La prisión de Evin reabre parcialmente entre ruinas y denuncias de abusos

Un símbolo de la represión iraní bombardeado en la guerra

La prisión de Evin, conocida como uno de los mayores símbolos de la represión política en Irán, reabrió parcialmente tras haber sido devastada por un bombardeo israelí el 23 de junio en el marco de la llamada Guerra de los 12 días. El ataque dejó 80 muertos y decenas de heridos, entre ellos personal penitenciario, familiares de presos y un menor de edad.

En aquel momento, la cárcel albergaba a unos 1.500 reclusos, incluidas mujeres trasladadas de urgencia a otras instalaciones en las afueras de Teherán. Hasta hoy, solo unos 600 presos, todos hombres y en su mayoría disidentes políticos, han sido devueltos a dos pabellones mínimamente restaurados, mientras el resto del complejo permanece en ruinas.

Condiciones precarias y denuncias de violaciones a derechos humanos

Las reparaciones en Evin han sido superficiales: apenas se reinstalaron puertas y ventanas y se retiraron escombros, pero los pabellones carecen de aire acondicionado en medio de una ola de calor extremo y no cuentan con clínica médica ni ventilación adecuada. Organizaciones de derechos humanos afirman que las condiciones “no cumplen con los estándares mínimos para la vida humana”.

Varios presos denunciaron además haber sido encadenados y golpeados durante los traslados posteriores al ataque. El 7 de agosto, cuando un grupo de disidentes se negó a ser esposado de pies y manos, se produjo un forcejeo en el que resultaron agredidos veteranos opositores como Abolfazl Ghadyani (80 años) y Mostafa Tajzadeh (68). La judicatura iraní niega estas acusaciones.

Protestas desde dentro y voces familiares

El preso político Behzad Panahi inició una huelga de hambre en protesta, calificando el lugar de “oscuro calabozo” sin condiciones básicas. Por su parte, Saeid Dehghan, abogado de derechos humanos, recordó que la propia normativa iraní prohíbe mantener internos en espacios sin atención médica ni saneamiento.

Familiares también denunciaron la precariedad. Fakhri Mohtashamipour, esposa de Tajzadeh, relató que durante una visita se encontró con la prisión aún en ruinas y que la reunión se realizó en una cabina improvisada entre escombros. Los presos, afirmó, viven en un “estado de desarraigo” y sin sus pertenencias personales.

Reacciones internacionales y mensaje político de Irán

Amnistía Internacional y Human Rights Watch calificaron el bombardeo israelí contra Evin como un crimen de guerra y exigieron investigaciones internacionales independientes. También denunciaron el trato degradante que recibieron los presos tras el ataque.

El retorno apresurado de los reclusos ha sido interpretado como un gesto político del régimen iraní para demostrar que los ataques israelíes no lograron clausurar uno de los emblemas de la represión estatal. Ali Asghar Jahangiri, portavoz del poder judicial, afirmó que la decisión respondió a una orden directa de la judicatura para “acelerar el regreso” de los internos.

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