Es necesario consignar que a 11 años es fácil realizar un homenaje a la memoria de Nisman en AMIA y DAIA.
Las instituciones, como tantas veces a través de la historia, titubearon y coquetearon durante años con el gobierno de turno, sin querer comprometerse con un hecho aberrante que debería haber sido una prioridad comunitaria.
Nisman fue la famosa víctima 86 que los asesinos intentaban denostar, acallar y suicidar.
Habíamos conocido los famosos audios del Memorándum, los personajes siniestros y los intereses espurios, mientras la dirigencia miraba para otro lado.

Corroboramos lo publicado por el periodista Pepe Eliashev, y los dirigentes seguían distraídos.
Es necesario recordar que una comisión directiva de la AMIA se quiso bajar de la querella por el Memorándum, y escándalo mediante, llevó a que su presidente, que además había tenido un entredicho violento con Nisman, tuviera que pedir licencia e irse del país (una forma rabínica para no hablar de renuncia).
Luego, un presidente de la DAIA también intentó, vaya uno a saber por qué especulación, interés o presión, bajar a la institución de la querella. Una vez más, fueron las voces independientes de la calle judía las que evitaron que la causa se debilitara o cayera definitivamente.
Es tanto lo vivido que resulta casi imposible resumir. Llevó casi una década y, nuevamente, denuncia pública mediante, que cuando el viento jugaba a favor se fijara una placa recordatoria a la memoria del fiscal en el edificio de la AMIA-DAIA.

Cuando la memoria del fiscal, su madre, hermana, su mujer e hijas eran agraviadas de la peor manera imaginable por un gobierno que pretendía a todas luces imponer un relato e impunidad, los dirigentes de las instituciones centrales, en su enorme mayoría, silbaban bajito, como les indicaba el Rabino Supremo, que enseñaba que nunca hay que pelearse con el poder.
Los atentados terroristas sufridos por Argentina, el magnicidio del fiscal especial a cargo de la investigación de la UFI-AMIA, significó uno de los hechos más conmocionantes que recuerde la historia reciente Argentina. El hombre que mejor custodiado debía estar en el país por una fatwa (condena de muerte) del gobierno iraní y por la más grave denuncia institucional que recordamos en la recuperada democracia, fue abandonado por los servicios de seguridad. Una zona liberada que les permitió actuar sin inconvenientes a sus verdugos.
Los hechos fueron siempre claros. Desde la presentación del Memorándum con Irán ese 27 de enero de 2013, que sólo pretendía la impunidad de los acusados con la ficción de la creación de una impracticable “comisión de la verdad” y supuestos encuentros amistosos en Teherán con los inculpados.
Los frenéticos esfuerzos para lograr una aprobación exprés en las cámaras que impulsó el gobierno de Cristina Kirchner. Hubo que trabajar denodadamente para que se dictara a posteriori su inconstitucionalidad.

Héctor Timerman, el canciller de aquel entonces, solicitó una reunión a puerta cerrada, el lunes 28 de enero, con la dirigencia de DAIA, AMIA y los familiares de las víctimas, sabía exactamente cómo manipular a la dirigencia comunitaria. Al concluir ese encuentro, los presidentes de AMIA y DAIA salieron y brindaron una conferencia de prensa con el canciller, donde señalaron las potenciales bondades del acuerdo con el gobierno terrorista de los Ayatolas.
El abandono a los familiares de Nisman por parte de las instituciones comunitarias, cuando las cosas eran muy feas, es imperdonable.

Así como llevó décadas para que la dirigencia comunitaria hiciera una autocrítica por su accionar en los nefastos años de la dictadura militar en Argentina, esperemos llegue el momento en que lo haga por su accionar en lo que hace a los atentados y el magnicidio del Fiscal Alberto Nisman.
Será Justicia
Miguel Steuermann, Director General.
