¿Qué une y qué separa a judíos y cristianos? Exploramos sus caminos históricos, sus diferencias teológicas y la esperanza compartida de redención.
Conducción: Marcelo Aptekmann
También compartimos el Comentario Judío del Leccionario cristiano para este domingo, en el marco del diálogo en el plano teológico y bíblico.
¿Amarías a tu prójimo como a ti mismo, aunque fuese un Fariseo, e hijo de Fariseos?
Por Marcelo Aptekmann
Shalom. La lectura litúrgica del Domingo 17 de Agosto (2025) culmina con la del Evangelio que, entre otras enseñanzas fundamentales, narra cómo Jesús cuestiona a Sus discípulos: ¿Creen ustedes que vine para establecer la paz en este mundo? ¡No! Yo no vine a eso (Lucas 12: 51). Pero si Su Magisterio no tiene el propósito de lograr que Sus discípulos sumisamente acepten el mundo tal como es, ¿cuál es la confrontación hacia la cual Jesús conduce a Sus discípulos?
Busquemos la respuesta en el Evangelio, más allá de los versículos que –según el Leccionario (Lucas 12: 49-53)- se leen el Domingo 17. El capítulo 12 de este Evangelio, comienza con: Mientras muchísimas personas rodeaban a Jesús y se atropellaban unas a otras, Él les dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de las mentiras que enseñan los fariseos. Ellos engañan a la gente diciendo cosas que parecen verdad (Lucas 12:1). Entonces ¿es eso? Les enseña a Sus discípulos ¿a confrontar a los fariseos? Responder a esta pregunta es muy importante para mejorar las relaciones entre cristianos y judíos. Pero es imposible responder con pocas palabras.
¿Vino a confrontar a los fariseos?
Hoy en día, para muchos la palabra fariseo hace alusión a un partidario o seguidor de una antigua secta judía, ya desaparecida, con cuyos representantes Jesús discutía porque enfatizaban y exigían a otros judíos las apariencias de rectitud, pero eludían el correcto cumplimiento de las leyes y no respetaban el espíritu de la Ley de Dios. Por extensión, significa persona de hipócrita y perjura. Esta manera ver a los Fariseos se basa en que -en los Evangelios- Jesús critica a los escribas y fariseos (especialmente en Lucas 11:37–54 y 20:45–47, Mateo 23:1–39 y Marcos 12:35–40).
Pero por el Nuevo Testamento sabemos que San Pablo, para defenderse de quienes le acusaban de enseñar herejías en las sinagogas en las que hablaba sobre la resurrección de Jesús, declaró públicamente que ¡él era Fariseo e hijo de Fariseos! (Hechos 23:6b)! (y que con eso bastó para que lo dejasen seguir predicando sobre la resurrección de Jesús en las sinagogas). También sabemos que Pablo no fue el único Fariseo que creyó en Jesús y se unió a Sus discípulos (ver Hechos 15:5).
Particularmente son los Evangelios Sinópticos los que presentan al liderazgo de los fariseos como obsesionado con las normas hechas por el hombre (especialmente en lo concerniente a la pureza), mientras que Jesús está más preocupado por el amor de Dios; y así como los fariseos tratan despectivamente a los pecadores, Jesús los busca con amor.
Pero la mayoría de los judíos considera que esta manera de ver a los Fariseos es ofensiva y muchos sienten que usar así la palabra Fariseo expresa un prejuicio anti judío. Para entender mejor Su Palabra, sería conveniente que intentemos ampliar nuestra comprensión del contexto en el que la dio.
Así fueron los Fariseos (según la tradición judía) Los Fariseos fueron un movimiento social, religioso y político durante la época del judaísmo del Segundo Templo. Tras la destrucción del Segundo Templo en el 70 d.C., las creencias farisaicas se convirtieron en la base fundamental del judaísmo rabínico. Los enfrentamientos entre fariseos y saduceos ocurrieron en el contexto de conflictos exacerbados por la conquista romana. Uno de los conflictos (en la dimensión político/cultural) fue entre los que favorecían la helenización (los saduceos) y los que se resistían a ella (los fariseos).
Otro fue el conflicto jurídico-religioso, entre aquellos que enfatizaban la importancia del Templo con sus ritos y servicios, y quienes realzaban la importancia de otras leyes mosaicas. Un punto conflictivo era la legitimidad de las diferentes interpretaciones de la Torá y cómo aplicarla a la vida judía. Los saduceos reconocían solo la Torá Escrita y rechazaban a los Profetas, y doctrinas como la de la resurrección de los muertos. Los fariseos se basaban en la autoridad de la tradición oral para su interpretación de la ley religiosa judía, mientras que los saduceos representaban la antigua autoridad de los privilegios y prerrogativas sacerdotales.
La palabra fariseo viene de Parusim (literalmente: los separados). Puede referirse a que se apartaban de los gentiles (los extranjeros griegos y romanos que dominaban la tierra de Israel), o a su separación de las fuentes de impureza ritual, o de los judíos irreligiosos. Ya antes de la destrucción del Templo los fariseos creían que todos los judíos debían observar, también fuera del Templo, las leyes de pureza (que se aplicaban al servicio del Templo). Los fariseos contaban con el respaldo popular, en contraste con los saduceos asociados a las clases dominantes, que desaparecieron con la destrucción del
Segundo Templo en el 70 d.C. Después de que las tropas Romanas arrasaron el Segundo Templo, la mayoría de los judíos concluyeron que éste no sería reconstruido en el futuro inmediato. Se enfrentaron entonces a preguntas difíciles: ¿Cómo lograr la expiación sin el Templo?
¿Cómo explicar el resultado militar desastroso de la rebelión contra los romanos? ¿Cómo vivir en el mundo, romanizado? La visión farisea de la ley judía como un medio por el cual las personas comunes podían relacionarse con lo sagrado en sus vidas cotidianas les permitió, a la gran mayoría de los judíos, responder a estos desafíos conservando su identidad. Sus respuestas son el judaísmo que hoy conocemos.
Después de la destrucción del Segundo Templo, los conflictos políticos perdieron fuerza, pero eso no resolvió los conflictos sobre la interpretación de la Torá; más bien, reubicó los debates entre sectas en debates dentro del judaísmo rabínico. El compromiso farisaico con el debate académico como un valor en sí mismo, emergió como una característica definitoria del judaísmo rabínico. Si los fariseos afirmaron que todo Israel debería actuar como sacerdotes, los rabinos sostenían que todo Israel debería actuar como rabinos.
Volvamos a Su Palabra.
Que los rabinos le permitieran a San Pablo seguir predicando en las sinagogas evidencia que en ese momento de la historia el cristianismo no existía como religión separada, los seguidores de Jesús como Mesías seguían siendo judíos y no buscaban crear una nueva fe, y nadie entendía que Pablo estuviera creando una nueva religión. Lo invitaban porque lo veían como parte de un grupo mesiánico dentro del mundo judío, un grupo abierto y receptivo a las gentes provenientes de otros pueblos que ya estaban en las sinagogas siglos antes de Saulo y de Jesús.
Contrariamente a lo que enseñaban los Saduceos, los Fariseos, ¡incluido Jesús!, enseñaban: que además de los cinco libros de la Torah, también los libros de los profetas son parte de las sagradas escrituras y que hay que respetar todas sus leyes. -No piensen que he venido a anular la ley o los profetas- (Mateo 5:17). Enseñaban que hay que llevar esas leyes a su aplicación en la vida diaria de la gente, y no restringir su vigencia al ámbito de los ritos de la vida sacerdotal en el Templo. Los Fariseos (y Jesús) enseñaban a tener fe en la resurrección.
Los Evangelios Sinópticos –escritos después del año 70- abundan en expresiones de Jesús en contra de los Fariseos, pero el contenido de sus enseñanzas no es tan diferente de las de ellos. Considerando tantos elementos conceptuales que compartía Su Magisterio con el de los Fariseos, y considerando que décadas después de Su crucifixión Sus discípulos (los judíos y los gentiles) seguían siendo aceptados en las sinagogas, ¿podremos preguntarnos en qué conceptos se diferencian Sus enseñanzas de las de los Fariseos?
Los que conocen poco de la ley serán juzgados menos severamente Si nos quedamos con Lucas 12: 49-54, podría parecer que lo esencial del Magisterio de Jesús es ser causa de división. Pero si tenemos en cuenta el contexto literario, vemos que lo que enseña es: Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco (Lucas 12: 47-48a).
En este punto es fundamental recordar que Jesús dijo No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mateo 15:24). Esas ovejas perdidas de las que habla son aquellos que se saben miembros de Israel y que reconocen al Señor de Israel como El Único, pero que no cumplen a rajatabla con la ley de Moisés, porque en realidad no la conocen (no se puede amar lo que no se conoce). En los días de Jesús, parte de esas ovejas perdidas vivía en el exilio, otros en lo que había sido el territorio del antiguo reino de Israel (Samaria y Galilea).
Las antiguas profecías que Su Magisterio cumplía eran las que anunciaban que esos Israelitas dispersos volverían a ser convocados a se parte de Israel: Vive Jehová, que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra del norte, y de todas las tierras adonde los había arrojado; y los volveré a su tierra, la cual di a sus padres. He aquí que yo envío muchos pescadores, dice Jehová, y los pescarán, (Jeremías 16:15-16a).
Que seas bendecido con muchas bendiciones. ¡Buena Semana! ¡Shalom Shalom
