Tensión en el Caribe: Washington refuerza su presencia naval frente a Venezuela

El portaaviones Gerald Ford encabeza la mayor operación estadounidense en la región desde 2003, mientras Maduro moviliza tropas y Brasil advierte contra una intervención.

En una demostración de fuerza que reconfigura el tablero estratégico del hemisferio occidental, Estados Unidos desplegó su portaaviones USS Gerald R. Ford, el mayor de su flota, en aguas del mar Caribe, bajo la jurisdicción del Comando Sur.

El Pentágono confirmó que la operación responde a una directiva presidencial destinada a “desmantelar organizaciones criminales transnacionales y contrarrestar el narcoterrorismo”, en momentos de creciente tensión con el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Según el portavoz del Departamento de Defensa, Sean Parnell, la misión busca reforzar la detección y neutralización de redes dedicadas al tráfico de drogas y otras actividades ilícitas que, según Washington, amenazan la estabilidad regional.

La maniobra, encabezada por el portaaviones Gerald Ford y su grupo de ataque, se suma a un contingente que incluye tres buques de asalto, aeronaves F-35B, drones de vigilancia y aviones de patrulla P-8 con base en Puerto Rico. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, aseguró que el operativo está dirigido a eliminar a los “narcoterroristas” que actúan en el Caribe y en el Pacífico, comparando su combate con la persecución de Al Qaeda.

En las últimas semanas, las fuerzas estadounidenses han destruido varias embarcaciones sospechosas cerca de las costas de Venezuela y Colombia, intensificando la presión sobre las rutas marítimas que, según Washington, utilizan los carteles aliados al régimen de Caracas. Hegseth declaró: “Si trafican drogas en nuestro hemisferio, serán tratados como terroristas. Rastreados, neutralizados y eliminados”.

Por su parte, el presidente Donald Trump confirmó que su administración evalúa extender la campaña contra el narcotráfico a operaciones terrestres, sin especificar en qué países. “La tierra será lo siguiente”, dijo el mandatario, reforzando la percepción de que la ofensiva podría escalar más allá del ámbito marítimo.

Reacción de Caracas y advertencia regional

El régimen venezolano reaccionó de inmediato. Nicolás Maduro ordenó el despliegue de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), junto con cuerpos policiales y milicianos, a lo largo de la costa norte del país. Los ejercicios, que se prolongarán durante tres días, buscan —según el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López— alcanzar el “punto óptimo de coordinación” ante lo que denominó una “amenaza imperialista”.

Maduro denunció públicamente que Washington estaría impulsando operaciones encubiertas de la CIA en territorio venezolano para forzar un cambio de régimen. “No lograrán desestabilizar la paz ni la soberanía de Venezuela”, aseguró durante un acto televisado.

Mientras tanto, desde Brasilia, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva expresó su rechazo a cualquier intervención militar en la región. El asesor presidencial Celso Amorim advirtió que una acción armada podría “fomentar el resentimiento y la radicalización política en todo el continente”, llamando a resolver las diferencias mediante mecanismos diplomáticos.

En paralelo, fuentes diplomáticas de la Organización de Estados Americanos (OEA) señalaron que varios países miembros han solicitado una sesión de emergencia para analizar la escalada en el Caribe y sus posibles consecuencias sobre la seguridad regional.

Contexto geopolítico

El despliegue del Gerald Ford constituye el mayor movimiento naval estadounidense en el Caribe desde 2003 y marca un punto de inflexión en la estrategia de Washington hacia América Latina. El Comando Sur ha retomado protagonismo, articulando una presencia que combina lucha antidroga, cooperación en inteligencia y disuasión militar ante gobiernos considerados hostiles o inestables.

Aunque la Casa Blanca insiste en que su prioridad es el combate al crimen organizado, analistas coinciden en que la maniobra tiene un componente geopolítico más amplio: limitar la influencia rusa e iraní en la región, reforzar la alianza con Colombia y mantener bajo observación los vínculos entre Caracas, La Habana y Teherán.

En ese contexto, la presencia del Gerald Ford frente a las costas venezolanas simboliza tanto una advertencia como un mensaje de disuasión. Entre la diplomacia y la demostración de poder, la tensión en el Caribe se convierte nuevamente en el reflejo de una pugna hemisférica por la hegemonía y la seguridad.

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