Judíos y cristianos: Rab. Yoel Ben Arye

En este episodio de Judíos y Cristianos – Dos caminos, una redención, Marcelo Aptekmann entrevista a Yoel Ben Arye, referente del diálogo judeo-cristiano, quien comparte su camino espiritual y una mirada teológica profunda sobre la relación entre la Casa de Judá, la Casa de Israel y el rol del cristianismo en el plan divino. Un encuentro que invita a la reflexión, el respeto y la esperanza en una redención compartida.

También compartimos la liturgia católica de esta semana desde la perspectiva judía.

 

Respirar en lugar de perseguir al viento, y dar en vez de reclamar.

 

Shalom. El próximo domingo 3 de Agosto 2025 en las iglesias se leerán litúrgicamente varios fragmentos bíblicos. A continuación comentaré brevemente algunos de ellos desde una perspectiva judía, con la intención de aportar al diálogo bíblico y teológico entre judíos y cristianos. Al ofrecer esta lectura a los amigos cristianos, me apoyo en que la Comisión Bíblica Pontificia –en: El Pueblo Judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia Cristiana (año 2001)- enseña que: Los Cristianos pueden y deben admitir que la lectura Judía de la Biblia es una lectura posible, en continuidad con las Sagradas Escrituras Judías de la época del segundo Templo, una lectura análoga a la lectura Cristiana, que se desarrolla paralelamente.

 

Le pidieron que intervenga en una cuestión legal

 

En la lectura del Evangelio del 3 de Agosto (Lucas 12: 13-21), podemos ver cómo Jesús fue convocado a tomar posición sobre una cuestión discutida entre los maestros de la Ley judaica cuando: Uno de entre la multitud le pidió: Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo. Hombre —respondió Jesús—, ¿quién me nombró a mí juez o árbitro entre ustedes? (Lucas 12: 13-14). El problema, en ese momento de la historia del pueblo judío, era que la Ley de Moisés ordena que el hermano mayor reciba el doble de herencia que los demás hermanos (Deuteronomio 21:17), pero las costumbres de la sociedad habían cambiado y muchos ya no aplicaban esa ley estrictamente.

 

El magisterio de Jesús ¿tenía que ver con cambiar esa u otras leyes del código legal de la vida judaica? Si bien sus seguidores formaban parte del amplio y diverso movimiento (Fariseo) de oposición a la aristocracia, los sacerdotes del Templo, y un tradicionalismo legalista, Su Magisterio no tenía que ver con actualizar las leyes tradicionales. Por eso enseñó: No piensen que he venido a anular la Ley o los Profetas; no he venido a anularlos, sino a darles cumplimiento. Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la Ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido. Todo el que infrinja uno solo de estos mandamientos, por pequeño que sea, y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos; pero el que los practique y enseñe será considerado grande en el reino de los cielos (Mateo 5: 17-19)

 

Su Magisterio va mas allá de las discusiones sobre cómo interpretar la letra de las leyes. Por eso Su Palabra a Sus discípulos, (que además eran también discípulos de los fariseos en ese tipo de argumentaciones) es: Les digo a ustedes que no van a entrar en el reino de los cielos a menos que su justicia supere la de los fariseos y la de los maestros de la Ley. No estaba enseñando a renegar de la Ley de Su pueblo, o a declararla perimida, ¡Todo lo contrario! Declara que es necesario (para los judíos) cumplir con ella, pero enfatiza que Su enseñanza tiene que ver con algo que va mas allá de la diversidad en las interpretaciones de la letra de las leyes.

 

Él responde con una enseñanza espiritual

 

La esencia de Su enseñanza, en esta ocasión, es: Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes (Lucas 12:15b). Poco después de decir esta Palabra, El Maestro invita a los que le escuchan a reflexionar, contándoles sobre un hombre rico que se puso a pensar dónde almacenar su cosecha, y que decide derribar sus graneros y construir otros mas grandes. El rico de la parábola dirá entonces: Alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y goza de la vida. Pero Dios le dijo: ¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado? (Lucas 12: 19-20).

 

Parece que Jesús responde -al que reclamaba que le dijera a su hermano que comparta la herencia con él- ubicándonos dentro del contexto de otra discusión: ¿qué sentido tiene esforzarse en acumular riquezas, dado que algún día otros las heredarán? Situados ya en este nuevo campo de discusión, Su palabra Descansa, come, bebe y goza de la vida (Lucas 12:19b) parece una alusión a: Entonces sugiero que se diviertan, ya que en este mundo no hay nada mejor para la gente que comer, beber y disfrutar de la vida. De ese modo, tendrán algo de felicidad junto con todo el arduo trabajo que Dios les da bajo el sol. (Eclesiastés 8:15).

 

También los versículos de la 2ª Lectura del Leccionario enseñan que el Magisterio de Jesús tiene que ver con algo que está por encima de las leyes de este mundo (de todas, y no exclusivamente por encima de las del pueblo judío solamente). A sus discípulos no judíos San Pablo les dice: Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Col 3:1-2). Y les enseña que deben cuidarse especialmente del afán de dinero, comparando la avaricia con la idolatría (Col 3: 5b).

 

Él También explica a sus discípulos gentiles que lo que Cristo les enseña a los venidos de otros pueblos (a través de San Pablo) es además una enseñanza igualmente válida para los judíos, porque es una enseñanza universal donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos (Col 3: 11)

 

Si en el Evangelio leído encontramos una alusión a Eclesiastés, es coherente que el Leccionario, además de la epístola Paulina a los Colonenses, proponga la lectura de algunos versículos de este libro de la tradición judía, en especial los que critican qué sentido tiene dejar a otros –que no se la ganaron con su trabajo- la riqueza atesorada durante una vida de esfuerzos: ¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia y con rectitud, y que haya de dar su hacienda a hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande (Eclesiastés 2:21). A este uso de Eclesiastés, que está perfectamente justificado en la tradición interpretativa cristiana, me gustaría agregar un comentario sobre el sentido, y un posible uso, de Eclesiastés en la tradición judía.

 

Eclesiastés en la tradición Rabínica

 

La mas fundamental y antigua tradición del judaísmo es el disenso. Por eso hay muy diversas maneras de entender a Eclesiastés en la tradición judía. Los rabinos identifican al autor del libro con el rey Salomón, ya que según el texto el autor es el hijo de David de quien además describe su gran sabiduría (Ecclesiastés 1:16) y su gran riqueza (Ecclesiastés 2:4–9), que son consistentes con las descripciones de Salomón en la Biblia como alguien extremadamente sabio (1 Reyes 3:12, 5:9–14, 10:1–13) y rico (1 Reyes 3:12, 5:2–8, 10:14–29). Dada su repetición de una frase a menudo traducida como “vanidad de vanidades”, el libro fue leído como las amargas y pesimistas reflexiones del rey en la vejez, expresando una evaluación de muchos aspectos del esfuerzo humano como fútiles. No obstante, contradiciendo lo enseñado en la tradición rabínica, debido a su lenguaje y contenido, muchos sostienen que la versión que nos ha llegado fue redactada alrededor de 250 a.C.

 

A pesar de que tal vez sea una obra del período helenístico que incluye observaciones filosóficas, y cuyo autor puede haber estado familiarizada con el discurso filosófico griego, no es una obra de filosofía. Las obras filosóficas se asocian con un razonamiento y un análisis sostenidos, pero las inconsistencias y contradicciones de este texto hacen que sea prácticamente imposible que conduzca a una persona a algún punto de vista filosófico consistente.

 

Su contenido se inclina más a ser un conjunto de expresiones doloridas, quejas ruidosas y desestimaciones arbitrarias que se apoyan en dichos filosóficos. Muchos aspectos del libro parecen ataques despectivos y sarcásticos contra formas de vivir la vida, no como una reflexión filosófica profunda. Pero si el libro no es funcionalmente efectivo como filosofía, ¿cuál es entonces su objetivo? Además, ¿qué valor religioso puede tener para una comunidad de fe compartir, preservar y cantar en sus lugares de culto, en una de las principales festividades, un libro tan negativo?

 

El final del libro afecta en gran medida cómo se lee, ya que, a diferencia del resto de la obra, sostiene la no futilidad de los valores de la práctica israelita: En suma, cuando todo está dicho y hecho: ¡Teme a Dios y observa Sus mandamientos! Porque esto se aplica a toda la humanidad: que Dios llamará a cada criatura a rendir cuenta de todo lo desconocido, sea bueno o malo. (Eclesiastés 12:13-14). Esta conclusión es contraria a todo el conjunto de afirmaciones que la preceden. Cuando se lee como una parte integral de la obra, tiende a influir en su significado. Desde la perspectiva tradicional rabínica, la frase final de Salomón es: “por más vano que todo parezca, sigue siendo importante cumplir los mandamientos de Dios.”

 

El Rabino italiano S. David Luzzatto (Shadal) dice que el autor de Eclesiastés: intentó muchos caminos hacia una vida feliz y significativa y descubrió que todos eran vanidad. Aprendí de este libro una lección importante: no intentar buscar la felicidad y el significado de la manera en que lo hizo su autor. Aprendí que las personas deben buscar la felicidad y el significado dedicando sus vidas a ayudar a los demás.

 

No persigas al viento y respira, respira.

 

Eclesiastés es una reflexión meditativa sobre la futilidad de la vida. La constante repetición de referencias a la respiración puede servir para guiar una meditación sostenida. Eclesiastés es –entre otras cosas- una colección de cantos meditativos sobre la futilidad de la vida, aunque sus reflexiones en no encajen con los paradigmas que nos son familiares de la meditación oriental. No obstante, sugerencias de componentes meditativos recorren todo el libro. La palabra más repetida es הבל, (hevel), que aparece 30 veces. El significado de esta palabra en contexto es “vanidad” o “futilidad”, pero el significado literal de la palabra es en realidad “aliento”.

 

Focalizar la conciencia en el tránsito del propio aliento de uno, que circula entre nuestro interior y el mundo que nos rodea, a menudo es el primer paso de una meditación. הֲבֵל הֲבָלִים (Vanidad de Vanidades) tal vez no sea una referencia al significado de la vida, sino más bien un medio para que el líder de meditación instruya: “respira” a los havelim – los meditadores. Las palabras del libro enseñan que todo esfuerzo humano puede resultar, en última instancia, fútil. Y sin embargo, el mensaje de Eclesiastés no es en su totalidad una expresión de futilidad, ya que meditar sobre la futilidad puede ser un empeño no nombrado, pero que el libro no considera inútil. El libro no enseña esto discutiendo explícitamente el valor de la meditación, sino a través de las contemplaciones meditativas mismas, permitiendo así que la persona se libere del sufrimiento que viene del esfuerzo interminable.

 

Las prácticas meditativas tienen una larga e importante historia en la espiritualidad judía, y es muy probable que en la época de Jesús tomaran formas hoy olvidadas por muchos judíos y que la tradición interpretativa cristiana –desprendida de la tradición judía y del idioma hebreo- también olvidó.

 

Que el Señor te bendiga con salud y trabajo, comida, bebida y alegrías, y que al respirar recuerdes dar con amor, en vida. Shalom Shalom. Marcelo Aptekmann