La amenaza de un Estado Terrorista

El próximo 18 de julio, se cumplirán 31 años del peor atentado sufrido en nuestro país, el ataque terrorista a la sede de la AMIA en Buenos Aires, el que ocasionó 86 víctimas fatales, pues incluyó entre éstas, al asesinado fiscal federal, Alberto Nisman, y aproximadamente 300 heridos, con sus trágicas secuelas físicas y psíquicas, sin embargo, la amenaza de un actor extra regional, la República Islámica de Irán, y su proxi, la organización político terrorista libanesa Hezbollah, reconocida por nuestro país desde el 2018, como terrorista, siguen presente, en el marco de la incidencia, la injerencia y la infiltración de éstos en Latinoamérica, y este será el tema a desarrollar en la columna de hoy.

Irán, como actor estatal, y Hezbollah como actor no estatal, vienen llevando a cabo una injerencia en el subcontinente, a través de distintos caminos, desde la llamada Diplomacia pública, la Diplomacia inteligente, Inversiones en sectores sensibles, y a través de centros culturales, religiosos y sociales, con objetivos e intereses tales como, el relacionado con su programa nuclear, el contar con una salida para movilizar capitales, que le aseguren equipamiento de alta tecnología, y particularmente, acceder al sistema financiero internacional a través de terceros actores, para burlar las sanciones económicas, pero también, conformar y mantener un bloque anti EE.UU. y anti Israel, explotando el sentimiento anti capitalista y contrario a las democracias liberales, y la exportación de la ideología radical chiita, con el objetivo de influir en sectores sociales vulnerables, para que se constituyan en factores de presión que desestabilicen a los gobiernos de la región alineados o aliados a Washington.

Veamos, en cuanto a la Diplomacia pública, es un elemento vital para “vender” una imagen pública de Irán, que busca fomentar interés y empatía en ciertos sectores de las sociedades latinoamericanas, buscando mejorar su posición geopolítica y geoeconómica en la región, y a través de esta política exterior, no sólo construir alianzas estratégicas, sino también, expandir su ideología revolucionaria y movilizar sus activos, mientras que por medio de la Diplomacia inteligente, combina las herramientas del softpower o poder blando, con el hardpower o poder duro, relacionando a través de agentes diplomáticos, con las distintas manifestaciones del Crimen Organizado y del Narcotráfico, con células activas o dormidas del terrorismo islamista radical chiita, conformadas por elementos de Hezbollah.

A partir de la presidencia de Mahmmud Ahmadinejea, 2005-2013, el régimen de Teherán puso en marcha una campaña para fortalecer su influencia e infiltración en Latinoamérica, estableciendo o ampliando sus embajadas en la región, en Nicaragua, Colombia, Bolivia, Chile, Brasil, Ecuador, Uruguay y por supuesto en Venezuela, construyendo así una presencia formal importante. Por supuesto, esta estrategia iraní es posible con el apoyo de los países del llamado Eje Bolivariano, Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia, actores con quien comparte afinidades e intereses, recordando que en su momento, durante la presidencia de Rafael Correa, también se incluía Ecuador, y sin olvidar al Brasil de Lula, cofundador con Hugo Chávez y Fidel Castro del Foro de San Pablo, y con el Méjico de López Obrador y su Grupo de Puebla, una versión ayornada del anterior, que reúne a la izquierda latinoamericana.

De los mencionados, el régimen de Caracas ha sido el aliado fundamental para la expansión iraní, a través de acuerdos de colaboración, en los ámbitos del comercio, el campo tecnológico, en el energético, en seguridad y en defensa, que se iniciaron en tiempos de Hugo Chávez y se han continuado con Nicolás Maduro, el último en el 2022, de cooperación estratégica por 20 años, que involucra los sectores del petróleo, la petroquímica, alimentación y turismo, pero también incluyo el militar, tal como lo denunció el entonces presidente de Colombia, Iván Duque, por la adquisición de misiles iraníes, los que se suman a drones de versión modernizada del Mohajer 2, suministrados por la Fuerza Al Quds de la Guardia Revolucionaria.

Pero también, tanto en el plano militar como en lo que respecta a alianzas estratégicas, hay que señalar el rol de la República de Bolivia, ya de tiempos del ex presidente Evo Morales, pues recordemos que en el año 2011, uno de los iraníes imputados por el atentado a la AMIA y con Circular Roja de Interpol, Ahmad Vahidi, concurrió en una visita oficial en su calidad de ministro de Defensa, a la inauguración de la Escuela de Defensa del ALBA, en la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra, sin embargo las autoridades del país del altiplano, no adoptó ninguna medida respecto a la captura internacional del nombrado, también, hasta el presente está vigente la legislación que exime de Visa a toda persona que ingrese a Bolivia con pasaporte iraní, pero lo preocupante, en las cada vez más estrechas relaciones entre La Paz y Teherán, es la firma del memorando de entendimiento, rubricado por Mohamad Reza Ashtiani, ministro de Defensa iraní, y su homólogo boliviano, Edmundo Novillo Aguilar, en abril del año pasado, con implicaciones en tecnología militar, como ser la adquisición de drones y misiles de fabricación iraní, y sistemas avanzados de inteligencia y ciberseguridad, y esto se traduce para Irán, en el acceso a recursos como el Uranio y el Litio, esenciales para el programa militar nuclear iraní, mientras para Bolivia es, nuevas capacidades militares, un aumento en su poder de disuasión y militarización de sus fronteras. Y estos vínculos, que tiene sus inicios allá por el 2007, en base a la relación personal entre Evo Morales y Ahmadinejad, que sólo se interrumpieron durante la fugaz presidencia de Jeanine Añez, y restablecidos en el 2020 por el actual presidente Arce, son funcionales y preocupantes respecto con la presencia de elementos de Hezbollah en la región de la Triple Frontera, los que podrían ingresar con pasaportes iraníes a tierras bolivianas, y valga como dato, el año pasado aproximadamente unas 800 personas, con dicha documentación arribaron a Bolivia.

Siempre dentro del campo de la Diplomacia, la dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua es otro eslabón estratégico de Irán en Latinoamérica, como ha quedado reflejado con la firma de un Memorando de Entendimiento de Cooperación Mutua, durante la visita del ministro de RR.EE. iraní Hossein Amir Abdollahian, el año pasado, y no debemos olvidar el aumento de personal diplomático iraní en la República de Chile, la compra de inmuebles, en particular en la comuna de Las Condes, Santiago, y el desarrollo de programas de intercambio cultural, dirigido especialmente a jóvenes de la colectividad palestina chilena, la más numerosa de esa diáspora a nivel global, cerca de medio millón, y por último, dentro de las actividades en política exterior del régimen de Teherán, desde el año 2021, en los sectores de la asistencia técnica e infraestructuras, los miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Latinoamérica, en el marco del Tratado de Comercio del ALBA, intercambiaron mecanismos de cooperación con el entonces presidente iraní, Ebrahim Raisi.

Además de los países que conforman el llamado Eje Bolivariano, con la llegada a la presidencia de Colombia, del ex guerrillero Gustavo Petro, se suma otro eslabón a la influencia de Irán en Latinoamérica, con declaraciones anti israelíes, por ejemplo, cuando exhibió un mapa del Estado de Israel con los colores palestinos y con el dibujo de una llave, que simboliza el llamado Derecho de Retorno, como también, en una conferencia afirmó que ciertos países del Medio Oriente, estaban considerando asumir parte de la Deuda Externa colombiana, aprovechando su visita en el aniversario de la fundación de la República Islámica, que refleja un alineamiento geopolítico con los regímenes de Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia, funcional al accionar diplomático de Irán en la región.

Ahora, los otros canales utilizados por Irán, en su injerencia e infiltración en América Latina, cabe señalar la expansión de medios informativos y digitales, como es el caso de la cadena HispanTV, los centros culturales, que en la actualidad son aproximadamente unos ochenta en la región, de los que se destaca el Centro Islámico Las Condes, en Santiago de Chile, y las actividades de las mezquitas del Islam chiita, en su vertiente radical y revolucionaria, explotando el sentimiento anti EE.UU., anti Israel, a través de imanes radicales como los argentinos Abdul Karim Paz y Suhail Assad, a este último, las autoridades brasileñas le impidieron el ingreso a ese territorio el año pasado, por su probada vinculación con la organización político terrorista libanesa Hezbollah y con la Guardia Revolucionaria iraní, y pretendía reunirse con el ayatollah Reza Ramazani, Secretario Gral. de la Asamblea Mundial de Ahl Al Bayt, órgano responsable de exportar la Revolución Islámica, quién participó en San Pablo, de la Conferencia Internacional de los Musulmanes de Brasil.

Personajes como los mencionados, de manera directa o indirecta, se relacionan en las actividades de partidos populistas o movimientos sociales de izquierda, que incorporan el antisemitismo y las teorías conspirativas, que se manifiestan en un discurso anticapitalista, anti imperialista y en defensa de las clases sociales empobrecidas, en una fusión de la ideología marxista con el factor religioso, tanto dentro del Cristianismo, a través de la llamada, Doctrina de la Liberación de los sacerdotes tercer mundistas, como con el Islam chiita radical, que se hallan en el pensamiento de Ali Shariati, sociólogo iraní, 1933-1977, considerado el ideólogo de la Revolución Iraní, con su visión de un “Chiismo Rojo”, alineando el marxismo con el Islam radical para alcanzar una conciencia de clase, su obra “Hosseiniyeh Erchad”, tuvo una significativa influencia en la movilización popular iraní contra el gobierno del Sha, concatenando con los principios teocráticos de la Revolución Islámica del Ayatollah Khomeini.

Por último, la influencia, infiltración e injerencia de la República Islámica de Irán, a través del accionar terrorista, llevada a cabo por agentes iraníes y por el Hezbollah, que ha encontrado desde inicios de los años 80, en la región conocida como la “Triple Frontera”, el hito limítrofe entre Brasil, Paraguay y Argentina, con una numerosa comunidad libanesa, su principal centro de operaciones, sean estas financieras y/o logísticas, en el caso de la primeras, se realizan a través de la economía formal, por el caso, el comercio legal para el blanqueo de activos provenientes de actividades ilícitas, por el sistema informal de transferencia de fondos o “hawala”, que opera por fuera de los canales bancarios, por la recaudación de donaciones hechas en centros culturales islámicos o en mezquitas, el zadak, y también la utilización de criptoactivos, de difícil seguimiento, mientras que las logísticas comprenden desde, viviendas seguras para el alojamiento de células dormidas, todo tipo de documentación apócrifa, sea personal o para cosas muebles e inmuebles, para el contrabando y para el suministro y tráfico ilícito de armas y explosivos.

Por supuesto, los agentes iraníes y los elementos de Hezbollah, establecieron una relación simbiótica con grupos del Crimen Organizado y Cárteles del Narcotráfico, como ser por ejemplo, el Primer Comando Capital o PCC de San Pablo y el Comando Vermelho de Río de Janeiro, el Cártel de los Soles de Venezuela, el Cártel de Sinaloa de Méjico, y en todos los casos, estos nexos transnacionales han crecido, y se traduce en una mayor influencia en la región de redes terroristas, a lo que se suma ahora, otra “Triple Frontera”, la conformada por Bolivia, Paraguay y Argentina, habida cuenta de la fuerte injerencia y presencia de Irán en el primero de los países mencionados, con las facilidades para el ingreso de individuos con pasaporte persa, sin olvidar los objetivos del Memorando de Entendimiento en el sector Defensa y Militar antes mencionado, firmado por el país del Altiplano e Irán.

De lo reseñado, es evidente que el desarrollo de la injerencia, infiltración y expansión de un actor estatal, la República Islámica de Irán, a través de su diplomacia pública, de la diplomacia inteligente, de centros culturales y religiosos, como también de un actor no estatal, la organización político terrorista libanesa Hezbollah, y el alineamiento geopolítico con el llamado Eje Bolivariano, sumado a las deficiencias en las áreas de Seguridad e Inteligencia, más sectores o movimientos locales afines con una ideología anti EE.UU., anti Israelí y antisemita, han sido factores determinantes para que nuestro país haya sufrido los atentados terroristas contra las sedes de la embajada de Israel y de la AMIA, y que resulta incomprensible, la firma del Memorando de Entendimiento con un régimen que sigue siendo al presente una amenaza tangible, no sólo para la Argentina, sino también para Latinoamérica y porque no, para las democracias de Occidente.

Finalizando la columna de hoy, mis reflexiones son las siguientes: 1ro., una propuesta para frenar la injerencia, la infiltración y el accionar de actores exoregionales, estatales y no estatales en Latinoamérica, que constituyan amenazas transnacionales y factores de desestabilización para los gobiernos democráticos, para lo cual es necesario diseñar e implementar en el ámbito de la OEA, de una entidad similar a la que creó la U.E. a mediados del 2020, que de lugar a una Comisión Interamericana contra Amenazas Transnacionales, que identifique y evalúen dichas amenazas, a través de una Agenda Común, que coordine y fortalezca la aplicación de una Legislación y el ejercicio Operativo para combatir al Terrorismo y al Crimen Organizado; 2do., el actual escenario internacional, y los desafíos a la Seguridad Mundial, exigen la colaboración y la cooperación estratégica, para evitar esas amenazas a la gobernabilidad y a la estabilidad de los países Latinoamericanos, y 3ro., en el ámbito local, la sanción de la Ley 27.784, aporta el instrumento constitucional, legal e idóneo, para juzgar a los penalmente responsables del atentado terrorista a la sede de la AMIA, del que el próximo 18 del actual, se cumplirán 31 años, y es por eso que la frase elegida para terminar es de la Torá, Deuterononio o Devarim 16:20, “Tzedek, Tzedek Tirdof” “Justicia Justicia perseguirás”. –