Israel y Palestina: Una verdad incómoda y una propuesta que nunca llegará

En el debate contemporáneo sobre Medio Oriente, pocas palabras generan tanto eco como “Palestina” e “Israel”. La opinión pública mundial, moldeada por titulares sensacionalistas y organismos internacionales capturados por intereses políticos, repite con insistencia un relato que, al ser contrastado con la historia, revela profundas distorsiones.

Por Alkasbe

El mito del genocidio palestino
Se acusa a Israel de genocidio contra los palestinos. Sin embargo, las cifras son incontrovertibles: en 1948 había menos de 1.5 millones de árabes en la tierra que hoy se disputa; hoy existen más de 15 millones de palestinos en todo el mundo. ¿Cómo puede hablarse de exterminio cuando la población se ha multiplicado casi diez veces? La demografía no miente: la supervivencia y crecimiento del pueblo palestino es evidencia de que no existe ni un genocidio ni un plan de aniquilación.

El verdadero drama es otro: mientras en Israel viven más de dos millones de ciudadanos árabes con plenos derechos políticos, sociales y económicos, en países como Líbano, Siria, Egipto y Jordania, los palestinos siguen marginados, tratados como extranjeros en tierras hermanas, privados de ciudadanía y condenados a perpetuar el estatus de refugiados para servir como herramienta política contra Israel.

La naturaleza de los conflictos
Desde su creación en 1948, Israel ha sido objeto de ataques militares por parte de ejércitos árabes mucho más grandes en número y en territorio. Egipto, Siria, Jordania, Irak y otros países declararon guerras con el objetivo explícito de borrar a Israel del mapa.

Sin embargo, en cada ocasión, Israel no solo sobrevivió sino que prevaleció, demostrando que su existencia no se sostiene en la agresión, sino en la defensa.
Los datos históricos son claros: Israel nunca inició una guerra para destruir a sus vecinos. Fueron sus vecinos quienes, incapaces de aceptar un Estado judío, optaron por la violencia. Israel, en cambio, ha buscado paz incluso a costa de concesiones dolorosas, como la entrega del Sinaí a Egipto o la retirada unilateral de Gaza.

El dilema palestino
La pregunta que resuena es: ¿por qué los palestinos no han buscado integrarse, como lo hicieron tantos pueblos conquistados a lo largo de la historia? Los árabes aceptaron el dominio otomano durante siglos, adoptando sus leyes, lengua administrativa y hasta identidades culturales. Sin embargo, frente a Israel, se insiste en la narrativa de victimización y en la negación de toda legitimidad.

Parte de la respuesta está en la instrumentalización política: la “causa palestina” ha sido usada como bandera por líderes árabes y organismos internacionales, no para resolverla, sino para perpetuarla. Un palestino sin patria es un argumento eterno contra Israel.

Una propuesta de verdad
El camino hacia la paz no está en exigir que Israel ceda su corazón histórico -Judea, Samaria, Jerusalén-, sino en que los países árabes, con millones de kilómetros cuadrados disponibles, otorguen un espacio digno para que los palestinos construyan su propio Estado. ¿Por qué exigir que el único Estado judío del mundo, un pequeño punto en el mapa, sacrifique su seguridad y su identidad, cuando el vasto mundo árabe-musulmán podría absorber y dignificar a quienes dicen defender?

Conclusión
Israel no es el agresor, sino el sobreviviente de múltiples intentos de aniquilación. Los palestinos, lejos de haber sido exterminados, han crecido en número gracias a la prosperidad y a las oportunidades que, paradójicamente, les ofrece la misma tierra que acusan de oprimirlos.

Como cristiano, afirmo que Israel no es un accidente de la historia, sino el cumplimiento de un destino. Como académico, sostengo que la verdad histórica debe prevalecer sobre la propaganda. Y como ciudadano del mundo, declaro que no habrá paz verdadera mientras se siga castigando al único Estado democrático de Medio Oriente con narrativas falsas y se premie a quienes perpetúan el conflicto por conveniencia política.

La paz llegará cuando la verdad se imponga al espectáculo. Y la verdad, incómoda pero liberadora, es que Israel tiene derecho a existir, a defenderse y a prosperar, y que el pueblo palestino solo encontrará futuro cuando deje de ser instrumento y decida ser constructor.

La entrada Israel y Palestina: Una verdad incómoda y una propuesta que nunca llegará se publicó primero en Aurora Israel Noticias en Español.