ORÍGENES E HISTORIA
Sus raíces se remontan a los tiempos del Segundo Templo en Jerusalén, aunque la celebración tomó forma definitiva en la Edad Media. En un principio, el pueblo concluía la lectura pública de la Torá en el último día de Sucot, la Fiesta de las Cabañas. Con el paso de los siglos, esta jornada adquirió identidad propia, llena de música, danza y alegría. Así nació Simjat Torá, una celebración de gratitud hacia el texto que ha guiado la vida espiritual, moral y cultural del pueblo judío por más de tres milenios.
EL SIGNIFICADO Y SU ESPÍRITU UNIVERSAL
Simjat Torá no es solo una fiesta religiosa; es también un canto a la identidad, a la unión y a la esperanza. En Israel y en la diáspora, judíos de todos los orígenes —ashkenazíes, sefardíes, mizrajíes o laicos— celebran juntos, sin distinciones. Durante esta fecha, la Torá deja de ser un rollo guardado en el arca: se alza, se abraza y se baila con ella. Es el símbolo del alma viva del pueblo judío, que se regocija en su herencia espiritual y cultural.
EL MODO DE CELEBRARLO
La festividad dura un día en Israel y dos días en la diáspora. En las sinagogas y en las plazas se realizan las hakafot, siete vueltas danzantes alrededor del arca sagrada, mientras se cantan melodías tradicionales y se ondean banderas de colores. Niños, jóvenes y adultos bailan juntos sosteniendo banderitas o pequeñas réplicas de los rollos de la Torá, en un clima de alegría y fraternidad. La lectura final del Deuteronomio se enlaza inmediatamente con el comienzo del Génesis, simbolizando la continuidad ininterrumpida de la fe y del estudio.
LAS CANCIONES DE SIMJAT TORÁ
La música es el corazón de esta fiesta. En las calles, en los templos y en los hogares suenan cantos llenos de energía, esperanza y gratitud. Entre los más conocidos se destacan:
“Torá tzivá lanu Moshé” (La Torá nos dio Moisés) La Torá nos dio Moisés, herencia del pueblo de Jacob. ¡Alegrémonos, cantemos juntos, la Torá es nuestra vida y nuestra luz!
“Sisu ve-simjú be-simjat Torá” (Alégrense y gocen en Simjat Torá) Alégrense y gocen en Simjat Torá, celebremos con danza y con fe, con la Torá en brazos del pueblo, la alegría no tiene final.
“Etz Jaím Hi” (Es árbol de vida) Es árbol de vida para quienes la abrazan, y dichosos son los que la sostienen. Sus caminos son caminos de dulzura, y toda su senda es paz.
SIMJAT TORÁ EN LOS COLEGIOS
En Israel y en las comunidades judías del mundo, los colegios celebran también Simjat Torá. Los niños confeccionan banderas con dibujos de la Torá, escriben mensajes de paz y aprenden las canciones tradicionales. Se organizan pequeñas hakafot en los patios, donde los alumnos bailan junto a sus maestros, transmitiendo desde la infancia la alegría de pertenecer a una tradición milenaria.
SIMJAT TORÁ EN TIEMPOS DE GUERRA Y DE PAZ
Cuando reina la paz, las calles de Israel se llenan de luces, música y danzas multitudinarias. Pero incluso en tiempos de guerra, Simjat Torá no se interrumpe. Las celebraciones se tornan más íntimas, y las canciones se mezclan con plegarias por los soldados, los heridos y los caídos. Cada danza se convierte entonces en un acto de esperanza y resistencia espiritual.
UN MENSAJE DE UNIÓN Y ESPERANZA
Simjat Torá enseña que cada final es también un nuevo comienzo. Así como al concluir el Deuteronomio se inicia nuevamente el Génesis, el pueblo judío renueva su compromiso con la vida, la paz y la memoria. En cada paso de danza y en cada verso cantado late la certeza de que, más allá de la distancia y del dolor, Israel y la diáspora son un solo corazón.
Que las luces de Simjat Torá sigan iluminando los caminos del mundo con el mensaje eterno de la Torá: paz, sabiduría y amor entre los pueblos.
Este año especialmente Simjat Torá cobrará un sentido especial. Como parte de los misterios insondeables hace 2 años fue en Simjat Torá que los asesinos del Hamás atacaron arteramente a los hijos de Israel, hoy, justamente hoy, se cierra un ciclo de dolor con la enorme alegría de recibir a los secuestrados en casa y el fin de la guerra. Ya sabemos los judíos de la necesidad de disfrutar a pleno cuando la ocasión lo convoca. Una manera sabia de responder apostando a la vida frente los grandes dolores y perdidas de una realidad siempre imperfecta.
Marta Arinoviche.
