El neurólogo y profesor de Neurología Dr. Alfredo Firstenfeld alertó sobre el crecimiento del burnout, un síndrome que, según explicó, no es una enfermedad clásica sino “un conjunto de síntomas y signos que responden a distintas causas”. El término fue acuñado en los años 70 por el psicólogo Herbert Freudenberg, y hoy se volvió parte del vocabulario cotidiano ante el aumento del estrés laboral y académico.
Firstenfeld remarcó que, a diferencia de otras patologías del sistema nervioso, en el burnout “no hay un daño anatómico del cerebro”, sino que se genera “una desconexión de los circuitos y de los principales neurotransmisores”. Aunque la serotonina, la dopamina y el GABA siguen presentes, “los circuitos no se enganchan, no se enchufan”, explicó. Esa desconexión provoca insomnio, apatía, cinismo, dolores gastrointestinales y fallas en el rendimiento laboral.
El especialista advirtió que, si no se interviene, el cuadro puede tener consecuencias serias: “Las enfermedades cerebrovasculares, cardiovasculares y la diabetes salen en punta como disparadores”. Y agregó que el burnout real es un estadio avanzado, aunque millones de personas presentan síntomas previos sin identificarlos.
Otro punto clave que destacó es que el fenómeno no afecta solo a adultos: “Los niños y adolescentes también sufren este tipo de cuadros”, advirtió. La sobrecarga escolar, las actividades múltiples y la exposición constante al celular pueden generar cambios bruscos de comportamiento que no deben confundirse con caprichos. “Los neurólogos siempre ponemos atención a los cambios no habituales en la conducta”, señaló.
Sobre el tratamiento, Firstenfeld fue contundente: “Hay que frenar el auto, ponerse al costado del camino y dormirse una siestita”. El descanso, el cambio de actividad y la recreación son la base de la recuperación. La medicación, en cambio, no es la protagonista: “No va a ser tan útil como en otros cuadros, porque acá no falta un neurotransmisor”.
El neurólogo concluyó con un mensaje simple pero urgente: trabajar en exceso es tan riesgoso como no trabajar. El desafío es mantener el equilibrio y reconocer a tiempo las señales de alerta para evitar que, como él mismo sintetizó, “se te quemen los cables”.
