“7º día” periodístico uruguayo

El programa ‘7º Día’ de Canal 12 de Montevideo el pasado domingo 1 de junio dejó en evidencia algunas conclusiones que a mi criterio merecen destacarse. Después de todo, no todos los días un canal uruguayo dedica un programa de 90’ a un tema tan específico como la Guerra entre Israel y Hamas en Gaza. Alguien en el canal creyó que el tema convoca tanto como para convocar una audiencia masiva y además competir con la finalísima de La Liga de Basquet-Ball

Muchos de nosotros, judíos involucrados con la causa de Israel, estuvimos pendientes del programa. Aunque muchos confesaron haber optado por el partido porque los ponía menos ansiosos. Es que de alguna manera, en ‘7º Día’ el ‘partido’ lo jugábamos todos. Estábamos más pendientes de lo que dijeran los participantes pro-Israel que del score cambiante en el Antel Arena. En definitiva, si bien un título deportivo es para hinchas, lo que estaba en juego en el programa periodístico incide, y mucho, en nuestras vidas como judíos en Uruguay.

El supuesto equilibrio de partes en el panel no fue tal: empezando por el politólogo Christian Mirza y siguiendo por el politólogo Alberto Spectorowski. Mientras el primero sirve sin ambages la causa palestina y es un feroz denostador del Sionismo, el segundo, si bien explica la causa israelí, se adhiere mucho más al rigor académico que al lenguaje panfletario. Contener la verborragia de Mirza ensayada durante horas y años de micrófono abierto de los siempre bien dispuestos medios uruguayos no es tarea sencilla; menos cuando uno pretende exponer verdades, no ideologías.

La presencia de Martín Aguirre, director del diario ‘El País’, fue testimonial. La periodista Natalia Uval, directora periodística de ‘La Diaria’, no ocultó su postura anti-israelí recitando todo el rosario de condenas de organismos internacionales de muy dudosa neutralidad. Bajo una pátina de neutralidad y academia, el profesor Diego Hernández Nilson de la Universidad de la República también recitó las acusaciones de un supuesto genocidio en Gaza, aunque se permitió algunas muy tímidas concesiones a los miedos existenciales de Israel. El Director de la Bnei Brit Uruguay Javier Galperin se debatió como pudo en un contexto hostil aportando datos largamente repetidos por la ‘hasbará’ israelí, que han demostrado, en definitiva, no ser muy convincentes ni cambiar el sesgo de la opinión pública.

Debatir ‘a la uruguaya’ (con cultura cívica y desde el confort y la protección de un estudio) una guerra existencial en Oriente Medio es una ironía feroz. El único que tenía claro que estaba librando una batalla era Mirza. El resto sucumbió al ritmo mesocrático uruguayo. La causa israelí merece otra pasión y otro pathos que el que pudieron exponer ‘nuestros’ portavoces. No podemos, como judíos, enfrentados a enemigos jurados (Mirza, Uval, y Hernández actuaron como tales en diferentes grados), manejarnos con el criterio bíblico, muy noble por cierto, de perseguir la justicia y hacer lo bueno y lo justo. No es recíproco. Ni siquiera la loable ponderación del conductor, Leonardo Haberkorn, contuvo el aluvión de odio en uno y desprecio en otros hacia Israel y su causa.

El programa ‘7º Día’ en Canal 12 fue el botón de la muestra. Resulta difícil creer que un tema tan remoto para Uruguay ocupe tanto espacio de prensa, casi en forma equivalente con noticias políticas nacionales, el deporte, o el rubro ‘policiales’. La compulsiva necesidad de instituciones de todo tipo a expresarse sobre el tema, inequívocamente condenando a Israel, es en buena medida el combustible que alimenta esta insólita combustión. Peor aún cuando varias de esas instituciones son judías.

Lo que está pasando es peligroso. La guerra en Gaza en 2014 (Operación Margen Protector) duró ‘apenas’ cincuenta días. En Uruguay desató una ola antisemita sin precedentes. Incluso hoy, diez años más tarde, con una guerra que dura ya veinte meses y ha causado estragos en ambos lados, todavía el antisemitismo, si bien manifiesto, está contenido. En gran medida por la ponderación del actual gobierno uruguayo liderado por Yamandú Orsi y el canciller Lubetkin; una sensible diferencia con José Mujica y el canciller Almagro diez años atrás. No obstante, lo peor puede estallar en cualquier momento. Nunca se sabe cuándo vendrá el golpe letal. El año próximo se cumplen diez años del asesinato de un judío en la ciudad de Paysandú.

Me consta que muchos de nosotros defienden nuestro derecho a comparecer, explicar, refutar. Apoyo el derecho a hacerlo, pero creo que es inútil. Tal vez la opción contraria, el silencio, sea más inútil todavía; muchos me dicen ‘si por lo menos uno escucha tu argumento, habrá valido la pena’. Concedo: tal vez sí.

Creo, sin embargo, que el fenómeno de la desinformación, la injuria, y el prejuicio no se combaten con información, propaganda sionista, y el razonamiento. La terrible coyuntura en Oriente Medio, en Gaza concretamente, pone de manifiesto los instintos destructivos y xenófobos más bajos del ser humano. Nadie se salva, aunque algunos porfiemos en abogar por otras formas de convivencia.

Mientras tanto, en la batalla por el rating del domingo de noche, ‘7º Día’ dio su batalla. Desconozco cómo le fue. Lo que me consta es que los judíos uruguayos nos fuimos a dormir inquietos.