Por Carmit Valensi
El ataque israelí contra Irán, que desencadenó una guerra abierta entre ambos países, no solo asestó un duro golpe al programa nuclear y las capacidades convencionales de Irán, sino que también expuso aún más las consecuencias del golpe sufrido por sus aliados como resultado de la guerra con Israel.
Aparte de los hutíes en Yemen, las organizaciones del “Eje de la Resistencia” en la arena palestina, Líbano, Irak y Siria se han limitado a expresar su solidaridad con Irán y se han abstenido de cumplir su función original: servir como elemento disuasorio contra Israel y como parte de la capacidad de represalia de Irán en caso de un ataque a las instalaciones nucleares de la República Islámica.
Más allá del debilitamiento militar y político de Hezbollah, que le impidió apoyar activamente a Irán, el cambio más notable se produjo en Siria, hasta hace poco un bastión estratégico clave para Irán.
La caída del régimen de Assad a finales de 2024 obligó a Irán a retirar sus fuerzas y activos militares del país.
De no ser por la caída de Assad, es difícil imaginar un escenario en el que Irán no hubiera utilizado territorio sirio para atacar a Israel, con o sin la aprobación presidencial.
El nuevo régimen, liderado por el presidente Ahmad al Sharaa, no solo se abstuvo de condenar el ataque israelí contra Irán —como hicieron la mayoría de los países árabes—, sino que optó por ignorar por completo la extensa actividad israelí en su territorio.
Durante la guerra, Israel operó libremente en el espacio aéreo sirio; aviones de la Fuerza Aérea Israelí sobrevolaron el país rumbo a objetivos en Irán, y las defensas aéreas sirias interceptaron vehículos aéreos no tripulados [drones] y misiles sobre Siria en camino hacia Israel.
Esto pudo haber sido una deliberada omisión debido al objetivo común de debilitar a Irán, o quizás una coordinación discreta y acordada entre ambos países.
Además, se escucharon expresiones públicas de alegría en las calles sirias ante la humillación y los golpes sufridos por Irán, tras años de actividad hostil y destructiva en su país.
Aun así, Irán no ha renunciado por completo a la arena siria y continúa sus intentos de desestabilizarla a través de agentes locales.
Si bien Israel y Siria estuvieron en bandos opuestos de un frente iraní activo, ahora comparten un interés común: debilitar la posición regional de Irán y neutralizar sus amenazas militares.
En esta nueva realidad, existe la posibilidad de fortalecer el diálogo estratégico entre Jerusalén y Damasco, quizás incluso como base para una normalización cautelosa en el futuro.
Fuente: INSS – The Institute for National Security Studies
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