De la mano junto a la Inquisición

Una vez que el dictador Nicolás Maduro fue capturado por el gobierno de Estados Unidos y trasladado a Nueva York para ser juzgado por multiplicidad de delitos, casi todos los observadores más serios del mundo se mostraron sorprendidos por los hechos que se produjeron en las siguientes horas y días. Por ejemplo, no comprendieron por qué Delcy Rodríguez se convertía en “presidenta encargada” de Venezuela. Hoy, ya todos entienden, aunque no les resulte agradable ni de cerca. Al fin y al cabo, Rodríguez ha sido una cara muy visible de las dictaduras de Chávez y Maduro (sobre todo de este último) y ha ocupado los más altos cargos del régimen, siempre con agresividad, ordinariez, soberbia. Pero la llamada transición que nadie sabe bien qué puede ser, está liderada por esta ferviente militante no sólo de dictaduras corruptas y criminales, sino del antisemitismo. Y no esperó nada para volver a demostrarlo.

El domingo, cuando se presentó ante las cámaras del mundo no tuvo ningún empacho en decir que la operación militar que trasladó a Maduro “tuvo indudables tintes sionistas”. En momentos de crisis o cataclismos políticos, ha sido muy común en la historia reciente y no tan reciente, ver a regímenes dictatoriales tratando de explicar sus fracasos, su descontrol a través de un chivo expiatorio. Y para las dictaduras del último cuarto de siglo en Venezuela, el sionismo ha sido el chivo expiatorio. Sucedió cuando Chávez maldijo a Israel repetidas veces en su interminable programa radial semanal donde se mezclaba el odio a todos los que lo antagonizaban y lo payasesco. Más cerca en el tiempo, hace apenas dos meses, cuando Maduro se veía rodeado por barcos militares de Estados Unidos y se resistía a aceptar las ofertas de exilio que se le ofrecían, el dictador dijo que “los sionistas son los que operan desde las sombras para entregar a Venezuela al diablo”.

Cuando Chávez en 2009, ya en brazos de Irán, Hezbollah y Cuba expulsa al embajador de Israel y corta relaciones, la sinagoga Tiferet Israel de Caracas fue enseguida brutalmente vandalizada, y el colegio judío asaltado con los niños y adolescentes aterrorizados por las amenazas con armas largas por parte del ejército que perpetró esa otra brutalidad. El modelo del antisemitismo es casi siempre el mismo. Si el pueblo está furioso por la corrupción, la represión, el populismo dictatorial, hay que buscar y encontrar un enemigo común, y eso es lo que hicieron Chávez y Maduro con lo que llamaron el “sionismo”, que no fue otra cosa que un antisemitismo puro, duro y permanente, poniéndose a la vera de Irán e Hezbollah, y después ampliando con Hamas. Les abrieron las puertas de América Latina no sólo para tráfico de drogas, lavado de dinero, sino para extender su odio antisemita en cada gobierno cómplice de las dictaduras venezolanas. Evo Morales, Rafael Correa, y tantos más se unieron a la inquisición siglo XXI. Cuba ocupó el país, se instaló en todos los rubros policiales y el sábado pasado, si faltaban pruebas, hoy ya quedaron al descubierto cuando se supo que fueron decenas de cubanos los que cayeron en el combate porque ellos y sólo ellos eran la seguridad del dictador y la dictadura.

No sólo las dictaduras usan la maquinaria de echarle la culpa de sus fracasos a los judíos. Nueva York eligió democráticamente a su nuevo alcalde Zohran Mamdani, y éste, miembro del partido Demócrata, en su primer día laboral no tomó ninguna medida contra la creciente inseguridad de la ciudad o la cantidad de gente viviendo en las calles o decretando lo prometido en campaña electoral sobre otorgar pasajes gratis en el subte y otras lindezas que ni a Daniel Ortega se le hubiera ocurrido, sino que borró de un plumazo tres decisiones de las administraciones anteriores: Nueva York abolió la definición de antisemitismo adoptada hace mucho por la Alianza Internacional de Recordación del Holocausto(IHRA por sus siglas en inglés); anuló la prohibición de boicotear productos israelíes; y le quitó a la policía la potestad de crear nueva normativa para las violentas manifestaciones y ataques que sufren las sinagogas en la ciudad, abriendo nuevas ventanas de crecimiento del antisemitismo que sacude a Nueva York desde hace mucho y que ha ocasionado muertos, heridos, vandalizaciones de sinagogas y edificios de la comunidad y otras barbaries. Mamdani no es sólo un político que odia a Israel y que nunca lo ha ocultado, es también un antisemita que quiso demostrar desde su primer día en la alcaldía de Nueva York que los judíos, si es por él, están y estarán en peligro latente e inminente.

La política basada en que la culpa es del otro, a la larga necesita encontrar un enemigo visible y tangible. Y allí es donde en la Rusia zarista, en la Europa de los años 30 y 40, en dictaduras latinoamericanas del siglo XX, en los 25 años de barbarie en Venezuela de donde huyeron 9 millones de personas, en la Nueva York en la que gobierna un antisemita de 34 años, aparece el enemigo común, el judío que estaba en las tapas de Der Sturmer en la Alemania nazi, y el que estaba todos los días en las audiciones oficiales chavistas de Aporrea, tal el nombre del libelo mayor y más grande de entonces.

Por ello, era imposible que Delcy Rodríguez no culpara a los judíos esta semana. Lo lleva en su sangre inoculada de odio desde su juventud desaforadamente estalinista. Pero la inquisición no se quedó en las Américas, sino que también tiene su ejemplo semanal en el lugar donde fue creada. El País de Madrid, el mayor diario español, publicó este martes que el juez Alvin Hellerstein, que preside el tribunal de Nueva York que juzga a Maduro y a su esposa, es imparcial “ a pesar de ser un prominente miembro de la comunidad judía”. Un día después, el diario borró lo escrito y redactó de nuevo. Hellerstein de 92 años siempre fue un eminente hombre de leyes, un eminente juez y un activo miembro de una sinagoga ortodoxa. No le alcanza con saber que ahora Zohran Mamdani es alcalde de la ciudad, ahora también se ha enterado que la larga historia de antisemitismo del diario español cayó sobre él, no porque se le discuta su probidad y capacidad profesional, sino porque es judío.

El multilateralismo soñado en 1945 y que la ONU ha matado hace tiempo decidió reunir este lunes al Consejo de Seguridad y asegurar horas de retórica que a esta altura son una pérdida de tiempo. Invocaron el Derecho Internacional. ¿Qué hizo el Derecho Internacional para terminar con las dictaduras venezolanas durante un cuarto de siglo? Maduro es el único presidente (por así decirlo) latinoamericano investigado por la Corte Penal Internacional, y esa Corte no emitió una sola orden efectiva en su contra. La Corte Interamericana de Derechos Humanos lleva décadas condenando al estado venezolano, sin que una sola de sus sentencias haya modificado nada. ¿Dónde estaban Lula y sus socios mientras se torturaba, asesinaba y desaparecía gente en los campos de concentración de Venezuela? Invocaron también la soberanía. ¿Soberanía sin división de poderes, sin libertad de expresión, falsificando elecciones, en un territorio liberado para el terrorismo, y el narcotráfico intercontinental? ¿Soberanía habiendo entregado el país a Irán, Cuba,Hezbollah y defendiendo el pogromo de Hamas del 7/10/23 con tanta alegría como los perpetradores?

Hoy, la dictadura venezolana está allí. Corrupta, terrorista, racista y antisemita. Quizás se vaya en un tiempo. Nosotros no lo sabemos. Y no está sola. Hay quienes copian sus ideas y hay quienes siguen apoyándola. Estos últimos, especialmente en nuestra región, parece que no entienden que los pueblos quieren trabajo y libertad, y están despreciando muy peligrosamente a quienes desde mucho confort personal pretenden dar clases de decencia subidos a edificios de inmoralidad.