El contexto político y el momento histórico
La visita de Donald Trump a Jerusalén y su discurso ante la Knéset coincidieron con la concreción del alto el fuego entre Israel y Hamás, que incluyó la liberación de los últimos rehenes israelíes con vida. El acuerdo, promovido por Washington y mediado por Egipto, marcó un punto de inflexión tras dos años de guerra que transformaron el mapa político y moral de la región.
Trump llegó al Parlamento israelí como artífice del plan de veinte puntos que permitió el cese de hostilidades. Su presencia en la Knéset fue recibida con ovaciones, en un clima solemne que combinó gratitud y expectación.
El mensaje central: del conflicto a la reconstrucción
Desde el podio, con el escudo israelí detrás, Trump declaró que lo ocurrido no era solo “el fin de una guerra”, sino “el fin de una era de terror y de muerte”. Invitó a Israel a pasar de la lógica militar a la de la reconstrucción y aseguró que Estados Unidos encabezará la ayuda internacional para la recuperación de Gaza.
En un tono cargado de simbolismo, habló de “la aurora de un nuevo Medio Oriente”, afirmando que “los cielos están en calma, las sirenas ya no laten y las armas callaron”. Según él, era el momento de que “la fe y la esperanza reemplazaran al miedo y la venganza”.
Los pasajes más controvertidos
El punto más polémico del discurso fue su pedido público para que el presidente de Israel indulte a Benjamín Netanyahu. Trump comparó su situación judicial con la suya propia en Estados Unidos, lo que generó aplausos entre los aliados del premier y críticas entre la oposición.
Durante la intervención, dos diputados de izquierda interrumpieron la sesión con pancartas y fueron retirados del recinto. Trump reaccionó con humor y retomó su discurso sin desviarse del guion preparado.
Recepción y repercusiones
El discurso fue calificado por el presidente de la Knéset como “una página más en la historia de la alianza entre Israel y Estados Unidos”. En sectores religiosos y nacionalistas se propuso su nominación al Premio Israel y al Nobel de la Paz.
En cambio, desde algunos gobiernos árabes se lo consideró una imposición externa y un gesto de propaganda electoral.
Analistas internacionales destacan que, si bien Trump consolidó su imagen como mediador, la viabilidad de su plan dependerá de la estabilidad interna de Israel y de la respuesta de actores regionales como Egipto, Arabia Saudita e Irán.
Balance final
En términos políticos y diplomáticos, el discurso de Trump en la Knéset fue un acto de consagración, pero también una jugada de alto riesgo. Logró apropiarse de la narrativa del fin del conflicto y proyectarse como garante de una nueva etapa.
Sin embargo, la paz aún está por definirse sobre el terreno: Gaza continúa devastada, la reconstrucción es incierta y el equilibrio político en Israel sigue siendo frágil.
Trump cerró su discurso con una frase que sintetiza su apuesta: “Estoy con ustedes hasta el final”.

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