Del inicio limitado a la ofensiva masiva
Al inicio de la invasión, Rusia empleaba entre 150 y 200 drones Shahed al mes, concebidos como apoyo puntual a los ataques con misiles.
En 2025 la situación cambió drásticamente: Moscú pasó a lanzar casi 5.000 drones mensuales, alcanzando un total superior a 33.000 en lo que va del año. Esta escalada convirtió a los drones en el núcleo de su estrategia militar.
Fábricas secretas y cadenas ilícitas
La ofensiva rusa se sostiene en la producción masiva local. Lo que empezó como importación desde Irán devino en una operación de fabricación interna.
Plantas como Alabuga y la IEMZ Kupol producen variantes avanzadas como la Geran-3, con un alcance de hasta 2.500 kilómetros. Esta capacidad se alimenta de cadenas ilícitas que proveen componentes electrónicos occidentales.
La doctrina del desgaste y el costo económico
La guerra de drones no busca precisión, sino saturación. La doctrina rusa apunta a desgastar a Ucrania y a Occidente mediante ataques continuos.
Cada dron cuesta entre 20.000 y 50.000 dólares, mientras que un misil interceptor puede costar cientos de miles. Esta asimetría convierte la defensa en un esfuerzo económicamente insostenible.
El impacto psicológico en Ucrania y Europa
Más allá de los daños materiales, el objetivo es quebrar la moral. Cada salva masiva crea noches enteras de alarma en Kyiv, con sirenas y explosiones.
El ataque del 7 de septiembre de 2025, con 860 drones y misiles, fue el mayor de la campaña. Diecinueve de ellos cruzaron a Polonia y otros incursionaron en Rumanía, extendiendo el miedo a la OTAN.
La respuesta ucraniana: innovación y drones propios
Ucrania respondió con un ecosistema industrial de drones, movilizando talleres, empresas privadas y programas estatales.
Produce hasta 5 millones de drones anuales, entre ellos FPV de bajo costo y drones de fibra óptica inmunes a interferencias. A diferencia de Rusia, dirige ataques de largo alcance contra refinerías y depósitos estratégicos.
Una guerra que cruza fronteras y amenaza a la OTAN
La guerra de drones no se limita a Ucrania. Incidentes en Polonia y Rumanía demostraron que la ofensiva tiene implicaciones globales.
El costo y la frecuencia de los ataques obligan a Occidente a repensar su doctrina de defensa aérea. Cada interceptación implica un drenaje financiero.
El futuro de la guerra sin contacto
El Shahed encarna la visión rusa de la guerra sin contacto: ataques masivos, bajo costo y sin necesidad de grandes maniobras terrestres.
Moscú busca una victoria lenta, basada en el agotamiento del enemigo, mientras Ucrania intenta responder con creatividad y tecnología. El resultado marcará el rumbo del conflicto en Europa y más allá.

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