En la ciudad griega de Salónica, la memoria de dos comunidades minoritarias encuentra un punto de unión en el recuerdo de tragedias históricas.
La colectividad judía, que fue una de las más grandes de Europa antes de la Segunda Guerra Mundial, fue casi aniquilada en 1943 tras las deportaciones masivas a Auschwitz. Al mismo tiempo, la comunidad armenia mantiene vivo el recuerdo del genocidio de 1915, en el que más de un millón de personas fueron asesinadas por el Imperio Otomano.
Este paralelismo ha generado un vínculo simbólico entre ambas minorías, que a lo largo de las décadas buscaron preservar su identidad en un país mayoritariamente ortodoxo. Líderes locales como Akis Dagazian, representante de la colectividad armenia, insisten en que la memoria compartida es una herramienta fundamental para advertir sobre los peligros del negacionismo y del olvido histórico.
En los últimos años, Grecia ha visto un renovado interés en reconocer y dar visibilidad a estas comunidades. Monumentos conmemorativos, actos públicos y discursos oficiales se han transformado en espacios de reivindicación, no solo de las víctimas del Holocausto, sino también de quienes sufrieron la violencia sistemática en Armenia.
La memoria de judíos y armenios en Salónica se proyecta así como un ejemplo de solidaridad entre pueblos que atravesaron tragedias semejantes. Al recordar juntos, estas comunidades no solo honran a sus antepasados, sino que también construyen un mensaje contemporáneo contra el odio, la discriminación y la indiferencia social.
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