Comentario a Haftará Vaieji : 1 Reyes 2:1-12
William Shakespeare decía que “estamos hechos de la misma materia que los sueños y nuestra pequeña vida termina en un sueño”. En la Torá, los sueños están muy presentes, con pasajes donde lo onírico ocupa un lugar central: son conocidos los relatos del sueño de la escalera de laakov, los sueños de losef y los del Faraón. Los Sabios enseñan que “un sueño es un sesentavo de profecía” (Berajot 57b): una fracción de verdad entremezclada con pensamientos, preocupaciones y ecos del día (Berajot 55a).
La parashá Vaiejí (y vivió), como en un ensueño, describe los preparativos de Iaakov para su muerte, despidiéndose de sus hijos y nietos, y pronunciando declaraciones poéticas (en algunos casos, bendiciones) para cada uno de ellos.
Como un déjà vu, la haftará de esta parashá traza un paralelismo exponiendo los días próximos a la muerte del Rey David. Antes de partir de este mundo, David dice unas últimas palabras a su hijo Shlomó: «Ten fortaleza, y sé un hombre».
En el resto de su discurso de despedida, si bien David le pide a Shlomó que se encargue de algunos asuntos pendientes, que pague bien por bien, que sea justo, según el comentario de Steinsaltz el mensaje principal de David para su hijo es no quedarse anclado en el pasado: Shlomó, como nuevo Rey enfrentará nuevos desafíos y deberá adaptarse. Tendrá que crecer, ser un hombre, trazando nuevos caminos para afrontar el nuevo y complejo mundo que se le avecina.
Tanto en la parashá como en la haftará, encontramos a un padre en su lecho de muerte, ofreciendo como un legado sus últimas palabras a sus hijos. Llegado el momento, beezrat H´ cada uno de nosotros probablemente desearía poder expresar una declaración similar a sus seres queridos. Sin embargo, no necesitamos esperar hasta ese momento para transmitir palabras de valor a los que queremos: todos los viernes por la noche, los judíos tradicionalmente bendecimos a nuestros hijos, en un hermoso ritual cargado de amor y simbolismo. Si bien muchos recitamos la conocida berajá “iesimja elohim keEfraim vekiMenashe…”, cantada con la conocida melodía, leí que también es válido expresar en palabras lo que deseamos para nuestros hijos, incluso en forma de carta o breves intenciones.
En ese sentido, hace poco me llegó un ensayo inspirador que alguien escribió “dedicado a su Yo del pasado”: palabras de fortaleza que hubiesen querido escuchar en momentos de dudas y turbulencias. Con esa idea en mente, y a propósito de este comentario a la haftará, yo tambien escribi mi carta para ese jovencito que alguna fui, como una cápsula de tiempo a la espera de ser abierta algun dia por mis propios hijos y nietos:
«Cada uno de nosotros somos ese joven Shlomó sentados ante la incertidumbre, somos cada uno de los hijos de Iaakov tomando su mano con suavidad, esperando la berajá única, reservada para nosotros: “Hijo, escúchame bien. Eres un héroe. El mundo se detiene sin personas como tú. Nos faltan personas dispuestas a hacer el trabajo duro que mantiene este mundo en pie: cuidar a otros. Eso es todo”.
No dejes de acompañar a una persona, en silencio, en el momento sagrado a la hora de la muerte de un ser querido. Aprende que solo “estar allí”, significa sostenerlo mientras se rompe por el dolor.
No distingas a las personas por la humildad de su vestimenta. Trata a un indigente o una persona sin hogar con la misma dignidad con la que tratarías a un rey, simplemente porque es ser humano.
Mira a la gente a los ojos cuando te hablan. Que tu mirada transmita la franqueza que te inculcaron tus padres.
Aun si debes ganarte el sustento con mucho esfuerzo, aun si la gente pasa junto a ti como si fueras invisible, no es algo de lo que debas sentirte avergonzado.
Nunca creas que no eres lo suficientemente inteligente. Vale más la constancia, ser perseverante. Habrá días y noches, en que volverás a casa con los pies doloridos y el corazón roto más veces de las que quisieras, pero si vives con propósito, jamás te preguntarás si tu trabajo es importante, porque lo sabrás, cada dia de tu vida.
Vivimos en una cultura obsesionada con los títulos y las especializaciones. El mundo insistirá en que el éxito es un nombre en una placa o una cuenta bancaria envidiable, pero dejame decirte algo sobre el mundo real: hemos olvidado la nobleza del servicio. Hemos olvidado lo sagrado de lo esencial.
Esfuérzate para que tus hijos crezcan como miembros seguros y contribuyentes a la sociedad, asegurándote de que tengan compasión por los demás y hagan el bien, sin mirar a quien, mejor si nadie lo sabe, porque lo que importa es su dignidad.
Ponte en los zapatos del otro, no sabes las batallas que está librando, quizás no esté teniendo un buen día. Sé amable. Sé agradecido. Debes saber que aunque la rutina nunca duerme, y el reloj nunca se detiene, nada te llena más que dedicar algo de tu tiempo a una causa noble.
Cultiva la espiritualidad. Conecta con lo que te rodea. Mantén el rumbo aun cuando el mundo cambie sus prioridades. No busques estatus, no necesitas una fórmula para “ser alguien”.
Mejor es ser único. Ser especial. Ser un mensch».
Al finalizar este texto lloré, porque en algún punto y por un momento, olvidé de donde vengo. Porque solo al final entendemos el secreto que tantos persiguiendo el “sueño americano” nunca descubren: el éxito no se mide por cuántas personas te sirven. Se mide por cuántas personas servimos.
Así que la próxima vez que hables con alguien, míralo a los ojos. Decile que estás orgulloso de lo que hace; que sus manos ayudan a construir el mundo y a sanar lo que está roto, que a veces solo se necesita tiempo. Y que cuando llegue la oscuridad —porque siempre llega— estaremos buscando a alguien que decida comprometerse con su identidad, con su kehila, con su comunidad, con su sociedad.
Decile que lo necesitamos para hacer posible ese futuro que ayer era un sueño, el mismo sueño que anhelaron Jacob y David para sus hijos.
Jazak Jazak venitjazek !
Shabat Shalom umeboraj !
Seba Cabrera Koch
Bibliografía
-1 Reyes, capítulo 2. Explicación y comentario. Equipo del sitio haTanaj ©2024 haTanakh
-Coffman, A. Torá con comentario de Rashi, tomo 1 Bereshit. 2001. Editorial Jerusalén.
-Comentarios (1 Reyes 2:2) Consultado desde Sefaria.org
-Espacio Derej Eretz. “Los sueños siguen a la boca”. Publicación 16/12/25 IG: @espacioderejeretz
-Introducciones de Steinsaltz al Tanaj, I Reyes, Sección Prefacio 2 (1 Reyes 2:1-12) Consultado desde Sefaria.org
-Pollak, Y. What Is Your Blessing? ©2025 MyJewish Learning
Imagen
“Old Jewish man hands holding a Prayer book”. by Tomertu. 2018. iStockphoto.com
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