Irán: la tiranía conocida y el silencio del mundo

Hay un cinismo difícil de disimular: algunas injusticias movilizan sanciones, marchas, discursos encendidos. Otras se archivan bajo la etiqueta de “complejidad geopolítica”.

Desde 1979, con la Revolución Islámica que llevó al poder al ayatolá Ruhollah Jomeini, Irán vive bajo una teocracia que concentra el poder político y religioso en una figura no electa: el Líder Supremo. Hoy ese cargo lo ocupa Ali Jamenei,  desde 1989.Mas de 40 años del régimen de los Ayatollas no produjeron estabilidad ni libertad, sino todo lo contrario, represión, encarcelamientos y muerte a quienes se oponen a las políticas establecidas por el líder supremo.Lo que ocurre en Irán no es un misterio ni una exageración mediática. Es represión, es violencia estatal que proviene de un régimen que gobierna a su población a través del miedo.El mundo lo sabe. Y no hace nada, y así es como el silencio protege al opresor. 

Las protestas que hoy ocupan la vida de los iraníes no son nuevas, aunque la represión y sofocación de estas se fueron intensificando de manera brutal. Un ejemplo ocurrió en septiembre de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, una joven de 22 años detenida y asesinada por la “policía de la moral”.  Su delito fue no tener bien cubierta su cabeza. 

Las manifestaciones de 2022 exigían derechos básicos, igualdad y libertad. Fueron respondidas con fuerza letal, torturas, ejecuciones, según las propias organizaciones de derechos humanos que solamente informaron, porque hacer, no hicieron nada.

Hoy, los iraníes, principalmente los jóvenes y las mujeres, no solo enfrentan un régimen cruel. Enfrentan también a un mundo que decidió no involucrarse. Esto aunque no dispare balas, también mata.

Desde Israel, este silencio se siente todavía más ensordecedor e hipócrita. Porque Irán amenaza, financia violencia ejecutada por los terroristas de Hamas, Hezbollah, Huties, sus proxys, y que al mismo tiempo recibe del mundo político, diplomático y ciudadanos en general,  un trato que oscila entre la cautela y la indulgencia.

Defender los derechos humanos no puede ser un gesto selectivo. No puede depender de conveniencias estratégicas ni de cálculos diplomáticos. O se defienden siempre o se traicionan y esto último es la verdad siniestra que acontece ahora en Irán, como aconteció desde el 7 de octubre de 2023 en Israel frente al ataque terrorista de Hamas a ciudadanos israelíes y el mundo se puso del lado de los atacantes y asesinos aunque las evidencias fueron y son claras y contundentes.

Desde el inicio de las protestas de los ciudadanos iraníes, en diciembre de 2025, según  HRANA (Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos), entre otras organizaciones y grupos independientes informativos que a pesar del apagón de internet y la censura estatal, son fuentes confiables, estiman que más de 18.000 personas fueron arrestadas en todo Irán durante la represión estatal y la cantidad de muertes por ejecuciones y ataques a los manifestantes en las calles ascenderían a 2.600 personas incluidas mujeres y niños. Medios opositores hablan de 12.000 muertos, pero no son cifras comprobables al día de hoy. Hay un uso creciente de la pena de muerte como herramienta de represión. 

Cuando no hay marchas, ni pañuelos, ni consignas como las de “Free Palestine” y feministas ruidosas que ahora guardan silencio frente a mujeres iraníes que son encarceladas y ejecutadas, frente al pueblo iraní que quiere ser libre y soberano; el mensaje es claro: se alza la voz cuando la causa es cómoda o ideológicamente rentable. Este abandono también es una forma de violencia.

Rut Rabinow
Periodista-Israel