Incursiones que reavivan las alarmas en Europa del Este
En la noche del 9 al 10 de septiembre, más de veinte drones rusos penetraron en el espacio aéreo polaco, obligando a la OTAN a desplegar aviones de combate para derribarlos. El episodio, ocurrido poco después de otros intentos de aeronaves rusas y bielorrusas de cruzar la frontera polaca, puso de manifiesto la vulnerabilidad de la Alianza Atlántica frente a la nueva generación de sistemas no tripulados. Varsovia decidió cerrar temporalmente la frontera oriental y reforzar su postura de defensa aérea.
Acuerdo militar entre Varsovia y Kiev
Ante este escenario, los ministros de Defensa de Polonia y Ucrania, Władysław Kosiniak-Kamysz y Denys Shmyhal, firmaron en Kiev un memorando de cooperación. El pacto contempla la creación de un grupo de trabajo conjunto para sistemas no tripulados y un programa de entrenamiento en el campo militar de Lipa, en el sur de Polonia.
“El elemento central de este grupo de trabajo será un programa conjunto de instrucción”, explicó Shmyhal en su cuenta de Telegram, destacando que abarcará detección, interferencia electrónica y neutralización de drones mediante interceptores y armamento convencional.
Transferencia de experiencia ucraniana
Ucrania, con más de tres años de experiencia en el uso de drones contra Rusia, aportará conocimientos técnicos y sistemas de rastreo de objetivos aéreos. Varsovia, por su parte, busca adquirir capacidades propias de operación y desarrollo de drones.
Shmyhal subrayó que el objetivo es “llevar nuestra cooperación en seguridad a un nuevo nivel en respuesta al terror ruso, que amenaza a Ucrania y a otros países europeos”.
La guerra de drones como nuevo escenario bélico
Desde 2022, los drones se han convertido en protagonistas del conflicto. Kiev asegura haber desarrollado un sistema de defensa en capas que combina guerra electrónica, ametralladoras pesadas y drones interceptores, lo que le ha permitido frenar ataques masivos a bajo costo.
En paralelo, Ucrania ha intensificado el uso ofensivo de drones de largo alcance. Dos aparatos ucranianos atacaron recientemente la refinería Neftekhim Salavat, propiedad de Gazprom, en Baskortostán, a más de 1.000 kilómetros de la frontera, provocando un incendio sin víctimas. Estas operaciones buscan golpear la infraestructura energética rusa, clave para financiar el esfuerzo bélico de Moscú.
Reacción internacional y tensiones regionales
La OTAN anunció un refuerzo de su postura defensiva en el flanco oriental, que limita con Bielorrusia, Rusia y Ucrania. En paralelo, Moscú exhibió su poder militar en ejercicios conjuntos con Bielorrusia, que incluyeron componentes convencionales y nucleares, aumentando la inquietud en las capitales europeas.
Mientras tanto, las fuerzas ucranianas continúan contraatacando en Donetsk, donde han recuperado unos 160 km² y varios asentamientos, aunque Rusia mantiene más de 700.000 soldados en la línea del frente.

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