Teherán intensifica su enfrentamiento con Occidente y acusa al organismo nuclear de complicidad en los ataques
El régimen iraní oficializó su negativa a permitir la entrada de Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), para inspeccionar sus instalaciones nucleares, en un contexto marcado por la reciente ofensiva militar israelí-estadounidense y por un clima de fuerte desconfianza hacia el organismo de la ONU.
Hamid Reza Haji Babaei, vicepresidente del Parlamento iraní, declaró que la decisión responde a la presunta filtración de datos confidenciales obtenidos a través de documentos israelíes, que habrían sido utilizados para planificar los ataques. “La reciente guerra de 12 días no se trata de misiles ni de energía nuclear; es una guerra contra el pueblo iraní”, sentenció durante un acto oficial.
El conflicto, que comenzó el 13 de junio con bombardeos israelíes sobre objetivos nucleares y militares en Irán, se intensificó días después con una ofensiva aérea ordenada por el presidente estadounidense Donald Trump, que alcanzó sitios estratégicos como Fordow, Isfahán y Natanz. Los ataques provocaron la muerte de altos mandos y científicos del programa nuclear iraní.
A raíz de estos eventos, Irán suspendió la cooperación con el OIEA y rechazó la instalación de nuevas cámaras de vigilancia. El canciller Abbas Araqchi acusó a Grossi de haber “facilitado” los bombardeos mediante un comportamiento “perverso” y una supuesta parcialidad a favor de las potencias occidentales. “Su insistencia en visitar las instalaciones bombardeadas solo refleja intenciones ocultas”, declaró en la red social X.
Además, Teherán presentó una queja formal contra Grossi ante el Consejo de Seguridad de la ONU, señalando un “incumplimiento constante de los estándares de neutralidad, objetividad y profesionalismo”. Ali Larijani, influyente asesor del líder supremo Ali Khamenei, ya había advertido días antes: “Una vez que termine la guerra, nos ocuparemos de Grossi”.
La desconfianza hacia el organismo internacional se incrementó luego de que, horas antes del inicio de la ofensiva, la Junta de Gobernadores del OIEA aprobara una resolución de censura contra Irán, la primera en dos décadas, exigiendo explicaciones sobre rastros de uranio hallados en sitios no declarados. Grossi advirtió entonces que el enriquecimiento de uranio iraní alcanzaba niveles del 60%, peligrosamente cercanos al umbral armamentístico.
Tras los ataques, el propio Grossi confirmó que las centrifugadoras de Fordow estaban inactivas y que las instalaciones habían sufrido “enormes daños”, aunque evitó declarar el programa nuclear como completamente destruido.
Las autoridades iraníes insisten en que se trató de una agresión justificada por una resolución “política y fabricada” del OIEA, y no dudan en atribuir al organismo internacional una corresponsabilidad directa en el deterioro de la seguridad regional. “Cuanto más fuerte sea el ataque del enemigo, más firme será nuestra respuesta”, advirtió Haji Babaei.

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