoplacismo financiero y la necesidad de un modelo económico sustentable. Aunque el instrumento ofrece seguridad y rendimiento excepcionales para los inversores, la falta de horizonte productivo vuelve a encender una vieja alarma en la economía argentina.
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