El antisemitismo no es espontáneo: se construye y se legitima – Natalio Steiner

Lejos de ser una reacción aislada o importada por conflictos externos, el antisemitismo en la Argentina vuelve a mostrarse como un fenómeno construido, alimentado y normalizado en el tiempo. El discurso se recicla, cambia de forma y de lenguaje, pero conserva un núcleo histórico: la idea del judío como culpable universal, poder oculto y explicación fácil frente a la frustración social.

Lo que antes se decía en voz baja hoy se expresa sin pudor, envuelto en consignas “progresistas”, causas nobles y una supuesta superioridad moral. Viejas falsedades, como las teorías conspirativas heredadas de textos antisemitas clásicos, reaparecen aggiornadas para redes sociales y discursos digitales, bajo términos como “lobby”, “poder económico” o “sionismo internacional”.

Este clima ya no se limita a charlas marginales: circula en plataformas, actos políticos y espacios de influencia, amplificado por agitadores que convierten el odio en contenido digerible y atractivo. El riesgo, advierte el texto, no está solo en el grito explícito, sino en la relativización, el chiste, el silencio cómplice y la normalización.

La historia demuestra que el antisemitismo nunca es solo discurso. Es una señal de alerta social que, una vez más, empieza a sonar con fuerza en la Argentina.