En la columna de la semana pasada, abordé la alianza estratégica entre Rusia y China, que desafía a Occidente en el escenario de una “Neo Guerra Fría”, una relación bilateral que se origina en el Tratado de Cooperación del 2001, renovado en el 2021 por cinco años, que refleja el apoyo mutuo, en la mayoría de los asuntos y las problemáticas internacionales, con visión geopolítica multilateral, y que se refleja en distintos ámbitos, el diplomático, el económico, y en el militar, pero ¿hasta qué punto esta alianza es sólida?, cuando en términos reales es al menos desigual, por eso hoy analizaré, si esa relación estratégica es tan sólida como parece ser.
Como es costumbre nos ayudaremos de la Historia, que nos muestra que los lazos chino-rusos, no siempre fueron enmarcados en la amistad recíproca, pues en el Siglo XIX, cuando el “Celeste Imperio” atravesaba durante la dinastía Qing, un período de convulsiones y de humillaciones, ejercidas por las potencias europeas y los EE.UU., el imperio zarista aprovechó para su expansión hacia oriente, lo que se plasmó a través de los Tratados de Aigún en 1858 y de Pekín en 1860, por los cuales el imperio chino debió ceder más de 600 mil Km2, que le valieron a Rusia la posesión de territorios estratégicos, en particular, la salida al Pacífico, con la ciudad-puerto de Vladivostok, que a su vez se reforzó con el trazado del ferrocarril Transiberiano y un ramal que atravesaba Manchuria.
Ya en el Siglo XX, tras la caída de la dinastía Qing en 1912, China vivió una creciente inestabilidad política que decantó en la guerra civil, que vio un paréntesis durante la 2GM, y que le sirvió a la URSS, para consolidar su presencia y poder en aquellas regiones, incluso, después de 1949, cuando ya China era un país comunista, con el liderazgo de Mao Zedong, se dieron confrontaciones armadas entre tropas soviéticas y chinas, como ser en litigios territoriales, en la provincia de Xinjiang, en el norte, y por la isla Zhenbao, también llamada por los rusos, Damanski, la que se encuentra sobre el río Ussuri, frontera entre ambos países, eventos ocurridos en 1969, que causó más de 150 bajas, entre muertos y heridos, por el lado soviético y unas 800 en el ejército popular chino, y más recientemente, una investigación del historiador chino, el profesor Shen Zhihua, de la Universidad de Nanjing, puso al descubierto de los archivos abiertos de la ex URSS, que Moscú a inicios de la década de los 70, consideraba la posibilidad de atacar a China, con armas nucleares.
Si bien, las relaciones ruso-chinas han mejorado desde la caída de la URSS y el colapso del imperio soviético, en la memoria del pueblo chino e incluso en los textos escolares, no se puede borrar la narrativa del despojo territorial, que hoy es parte la región oriental de Rusia, lo que más allá de los actuales vínculos, dominados por el pragmatismo geopolítico, tampoco el Moscú ha dejado de lado, que Beijing haya terminado de renunciar o al menos, a volver a imponer su influencia en aquellas tierras.
Es precisamente en aquel lejano territorio oriental ruso, hay un factor de desequilibrio que favorece a China, y es el demográfico, es una vasta región de unos 6 millones de Km2, con una escasa densidad poblacional, pues sólo es habitada por aproximadamente 8 millones de personas, y con mínimas inversiones, mientras que en las provincias chinas fronterizas, Heilongjiang, Jilin y Liaoning, viven más de 100 millones de habitantes, con una política de Beijing, de fomentar la redistribución demográfica y la diversificación de las actividades económicas, como ser aumentar la productividad y ampliar una red infraestructuras modernas, en base al desarrollo tecnológico, por ejemplo, las empresas chinas que han arrendado tierras para la explotación agrícola, lleva consigo el establecimiento de poblaciones rurales, por su parte, Moscú mantiene su atención, en la extracción de recursos, para lo que debe afrontar problemáticas de servicios y conectividad, y si bien, el intercambio comercial de materias primas en esas regiones ha aumentado, el mercado en esas latitudes, ha integrado al Yuan en los negocios, con financiamiento de capital chino, y es por esto, que Moscú percibe esta influencia china, como una expansión geoeconómica y geopolítica indirecta de Beijing, pero en el momento actual, necesita del Gigante Asiático.
El cambio climático también comienza a ser una preocupación para Rusia, pues con el calentamiento global, regiones del norte oriental ruso, como ser Siberia y el litoral del Ártico, zonas antes inhóspitas, se están volviendo de importancia estratégica, pues se hacen más viables para la explotación de recursos naturales, y por lo tanto para inversiones, y en el ámbito marítimo abren las posibilidades de rutas navegables, que reducen en tiempo y costos la conectividad entre los mercados del Pacífico y del Atlántico Norte, lo que será seguramente aprovechado por China, todo lo cual, vuelve más importante y de valor estratégico esas regiones rusas, que como se reseñó, Rusia sufre de escases demográfica y con déficit económico.
Por otro lado, no debemos olvidar los cambios en la política exterior china, a partir de Xi Jinping, la implementación de, la Diplomacia de las Deudas y la Diplomacia del Lobo Solitario, en cuanto a la primera, incluye un modelo de inversiones masivas, el control de recursos y la creación de un sistema de dependencia económica, en una palabra, es un claro ejemplo del uso del Poder Blando, tal como se lo puede ver en algunos países de Latinoamérica, África y Sudeste Asiático, y pueden ser adaptadas a Rusia, no sólo por la cuestión territorial-demográfica, sino también, por el sistema estatal ruso, pues si bien, podemos calificar a ambos regímenes como autocracias, el modelo ruso se basa en un estatismo centralista nacionalista, vinculado a la extracción y explotación de recursos naturales y materias primas, lo que implica poco valor agregado, en cambio el modelo chino, es un autoritarismo tecnocrático, con una economía dirigida a buscar el control global y con un desarrollo tecnológico científico, que implica un alto valor agregado.
Esta injerencia china en Rusia, no sólo se limita a las regiones del extremo oriente ruso, las inversiones chinas han aumentado considerable y gradualmente desde el 2014, con las ya mencionadas sanciones económicas impuestas por Occidente, pero más aún, a partir de la invasión rusa a Ucrania, por el caso, han sustituido a las empresas occidentales en varios sectores del mercado ruso, en particular, en el tecnológico, las comunicaciones y el automotriz, pero también en el sector minorista como ser bienes de consumo, con precios accesibles en medio de una economía de guerra como la que vive Rusia, por ejemplo, se espera que durante el 2025, 20 nuevas empresas chinas ingresen para llenar ese vacío dejado por las occidentales, lo cual ha creado malestar y desconfianza, incluso entre parlamentarios y empresarios rusos, más allá, que China es el principal socio comercial de Rusia, y esas inversiones, y el comercio bilateral, ayudan a Moscú a sostener el esfuerzo bélico.
Veamos, según algunos sectores vemos en la actualidad, una importante presencia de empresas chinas en Rusia, por ejemplo, en el sector automotriz, las empresas chinas proporcionan el 90% de las unidades del transporte público, mientras que de las casi 40 marcas de automóviles que circulaban hasta el 2022, han quedado 14, de las cuales 11 son chinas, en cuanto al sector tecnológico, se destacan los gigantes chinos Lenovo y DIDI, y en el campo de los smartphones, dominan el mercado las firmas Xiaomi, Realme, Tecno, y en cuanto a Huawei, si bien ha bajado su presencia, por el alcance de la sanciones y otras medidas restrictivas a su 5G en varios países de Occidente, si ha aumentado la incorporación de talentos, en su área de Investigación y Desarrollo que mantiene en Rusia, mientras que en el sector energético, el año pasado inició sus operaciones la planta de procesamiento de gas de las firmas chinas Sibur y China Sinopec, con una inversión de U$S 500 millones, sin olvidar, el Acuerdo del 2014 por el suministro de gas natural ruso, por 30 años, con un compromiso de inversión y erogación de China por U$S 400 mil millones, pero aún más significativo es, el rol de China en el sector financiero, más precisamente, en lo que hace a instituciones bancarias y financieras, con la presencia de, ICBC, China Citic Bank y el Bank of China, también con la expansión de la tarjeta UNIONPAY, que pasó a ocupar las plazas dejadas por las occidentales Mastercard y VISA, pero aún más importante es, el proceso de sustitución del Sistema Internacional SWIFT, por el Sistema Interbancario de Pagos de China o CIPS, y por último, el sector de electrodomésticos, donde el 40% del mercado está en manos de las empresas chinas, Xiaomi, Midea y Haire, en particular esta última ha aumentado sus ventas en casi el 60%, sin embargo, los riesgos de las sanciones impuestas por Occidente, a quienes mantienen relaciones comerciales con Rusia, en cierta forma han puesto un techo a las inversiones chinas, aunque pese a los riesgos de las sanciones, la empresas chinas siguen dispuestas a invertir en Rusia, lo que se refleja en la Balanza Comercial del Gigante Asiático, que nos muestra un crecimiento de más del 65% de las exportaciones chinas desde el 2023, en donde se destacan las empresas del sector privado, orientadas al consumidor, a diferencia de lo que ocurría hasta el 2022, que eran las empresas estatales del sector energético, las que dominaban los vínculos económicos entre China y Rusia.
Hasta acá, podemos concluir que las relaciones comerciales entre ambos países, han crecido casi de manera proporcional, con las sanciones impuestas a Moscú y las tensiones con Occidente, que le han restado al Kremlin su capacidad negociadora frente a Beijing, y esas relaciones han sido alentadas por las perspectivas geopolíticas y geoeconómicas compartidas, y una posición estratégica opuesta a los EE.UU..
Por su parte, la situación de marginación económica y financiera que sufre Rusia, ha aumentado su dependencia de China, lo que marca una relación desequilibrada, pese a que las inversiones chinas en Rusia tienen hoy un techo, lo que se señaló como consecuencia de las sanciones de Occidente, por lo cual, los patrones de inversión, muestran que la relación económica no está totalmente consolidada, y es asimétrica, pero también indispensable.
Sin embargo, Washington pretende dislocar los vínculos entre Rusia y China, por un lado, la reunión del pasado fin de semana en Madrid, España, entre el Secretario del Tesoro de los EE.UU., Scott Bessent y el vice 1er. ministro chino He Lifeng, en la que se llevaron a cabo rondas de negociaciones comerciales, pero también, según lo declarado por ambos funcionarios, se trataron asuntos de interés mutuo, como ser, Seguridad Nacional, Economía y Comercio, y que tendrá como colofón el diálogo entre Trump y Xi Jinping, el viernes próximo, por otro lado, el presidente estadounidenese, evalúa esgrimir la llamada Doctrina Nixon, aplicada en la década de los 70 que dislocó la relación entre la URSS y China, estrategia que en aquel momento de lo dio éxito a los EE.UU., pero los vínculos entre Moscú y Beijing era muy distinta a la actual, y según la visión de Washington, se utilizaría hoy, a modo de cuña, para lograr el fin del conflicto en Ucrania, y una recomposición del escenario europeo que permita a Rusia retomar sus relaciones con la UE, y de esa manera, quebrantar la influencia china sobre Moscú.
Pero volviendo a la cuestión de las relaciones ruso-china, este escenario, me recuerda la obra del escritor ruso Anton Chejov, “El Jardín de los Cerezos”, la historia de una familia aristocrática rusa, que por mala administración de sus riquezas, se enfrenta a graves problemas financieros, a punto tal, de perder su símbolo de tradición familiar, el remate de su hacienda donde está el bello Jardín de los Cerezos, entonces aparece un comerciante, hijo de sirvientes de la familia, que se propone salvar la finca a cambio de convertirla en un centro vacacional y sacarle provecho propio, entonces me pregunto, ¿es la China de Xi Jinping quién representa el rol del comerciante?
Finalizando la columna de hoy, mis reflexiones se traducen en un análisis prospectivo de la evolución de la relación Rusia-China; 1) en el corto plazo, y de acuerdo a lo reseñado, y considerando que hay una alianza asimétrica, Rusia podría ver disminuida su capacidad funcional y operacional, tanto en lo territorial como en su rol negociador, pero necesita de China, que condiciona los términos de la relación; 2) en el mediano plazo, al 2035, la elite burocrática rusa, los tecnócratas , los empresarios y sectores ultranacionalistas, podrían presionar al Kremlin, a amenguar la dependencia de China, a través de políticas que refuercen la presencia rusa en lo operacional y en lo territorial, con revisión de Acuerdos, como ser finalizar con el régimen de arrendamientos, o restricciones al Yuan en el mercado ruso, y de darse ésto, generaría tensiones, pues Beijing lo vería como una traición al modelo de cooperación mutua, y si bien, Moscú recuperaría soberanía, su economía se debilitaría; 3) por último, en largo plazo, 2040, las relaciones Rusia-China, podrían sufrir un giro copernicano, si se dieran en principio, las circunstancia señalada en el punto anterior, sumado a que superado el conflicto en Ucrania, se alivien o se eliminen las sanciones, más una recomposición, en principio parcial de las relaciones económicas y financieras con la UE, la que vería esto como una contención a la influencia de China en los mercados latinoamericanos, africanos y de Eurasia, como así también, una cooperación en el Ártico, todo lo cual generaría en Rusia divisiones, pues mientras las elites tecnócratas y empresarial, verían el giro hacia Occidente, una vía a la modernización y a la estabilidad económica, para los sectores nacionalistas lo percibirían como una vuelta a la dependencia de Rusia al bloque euro-atlántico, y para China, representa una amenaza estratégica y duro golpe a su expansión geopolítica y geoeconómica, y por lo tanto, nunca más acertado el axioma de la Escuela Realista de las Relaciones Internacionales, “…No hay amigos ni enemigos permanentes, sólo intereses permanentes.”.-
