Por el general (retirado) Tamir Hayman
La operación llevada a cabo en Doha tiene profundas implicaciones para los dos objetivos de la guerra.
Su logro dependerá de las consecuencias de la operación para Hamás, Qatar, Estados Unidos e Israel.
1. Desde la perspectiva de Hamás, si efectivamente se eliminó a todo el liderazgo, esto sería un terremoto. Hamás en el extranjero, con sede en Qatar, gozaba de protección diplomática —casi como una embajada oficial— a través de la cual recaudaba fondos y coordinaba su campaña diplomática contra Israel. Tras la operación, el centro de gravedad volverá a la Franja de Gaza. Esta vez, sin embargo, será sin los hermanos Sinwar, dejando a un liderazgo joven y exhausto para enfrentar una campaña cada vez más intensa en Gaza.
Hamás está ahora mucho más débil, y ese es un avance positivo, aunque tardío. No se espera que su postura sobre el acuerdo de rehenes y el fin de la guerra cambie a corto plazo, ya que hacerlo indicaría debilidad. A largo plazo, sin embargo, habrá un cambio. La dirección de ese cambio depende en gran medida de la postura de los mediadores y de Estados Unidos.
2. Qatar, que se había posicionado cuidadosamente como el principal mediador en el acuerdo de rehenes, ha sufrido un golpe humillante. Es un Estado débil y militarmente frágil que depende del paraguas protector estadounidense para sobrevivir. Dado que es probable que Estados Unidos estuviera al tanto de los detalles de la operación, un componente importante de la percepción de seguridad de Qatar se ha visto afectado. A corto plazo, se espera que Qatar se retire de los esfuerzos de mediación e incremente sus acciones subversivas contra Israel como represalia. Sin embargo, si no hospeda a altos funcionarios de Hamás, su relativa ventaja como mediador se habrá evaporado. La pelota pasará a Egipto, a quien ahora recurrirán los líderes de Hamás en Gaza.
3. Estados Unidos: El presidente Trump quiere poner fin a la guerra y, como es habitual, busca hacerlo mediante una demostración de fuerza y un decidido impulso hacia las negociaciones. Este ataque, que aparentemente fue aprobado por él, sin duda generará críticas, pero también infundirá nuevo impulso a los esfuerzos para poner fin a la guerra en Gaza. Es probable que el eje egipcio-estadounidense tome la iniciativa. Qatar no tiene mucha influencia sobre Estados Unidos; al contrario. Por lo tanto, Trump puede neutralizar o mitigar el daño potencial de Qatar.
4. Israel: El Gobierno israelí está llevando a cabo una peligrosa maniobra al borde del caos. El aumento de la presión sobre Gaza, la eliminación del liderazgo de Hamás y el ultimátum estadounidense crean la posibilidad de proyectar una imagen de victoria y poner fin a la guerra con un acuerdo integral. El problema, sin embargo, es que hay demasiadas piezas en juego. Este camino puede conducir a la victoria, pero también podría resultar en una mayor implicación en una operación militar para capturar la ciudad de Gaza, sin ningún canal de mediación que traduzca esta presión en un marco para la liberación de los rehenes. Por lo tanto, dado que las negociaciones carecen de sentido a corto plazo debido al inevitable retraso, la presión operativa tampoco es urgente. Por lo tanto, se recomienda suspender la operación en Gaza y dar tiempo al nuevo poder para asentarse y ejercer influencia.
En conclusión, esta fue una operación importante.
Si bien puede causar un retraso temporal en las negociaciones, también inyecta nueva energía que, si se utiliza adecuadamente, podría conducir a una imagen de victoria y al logro de los objetivos de la guerra.
Fuente: INSS – The Institute for National Security Studies
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