Leo Gleser —argentino nacido en Alto Alegre, Córdoba, y radicado en Israel desde 1966— reconstruye un recorrido vital atravesado por cambios sociales, identidad judía, servicio comunitario y momentos clave de la historia israelí. A sus 18 años emigró al Estado judío impulsado por un movimiento juvenil, pero también por un contexto creciente de antisemitismo en la Argentina de los años 60.
Gleser recuerda cómo, siendo adolescente, comenzó a tomar conciencia de su identidad judía a partir de un caso de violencia antisemita en Buenos Aires. “Fue un golpe muy fuerte. Ahí empecé a verme como judío y no simplemente como un argentino común”, describe, marcando un punto de inflexión personal. Ese despertar lo llevó a integrarse en espacios comunitarios que terminarían definiendo su destino: “Un movimiento juvenil me abrió la puerta para imaginar otra vida en Israel”.
Ya instalado en el país, fue absorbido por los preparativos previos a la Guerra de los Seis Días. Con humor, rememora uno de sus primeros trabajos en un kibbutz: “Aré mal porque puse los discos al revés… me quería morir de la vergüenza”. La guerra lo llevó a estar en el Sinai aprendiendo y limpiando los tanques que dejó el combate.
Más adelante, se involucró en lo que él llama, irónicamente, “mossad culinario”, saber lo que come mi enemigo “No era espionaje, pero era una manera de aportar. La comida también sostiene misiones”. Realizó infinidad de cursos desde unidades de elite de las FDI y tuvo entre otras responsabilidades las operaciones en las terminales de la compañía aerea El Al en varios destinos europeos.
El primer libro de Gleser contiene algunos relatos propios que pueden ser compartidos y muestran algunas de sus andanzas.
Hoy, al analizar hechos recientes como la tragedia del 7 de octubre, Gleser muestra la misma combinación de realismo y autocrítica que lo caracterizó en su juventud. “No son solo fallas recientes, hay errores estructurales de muchos años”, afirma con preocupación. Aun así, conserva una esperanza prudente en un futuro más estable: “Si queremos convivir, necesitamos preparación, educación y responsabilidad colectiva”.
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