Ben Gvir impulsa una nueva doctrina de seguridad interna en Israel

El endurecimiento legal contra el crimen en comunidades árabes marca un giro en la estrategia de seguridad nacional.

La reciente aprobación gubernamental que permitirá aplicar herramientas antiterroristas a organizaciones criminales no es un paso aislado. Se trata de una redefinición de la doctrina de seguridad interna, en la que el Estado busca responder con la misma contundencia a la violencia civil que amenaza su autoridad.

 
La iniciativa, concebida para frenar el crecimiento de las redes delictivas en comunidades árabes, refleja una nueva fase de centralización del poder en los organismos de seguridad. Bajo esta lógica, la delincuencia organizada pasa a ser tratada como una amenaza estratégica, equiparable al terrorismo en su capacidad de desestabilizar la estructura estatal.

 
El cambio introduce un debate profundo sobre los límites entre seguridad y derechos civiles. La ampliación de facultades para los cuerpos de inteligencia y las fuerzas del orden podría fortalecer la prevención, pero también plantea interrogantes sobre el equilibrio democrático. La lucha contra el crimen se convierte así en un instrumento de reafirmación del control estatal, pero también en un ensayo de autoridad frente a sectores históricamente marginados.

 
El fenómeno de la violencia en comunidades árabes no es nuevo, aunque ha alcanzado en los últimos años una intensidad sin precedentes. Casi doscientas muertes violentas en lo que va de 2025 reflejan la urgencia del problema. Sin embargo, el enfoque elegido apunta menos a una reforma social que a una respuesta securitaria, sustentada en la doctrina de que la fuerza del Estado debe imponerse incluso sobre fenómenos de raíz interna.

 
Analistas israelíes interpretan esta política como parte de una corriente más amplia que tiende a militarizar la gestión de la seguridad pública. En ese contexto, la frontera entre crimen y terrorismo se difumina, y con ella los mecanismos tradicionales de control civil. Lo que hasta ahora se consideraba un problema de policía se eleva a la categoría de desafío nacional.

El Gobierno, por su parte, sostiene que esta política es necesaria para preservar el orden y garantizar la soberanía de las instituciones democráticas. La medida, aseguran sus impulsores, no busca castigar a comunidades específicas, sino recuperar el control del Estado frente a redes delictivas que operan con impunidad y amenazan la estabilidad nacional.

 
Con esta nueva doctrina, Israel parece entrar en una etapa en la que la seguridad interior se redefine como parte esencial de la defensa del Estado. Una frontera difusa, pero decisiva, entre la protección ciudadana y la reafirmación del poder estatal.

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