“Corríamos al búnker”: El testimonio de Adriana Janin, una argentina repatriada desde Israel tras 12 días de guerra

Adriana Janín viajó para visitar a su hijo y nieto en Israel, pero quedó atrapada en medio de la guerra. Compartió su experiencia de angustia, encierro y el operativo que le permitió regresar al país.

Adriana no imaginaba que su reencuentro familiar en Israel, después de más de tres años, se transformaría en una de las experiencias más traumáticas de su vida. Viajó desde Buenos Aires para visitar a su hijo, su nuera y su nieto, con la intención de pasar apenas veinte días. Pero el estallido de la guerra el viernes 13 de junio cambió todos los planes: “A las tres de la mañana sonó una alarma fuertísima. Pensé que era mi despertador. Mi hijo abrió la puerta y me dijo: ‘Mamá, al búnker’”.

La localidad en la que se encontraba, Harish, al norte del país, no suele ser blanco de ataques. Pero la tensión fue tal que, durante días, la rutina se redujo a correr al refugio con cada alarma. “Estábamos petrificados. Las sirenas no paraban y yo no entendía ni las palabras que me decían. Fue aterrador”, relató en diálogo con Silvia Mercado en La Posta Post.

Aunque su hijo y su familia ya están habituados a la lógica de los sistemas de defensa y refugio, para ella fue un mundo completamente nuevo. “Me creía valiente, que iba a poder bancármelo. Pero sufrí un ataque de pánico en el mamad (cuarto sellado) y no le conté a nadie para no preocuparlos. Sentí que me ahogaba”, confiesa con la voz quebrada.

Durante doce días vivió en alerta permanente. “No nos dejaban dormir, no se podía salir. Parecía pandemia: negocios cerrados, calles vacías. Era un estado de terror sostenido”. En ese contexto, valoró el rol de la comunidad judía argentina y la coordinación entre la embajada argentina en Israel y la AMIA: “Se comunicaban todos los días conmigo. Fueron un sostén. El día que me avisaron que a la medianoche salía el avión, no lo podía creer”.

Su vuelo, junto a otros 200 repatriados, también tuvo contratiempos: Argelia prohibió el sobrevuelo del avión de Aerolíneas Argentinas. “Tuvimos que volver a cargar combustible y cambiar la ruta. No podíamos creer que un país negara el paso a un vuelo humanitario”.

Aunque ya está de regreso en la Argentina, el impacto emocional sigue latente. “Anoche me desperté por ruidos. Allá estás todo el tiempo esperando que caiga un misil. No se olvida tan fácil”. Su hijo y su familia decidieron permanecer en Israel: “Ellos hicieron aliáh y no piensan volver. Yo me vine con el corazón dividido, pero al menos me fui con un cese del fuego”.

Adriana concluye con una reflexión que se hace eco de la resiliencia del pueblo israelí: “No entiendo cómo siguen adelante como si nada pasara. Pero creo que es la única forma de sobrevivir”.

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